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Al Galán desde Antofagasta de la Sierra
Abriendo la huella de subida por el Oeste


Relato


El Volcán Galán (aquel de la gigantesca caldera de 35 Km de diámentro) se encuentra en una zona muy despoblada y hasta hace poco casi inexplorada de la República Argentina.

Hace relativamente pocos años se abrió la carretera (RP43) que une las localidades de Belén con Antofagasta de la Sierra. Antes de 1986 para llegar a Antofagasta de la Sierra la única vía posible era por el norte, desde la Pcia de Salta, luego de un extenso y agotador viaje.

Mucho más cerca en el tiempo se confirma la categoria de cráter a la gran olla que rodea el domo principal del volcán y se abrió para tránsito 4x4 una vieja huella de herradura, que accede al Galán desde el Sur, desde el pueblito de El Peñón.
Poco se tardó en encontrarle salida al cráter hacia el Norte, por el valle del río de los Patos, hacia el Salar del Hombre Muerto.

En el año 2000, un grupo de aventureros autoconvocados en el Foro Path4x4 decidieron hallar un Paso de acceso al gran cráter desde el Este, epopeya narrada en El Paso del Colifa.

En el año 2.005 ya se podía acceder al cráter (no sin dificultad) desde el Sur, desde el Norte y desde el Este.
Faltaba el ansiado Paso desde el Oeste. Aquel que acortara camino desde la cercana, pero a la vez lejana Antofagasta de la Sierra.

Justamente en Agosto de 2.005 nos hallábamos en el Salar del Hombre Muerto (Mina Tincalayu), con espectativas de hacer una serie de relevamientos dentro del Vn Galán.
Un edema pulmonar en uno de los integrantes de la numerosa expedición motivó que debiéramos pasar previamente por el Hospital de AdlS (dejando de lado la entrada Norte al cráter).
Lamentablemente eso nos dejaba muy mal "parados". Al Oeste del cráter y justo en el lado que no tenía acceso.

¿Y si lo buscamos, creamos o inventamos...?

Bueno, allá fuimos...

EDUARDO. 

El presente relato es parte del que narra las peripecias de una travesía de 5 días por la zona "El Pajarraco de la Puna".

Aprende de los errores de los otros
ya que no vivirás lo suficiente para aprender todo de ti mismo.


 

Día 4

Por la mañana Enrique había empeorado. Pasó toda la noche tosiendo y esputando sangre.
Lo revisa nuevamente la enfermera y diagnostica "edema pulmonar". Hay que bajarlo urgente, al menos hasta Antofagasta de la Sierra.

El Colo hace un serio "amague" de dividir la expedición.
Unos llevarían a Enrique a Antofagasta de la Sierra mientras el, con algunos más, haría el itinerario previsto.

La moción tiene sus adeptos y detractores y se discute un buen rato (para pensar y para aprender).

Unos esgrimen el argumento del dinero invertido para hacer esta travesía y la inutilidad de "bajar" todos hasta Antofagasta de la Sierra.

Los otros defienden la postura del compañerismo y la premisa de Athos, Portos y Aramis.

(Quizas este es un punto que deba quedar bien en claro antes de emprender un viaje de esta naturaleza),

Finalmente prima el criterio de "Salimos juntos, volvemos juntos".
La "zanahoria" fue la idea del Tano de, una vez en Antofagasta de la Sierra, intentar subir al Cráter del Galán por una nueva huella que no pasa por El Peñón.

Cruzamos el salar por un nuevo terraplén que nos deposita frente a un portón cerrado con cadena y candado que defienden los propietarios de la minera norteamericana que explota el litio del salar del Hombre Muerto.

Nos tuvieron allí, con la ñata contra el alambrado, esperando por 45 minutos, a pesar que Matute y Wale les explicaron de nuestra urgencia por "bajar" a Enrique que se hallaba afectado de edema pulmonar.

Una vez abierto el portón nos "invitan" a pasar todos por la administración a registrarnos así como los vehículos.

