San Pedro de Atacama, Chuquicamata y Géiseres de Tatio
"CHILE"

Diario de viaje

Página 3

Chiú-Chiú - Caspana - Aiquina - Termas de Turi - Toconce
Géiseres de Tatio - S. P. de Atacama - Laguna Verde (Bvia.) - Paso de Jama

Las fotos pequeñas se pueden agrandar "clickeando" sobre ellas


29 de Oct. (Sábado)

09:00 Nos levantamos, desayunamos, cargamos todo en la camioneta, nos despedimos y ...
10:00 Salimos a internarnos en la cordillera atravesando polvorientos desiertos.

11:00 Llegamos a Caspana, pequeño poblado con 429 habitantes. (WPT = S 22:20,005 - W 68:12,852)
Es muy bonito y sorprendente. Después de una hora de ver solo sequedad y aridez y polvo que vuela y seca las narices, este vergel con legumbres, verduras y flores de todos colores parece irreal e invita a disfrutarlo. 

Hace mucho calor, pero podemos caminar por una callecita a la sombra de ¡árboles!. Sí, son los primeros árboles que encontramos en este desierto desde que salimos de Chiú Chiú... y el sol estaba “pegando” fuerte.


Divisamos la iglesia de adobe del pueblo
y las pequeñas terrazas de cultivo.

Tomamos un poco de aire fresco a la sombra en una especie de placita pegada al arroyo y...


12:05 Continuamos viaje. La salida de Caspana es por el mismo camino de ingreso, solo que a poco de andar tomamos hacia la derecha, hacia el oeste, por un terreno plano y yermo lleno de filosas rocas sueltas.  Mas adelante la huella  va bajando, internándose en un cañadón al fondo del cual encontramos el río Caspana, un afluente del Salado.
Allá en el fondo, rodeado de paredes de roca, una bifurcación, un cartel y un puente de hierro. El cartel indica, por el puente: a Aiquina, por el borde del río hacia arriba: al “tranque” (dique).

En primera instancia nos dirigimos hacia el tranque, bordeando el río dentro del cañadón por una precaria y sinuosa huella esquivando gigantescas rocas. El río corría por momentos impetuoso por un cauce muy irregular y por momentos formaba tranquilos remansos con playitas de arena. Luego de andar por mas de 20 minutos, como el tiempo pasaba y el tranque no aparecía decidimos retomar (no fue fácil en aquel angosto camino) y dirigirnos a Aiquina. Allí llegamos a las...

13:40  Aiquina. (S 22:16,761 - W 68:19,262) En una planicie de tierra suelta y reseca una bifurcación y un cartel indican el acceso a aquel pueblito.
El camino polvoriento continúa unos cientos de metros y lo primero que vemos fue una cancha de fútbol, desolada y tan polvorienta como todo aquel paisaje. El camino va bajando y se comienzan a ver las primeras casas de Aiquina y algunos árboles en la calle principal. No son verdes, sus hojas tienen el mismo color tierra del entorno. El sol se hace sentir. Recorremos esa calle que continúa bajando por unos cuantos cientos de metros hacia el cauce de un angosto río que da vida a algunas plantas.   Desde una especie de mirador observamos, en las laderas de las montañas, antiguas terrazas de cultivo. Abandonadas la mayoría, nos dan la impresión que en remotos tiempos proveían de alimento a una población mucho mayor que la actual.

Al volver, por la única calle transitable del pueblo nos percatamos que casi todas las casas están deshabitadas y con gruesos candados en sus puertas. Alguien nos explica que la gente se fue a vivir a las grandes ciudades de la costa y, como no tiene a quién vender sus propiedades, las clausuran y solo vienen de vez en cuando para alguna celebración popular. 
14:10 Nos vamos de Aiquina, para llegar, en 20 minutos a ...

14:30 Termas de Turi. (S 22:13,792 - W 68:16,880)  Unos pocos kilómetros al norte de Aiquina, por aquella altiplanicie reseca encontramos un arroyo que nace de un hoyo en la tierra.

Allí una pequeña construcción deshabitada, un vehículo y una pareja de chilenos metidos en el agua de hoyo burbujeante.

 -Esta caliente?  -Pregunto

 -Si, está muy linda.   Me responde el chileno.

Ahí mismo comienzo a sacarme el calzado, arremangarme los pantalones y...
al meterme en el agua... estaba fría!!!

El chileno ya se había ido así que no pude expresarle mi queja.

De cualquier manera llamaba la atención las grandes burbujas que permanentemente ascendían de las profundidades.

14:50 Continuamos camino, esta vez hacia el este, hacia la cordillera.

15:15 Arribamos a otro pueblito, Toconce. (S 22:15,883 W 68:09,942)
Luego de cruzar una profunda hondonada y un pronunciado “repecho” ingresamos a la calle principal.
Hacia arriba y hacia abajo se apreciaban terrazas de cultivo con hortalizas y flores. La calle realiza unos zig zags y, repentinamente se acaba. Llegamos al fin del pueblo y no nos cruzamos con ninguna persona, estaba desierto.

 Toconce, según nuestro mapa era el último pueblo antes de llegar a los Géiseres de Tatio.
 Para ver los géiseres en actividad hay que estar allí a las 6 de la mañana así que debíamos pernoctar en Toconce y salir muy temprano para hacer los 50 Km. hasta Tatio a 4500 metros de altura (donde no hay alojamiento ni construcción alguna).

 Nos decidimos y llamamos a la puerta de una de las pocas casas sin candado en su puerta.  Una señora nos indica que por alojamiento tenemos que hablar con Juan Molina, “que debe andar por ahí”. Le explicamos que no vimos a nadie en todo el pueblo. Nos sugirió que esperemos, que en algún momento tenía que aparecer.

 Buscamos refugio a la sombra del único árbol en las inmediaciones y... a esperar...   Aproveché para trasvasar el combustible de uno de los bidones al tanque y... seguimos esperando.

16:15 Por el medio de la calzada viene caminando un muchacho colla, muy bien vestido.

 -Hola, estamos buscando a Juan Molina para ver si nos consigue alojamiento.

 -Juan Molina soy yo...

Juan Molina resultó un muchacho macanudo, muy instruido y muy bien predispuesto. El también había abandonado el pueblo atraído por la gran ciudad y se había marchado a Calama a estudiar. En un principio se sintió discriminado por su origen colla y sus costumbres pero se adaptó y estudió entre otras cosas computación y turismo. Decidió que debía volver a su pueblo natal y aprovechar lo que había aprendido para darle nuevamente vida a Toconce. Ahora integraba con otros jóvenes del pueblo un grupo dedicado a fomentar el turismo el aquella remota región.  Entre ellos estaba una muchacha que había viajado a Santiago, a la convención del SerNaTur (Servicio Nacional de Turismo) a la que también había concurrido aquella señora de la casa de comidas de Chiú-Chiú.

 Parte del esfuerzo de este grupo consistió en construir una cuidada habitación con camas para viajeros turistas. Excelente, pulcra, limpia y bien cuidada.

 Juan nos acompañó y guió por los alrededores del pueblo a que descubramos la enorme y majestuosa obra de ingeniería hidráulica construida por sus antepasados.   Un larguísimo canal de riego recorre por lo alto la ladera de la montaña trayendo agua represada por los nativos unos cuantos kilómetros río arriba y guardando un gradiente perfecto como para que no se estanque ni se derrame ni adquiera excesiva velocidad. De ese canal principal y con esclusas hechas de piedra distribuían el agua a extensas terrazas de cultivo laboriosamente construidas en las laderas de aquellas altísimas montañas.
 Nos contó de la ceremonia de "la limpiacanales” que se celebra dos veces al año y en la que participa toda la comunidad. Es una ceremonia cuyo principal objetivo es el mantenimiento de toda aquella red de canales y acequias pero que tiene muchas otras aristas pintorescas.

 Toconce fue, con todo aquello, el “granero de la Puna” en la antigüedad. Creo que es un lugar digno de ser visitado. Los muchachos tienen organizadas excursiones a pié a muy interesantes sitios en los alrededores y creo que su fé y su trabajo debe ser recompensado. Lo que ofrecen es naturaleza e historia de sabiduría nativa.


Toconce y alrededores.

 Esa noche nos prepararon una sopas instantáneas y se deshicieron en disculpas porque no había nadie en el pueblo como para comprar otro tipo de comida.  Es que al día siguiente había elecciones en Chile y los poquísimos habitantes de Toconce debían trasladarse por sus medios a Calama para sufragar.  Sólo habían quedado ellos a cuidar las casas y a atender si aparecía un turista.