Cumplido ese humillante requisito recién nos dejan salir por otro portón, en medio del salar, vigilado con cámara y con un aparato de intercomunicación.

Por supuesto, el tema de conversación de la siguiente media hora fué la deshonra y despojo que provocan estas grandes empresas mineras a los ciudadanos argentinos y al país mismo, merced a los espúreos contratos que supieron conseguir.

Es inocultable su pista de aterrizaje asfaltada de 4000 metros de longitud, apta para aviones de gran porte y sin controles aduaneros ni migratorios.
Es aberrante ver esos portones eléctricos que cortan caminos históricos y rutas provinciales burlándose del derecho de libre circulación que la Constitución Nacional nos ¿garantiza? a los ciudadanos de este país.

Eran las 13:00 cuando llegamos al hospital de Antofagasta de la Sierra para dejar a Enrique.
Lo medicaron y le prescribieron reposo.
Lo llevamos hasta la Hostería y combinamos que a la noche siguiente pasaríamos a buscarlo para regresar a Baires.

Completamos tanques y bidones de combustible y encaramos a subir al Galán desde el Oeste.

Alguien dijo que en dos horas y media estaríamos dentro del cráter.
Otros pensamos que era una travesía de no menos de ocho horas.

Salimos de AdlS a las 14:00

La huella se interna en los faldeos de la cadena del Tocontis que es a su vez el labio Oeste del cráter del enorme volcán Galán, el cráter volcánico más grande del mundo, ovalado con un diámetro mayor N/S de casi 40Km y 30 en sentido E/O.


Mientras subíamos tenemos esta panorámica:
El volcán Carachi y detrás el Campo de Piedra Pómez

Repentinamente a nuestro costado izquierdo aparece una gran explanada de roca granítica que asemeja un gran bloque de autopista, con una leve inclinación hacia el Oeste.
Nos bajamos a mirar y nos sorprendemos ante una prolífica sucesión de petroglifos grabados en aquel pizarrón gigante.

El día es realmente espectacular. El cielo azul y sin ninguna nube.

Continuamos ascendiendo con leve pendiente.

Pasamos algunas vegas y uno que otro arroyo seco.


El camino desapareció hace rato y continuamos a campo traviesa

Cuando miramos adelante, unos amenazadores paredones se interponen entre nosotros y nuestro supuesto destino, el cráter del Galán, mucho mas al Este.

- Ya han pasado las anunciadas dos horas y media y esto se está encajonando, pienso para mis adentros.

Las tenues huellas de los dos únicos vehículos que nos precedieron en este recorrido apuntan a una falla en aquellos paredones.


Efectivamente se encaminan hacia una angosta quebrada, de piso irregular, marcada pendiente y por donde las chatas comienzan a sentir claustrofobia.
Las paredes se han acercado lo suficiente como para que tengamos que sacar los codos de las ventanillas.

La pendiente, la arena y algunas grandes rocas se empecinan en dificultarnos el avance.
Lentamente la primer camioneta se va abriendo paso mientras los demás esperamos pacientemente en algún recodo de aquel cañón en subida.
No vemos lo que sucede adelante, hasta que al rato alguien da "bandera verde" para que avance la siguiente camioneta.

Mi Lada venía presentando problemas en el burro de arranque, que se negaba a realizar su tarea por lo que tuvo que ser substituido por mi copiloto.
Lo que no podía pedirle a Matute era que empujara la camioneta barranca arriba si se detenía el motor allí.
Ponerla en marcha dejándola caer marcha atrás tampoco era muy recomendable por lo estrecho y serpenteante de aquel paso.
No obstante las tres o cuatro veces que se detuvo el motor en aquellas maniobras entre piedras,arena y cerradas curvas en pendiente, nos las ingeniamos con el "copi" para ponerlo nuevamente en marcha.
Más de una vez Matute ayudó también con un leve empujón para obtenér la energía necesaria para superar alguna pendiente.
Otras veces corría (si, corria a 4.500 msnm, a despejar del camino alguna piedra que atentara contra la integridad de las cubiertas) ¡Qué Copiloto!!