 Mientras tomábamos la sopa que los chicos nos habían preparado en el comedor comunal, charlábamos de sus proyectos y les contamos de nuestra idea de levantarnos temprano para tomar rumbo a los géiseres de Tatio.
 Juan nos informa que para eso nos convendría regresar a Caspana y hacer la subida desde allí ya que la huella que sale de Toconce pertenecía a una empresa minera que no trabaja mas hace como cuatro años y, sin mantenimiento, el camino es prácticamente inexistente, con grandes extensiones de cuesta “a roca pelada”.   En fin, no cree que podamos llegar con nuestro vehículo.

 Lo que pasaba era que, volver a Caspana nos insumiría mas de dos horas por un camino no muy amigable, eran casi las once de la noche y, la 01:00 de la madrugada no era la mejor hora para buscar alojamiento en aquellos pueblos. Así que decidimos pasar la noche allí, levantarnos temprano y hacer el camino abandonado, hasta donde se pudiera.

 El grupo electrógeno había dejado de generar luz para Toconce a las 23:00 Hs, así que iluminados con nuestras linternas nos fuimos, silbando bajito hacia el alojamiento (U$S 5 por cama).


30 de Oct. (Domingo)

 Dormimos apurados, pero no lo suficiente, el asunto es que desde que nos levantamos hasta que nos higienizamos y cargamos todo en la camioneta se hicieron casi las seis de la mañana.  A esa hora salimos de Toconce, en plena obscuridad.  Sabíamos que una hora era muy poco tiempo para hacer los 45 km. de duro camino que nos habían preanunciado para llegar antes de las siete a los géiseres.

 Imaginé que era duro, pero no tanto.  A paso de hombre la camioneta trepaba los Andes piedra sobre piedra y roca sobre roca, primero una rueda, luego la otra.

 El sol del amanecer iluminaba poco a poco esos profundos valles que habíamos dejado atrás. Una especie de bruma se iba disipando poco a poco. El paisaje era de una belleza sobrecogedora. Unos roedores grandes como vizcachas pero con orejas de liebres nos miraban desde sus atalayas entre curiosos y sorprendidos. Estábamos ya a mas de 4300 metros de altura y una extraña ave camina lentamente delante de nuestro vehículo.  Parece un ganso, por el tamaño y forma, pero dudo que un ganso ande por los Andes a semejante altura.

 El camino no existe, lo vamos adivinando por donde las rocas están mas revueltas.  Ya son casi las ocho de la mañana y no hemos llegado siquiera a mitad de recorrido, solo hemos avanzado 19 kilómetros en dos horas. El sol ya está alto.

 Mas adelante nos cruzamos con una senda que corre de sur a norte y, según el mapa deberíamos tomar hacia la derecha por 24 kilómetros mas para arribar a los géiseres.   Tomamos hacia el sur. El camino de caracoles nos hace subir y bajar cerros y parece que estamos siempre en el mismo lugar.  El reloj sigue avanzando. Lástima. Nos habían dicho que la mejor hora para ver los chorros de agua hirviente expulsada por los géiseres era las siete de la mañana. Ya son mas de las ocho y todavía estamos dando vueltas por esas cumbres.

De repente, a un costado veo una especie de salar/arenal. Pienso que por el podemos acortar camino.  Por allí me meto y vamos marcando nuestras huellas por aquella superficie virgen. Cada tanto un grupo de rocas nos desvía de la trayectoria que supongo ideal.  Luego de unos kilómetros... sorpresa!!!  Encontramos las marcas dejadas por los neumáticos de un vehículo,  me monto sobre ellas pensando que a algún lugar nos conducirán...   A poco de andar el paisaje comienza a parecerme conocido... Si, si, esa gran roca la tuve que esquivar yo también hace un rato... no será que estoy sobre mis mismas huellas??  SI, confirmado acá esta el lugar donde dejé la huella principal pensando acortar camino.   Que pena... perdimos como veinte minutos mas para ir a ninguna parte.

09:07 A esa hora divisamos un valle ancho y desértico, semicubierto de nubes... de vapor, de los numerosos hoyos que había en su superficie expeliendo agua hirviente.  Habíamos llegado a los Géiseres de Tatio. (4294msnm). (S 22:17,918 - W 67:59,660)


Mas allá, vemos unas cuantas camionetas y combis con turistas.
Son los que vienen de San Pedro de Atacama por el camino tradicional.
Ya se están yendo, el espectáculo diario está llegando a su fin.

 Efectivamente. No se por que rara razón de la naturaleza, en el momento que sale el sol, (7 de la mañana), los géiseres comienzan a expeler el agua hirviendo en gruesas columnas que alcanzan los 9 metros de altura, y luego, poco a poco, se van calmando y a eso de las 10 AM ya apenas vemos unos borbotones que no se elevan mas de cincuenta centímetros.

 La superficie es enorme. Aquí y allá se ven como enormes verrugas que arrojan vapor.  Mas allá; los restos de lo que pretendió ser un generador geotermal.  En las laderas de las montañas que rodean esta depresión, también se ven columnas de vapor que se elevan hacia un cielo intensamente azul.

 A eso de las 10 nos quedamos solos.  Los turistas que se habían levantado a las tres de la mañana en San Pedro de Atacama para llegar a ver los géiseres ya están en camino de regreso.  Aprovechamos para disfrutar de ese paisaje dantesco.

11:15 Partimos con rumbo a S.P. de Atacama.
 Los caminos están muy deteriorados por el intenso tránsito de camionetas con turistas. En muchos lados nos salimos de las huellas y avanzamos a “campo traviesa”.  El manto de arena volcánica nos permite avanzar sin castañetear los dientes (producto del marcado serrucho en el camino principal).

Cruzamos el paso de las vizcachas,  la planta azufrera Tocopuri y el Campamento Apagado.   A partir de la azufrera Saciel mejora el camino, comienza la cuesta del Diablo y empezamos a ver la enorme extensión del Salar de Atacama.   La senda mas pareja y la bajada, invitan a apretar el acelerador.  100, 110, 120 km por hora en algunos tramos, nos permiten arribar a San Pedro a las 13:00 horas.

 Para las estadísticas:
 Tramo Toconce - Tatio (45Km)  =  3Hs 10Min  a  14Km/h
 Tramo Tatio - SP de A. (100Km) = 1H  45Min  a  57 Km/h

13:00 San Pedro de Atacama.  A buscar alojamiento y a almorzar. En los estómagos no queda nada de las “sopitas” que tomamos anoche en Toconce.

Pasamos la tarde en el hotel, después de almorzar, limpiar el interior de la camioneta y bañarnos. A la noche cena en la Taberna, caminamos disfrutando del cielo estrellado de San Pedro de Atacama. Y a dormir, que mañana nos espera un tirón hasta Susques, en Argentina cruzando por el paso internacional de JAMA.


01 de Noviembre (Lunes)  Hoy comienza nuestro regreso

08:30 Hs Nos vamos a desayunar al restaurante de la pinturas.

Allí, rodeados de hermosos cuadros tomamos nuestro café con leche, tostadas con mermelada y jugo de naranjas. 

Al regreso al hotel pasamos por la iglesia de Atacama, aquella construída en 1536.
Deseabamos verla de dìa.  La verdad, es espectacular. Pensar que tiene mas de 450 años y las maderas de su piso crujen bajo nuestros pies tal como lo deben haber hecho bajo el caminar de Diego de Almagro o Lope de Aguirre.

11:00 Hs: Por fín!! Salimos del hotel. (nos costaba dejar todo aquello). Deberíamos hacer los trámites migratorios y de aduana en Atacama. Desde allí hasta la frontera con Argentina (mas de 200km) no hay mas puestos fronterizos ni de Carabineros.
La operación nos insume casi una hora.

12:00 Hs: Comienza el ascenso, por aquella ruta empinada y de perfecto asfalto. Al costado leemos cada tanto algún cartel a ras del piso: "No baje del asfalto, tereno minado", "PELIGRO - EXPLOSIVOS".  La verdad, amedrentan al mas "pintado".

La camioneta se esfuerza terriblemente por mantener unos mòdicos 50Km/h en aquella interminable pendiente. La tercera velocidad en alta, cada tanto pide un respiro y "le mandamos una segunda por un rato".

Al cabo de casi una hora, ya trepamos unos 2000 metros y nos encontramos a 4.400 msnm.  Allì vemos un desvío de ripio al norte, un cartel que dice: "BOLIVIA 6KM", No podemos resistir la tentación y hacia allì nos dirigimos.
El camino serpentea bordeando el volcán Juriques por el este y en pocos minutos nos hallamos frente a un cartel que reza:

Ahora la tentación era mayor. No podíamos perdernos aquello.
A pesar que en nuestro tràmite migratorio hecho ante las autoridades Chilenas decía que abandonábamos el país con rumbo a la Aduana Argentina de Susques, debíamos encontrar la manera de entrar a Bolivia a visitar aquellas lagunas.

Parados frente a la barrera, lo meditamos y lo decidimos
Entramos a aquel misérrimo refugio donde dos guardafaunas de Bolivia oficiaban de improvisados guardianes fronterizos.
Lluego de una charla y un oportuno regalo, nos permitieron pasar, a condición de que no nos internáramos mucho y volviéramos a salir por allì mismo. (Para asegurarse de ello nos retuvieron los documentos, cosa que no nos gustó, pero era comprensible).

Ingresamos a Bolivia. (S 22:52,855  W 67:47,914)
El Juriques nos custodiaba, aunque desde estos 4500 metros de altura en que nos encontrábamos, sus 5.600 no nos amedrentaban,  mas bien parecía una suave colina.
A la distancia, al final de esta planicie de grava, la Laguna Verde.
A fuer de ser siceros debemos decir que su color es de un turquesa lechoso.

A medida que nos acercábamos el paisaje se hacia mas bello.
Por fin los divisamos... eran los flamencos rosados... que embellecen aún mas aquellas soledades


Nos deleitan con su valet acuático y aéreo.

No nos damos cuenta y se nos pasa el tiempo observando, filmando y fotografiando a aquellas gráciles criaturas.

 Regresamos a las disparadas y a campo traviesa hasta el improvisado puesto fronterizo boliviano. Agradecemos, recuperamos nuestros documentos y... ya está, estamos nuevamente en Chile, rumbo al asfalto que nos llevará hasta el paso de Jama.
(NOTA: Aunque parezca una iniquidad lo que acabamos de hacer, nos justificamos diciendo: No rompimos nada, no perjudicamos a nadie y nos llevamos sólo una exelente imágen de esta remota zona de Bolivia y sus custodios).

En esta fotografía satelital térmica, podemos observar los dos colosos: El volcán Licancábur (izquierda) y el Juriques (derecha), mas bajo pero mas caliente.
Al norte (arriba) y en territorio boliviano la LAGUNA VERDE.
Ampliandola se ven marcados el puesto fronterizo (S 22:52,855  W 67:47,914) y la costa de la laguna desde donde tomamos las fotos anteriores. (S 22:49,378  W 67:47,028)
Mirando con detenimiento tambien se ve parte del camino.
 

Estamos nuevamente sobre el asfalto. Me sorprendo grandemente al observar en el GPS (geoposicionador satelital) que el camino supera en varias oportunidades los 4.800 metros sobre el nivel de los mares, llegando en una oportunidad a 4.868.-  convirtiendo a esta carretera en la segunda mas alta de América (de tránsito casi-permanente) y despues de la RNA 40 (paso del Acay).

El paisaje tambien sorprende por su belleza. Cuando uno piensa que ya lo vió todo... allí nos espera la naturaleza, agazapada, con una deslumbrante laguna entre montañas o un perfecto cono volcánico para enrostrarnos.

Fueron el salar de Pujsa, el de Quisquisro y otros igualmente hermosos, hasta llegar a la línea de frontera. Es el Paso de Jama. Allí termina el flamante asfalto y comienza una derruida carretera de ripio que nos lleva en 160 Km y mas de dos horas de viaje al bonito pueblo de SUSQUES.

Allí, en Susques, recuperamos fuerzas para, al otro día "encarar" una nueva etapa que nos acercara mas al lejano Buenos Aires.


02 de Noviembre (Martes)

En la etapa del día siguiente nos desviamos unos kilómetros para que Liliana pudiera conocer Barrancas de Abdón Castro Tolay en donde se puede disfrutar de petroglifos grabados por antiguos pueblos que ocuparon la zona de la PUNA (no muestro mas fotos porque están en el enlace/link, de un viaje anterior).

Debimos cruzar luego la extensa capa de sal de sodio de la Salinas Grandes y bajar de la Puna por la Cuesta de Lipán, desde los 4300 metros hasta los 2500 aproximadamente de Purmamarca (hermoso pueblito en la Quebrada de Humahuaca).

Ese día ya tomamos hacia el Sur y pasamos por Jujuy (capital). Por la RN34 y RN9 cruzamos la provincia de Salta y llegamos, casi a medianoche, a Tucumán, a la Hostería/Motel del A.C.A.

Solo nos restó recorrer al día siguiente los últimos 1.250 Kms hasta Baires.

Llegamos, cansados, "muertos", agotados... pero contentos y satisfechos.
Nuestro vehículo estrenado (Lada Niva) hizo sus primeros 9,500 Km sin ningún inconveniente, ni siquiera una pinchadura de neumático.

Me parece que "está para más"...

 


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