Ocurrió lo peor. En una brusca maniobra subiendo y doblando, el filo de una roca perforó el lateral de una cubierta.
No fue nada facil cambiar la rueda con la camioneta inclinada hacia arriba y de costado e imposibilitada de moverse a un espacio más propicio.
Como obstruíamos el paso. El convoy se detuvo hasta que termináramos con la delicada operación.

Listo, nuevamente en marcha.

La caravana reptaba como una lenta serpiente desplazándose por entre las rocas.

Un kilómetro más adelante y trescientos metros más arriba terminó el suplicio.
Demoramos casi una hora solamente para superar ese obstáculo.

Se abre ahora una planicie con leve pendiente rodeada de redondeadas montañas.
El paisaje parece realmente de otro planeta. Nos embelesamos con la contemplación, al punto que casi nos olvidamos de tomar fotografías.


Una altiplanicie a 4.900 M.S.N.M.

Ibamos lentamente con Matute, cerrando la caravana ahora.

Pasamos por lo que supuse era el punto más alto de este nuevo camino que estábamos abriendo, rozando los 5000 metros sobre el nivel del mar.
4.971msnm, para ser más exactos. Justo la misma altura que me indicó numerosas veces el GPS en el Abra del Acay.

Las sombras se estiran, el sol se está yendo de la escena.
Comienza una pronunciada bajada hacia un arroyo con una vega congelada.
Cuando llegamos abajo vemos que Miguel con el Colo están en una indecorosa posición, con la camioneta inclinada peligrosamente sobre uno de sus laterales.

Iban circulando por sobre la vega y su arroyo congelado y el hielo se rompió.

Miro el reloj y son mas de las siete de la tarde.
Estamos ya en semipenumbra.
Considero oportuno acampar y así se lo hago saber al Colo.

- No, qué acampar, si ya estamos casi "afuera"!!

Afuera de qué, pienso. Yo los veo "adentro" y bien adentro de un hoyo en el hielo.

- Colo, salir de ahí les va a costar un buen rato y se nos viene la noche.
- No, no. Ustedes con Javier sigan avanzando que seguro que por ahí, río abajo está la salida.

Así lo hicimos. Javier iba haciendo punta y, más atras lo seguiamos con Matute.

Es allí cuando me percato que Javier anda sin acompañante, Enrique había quedado en AdlS y el andaba solo.
Ese camino que íbamos abriendo entre el arroyo y el borde de la montaña era un suplicio.
A un túmulo de coirón le seguía una enorme piedra y otra y un pozo y... nosotros a los cabezasos dentro de la camioneta.

Sin que nos dieramos cuenta se hizo de noche.
Habríamos avanzado tan solo 400 metros.
Continuamos así.

- Crucemos el arroyo. Por acá está imposible!
- Si pero está congelado por partes y no se vé nada!

Pasamos a la otra orilla. Tomamos un poco de altura. Las grandes piedras y cúmulos de pasto continuaban, andábamos a paso de hombre con muchas detenciones.
Ya no sabíamos que estábamos haciendo.

Escuchamos por la radio que habían liberado a Miguel y el Colo de su cepo helado y se encontraban en camino.

- Miren que tienen que cruzar el arroyo. Les avisamos por radio.

Le dejamos marcado el cruce con dos bengalas de color que había llevado Javier.
A los cuarenta minutos ya nos habían alcanzado.

Eran las nueve de la noche y la quebrada por la que discurría el arroyo se había estrechado al punto de que no cabía una camioneta sin meter las patas en el mallín, operación "harto peligrosa" diría un chileno.

Desde que desapareciera el sol la temperatura descendía como jabón en tobogán.
Ya había pasado los cero grados hacia abajo, hacía un rato.

Imposibilitados de seguir avanzando decidimos regresar por sobre nuestros pasos.

Esa operación de continuar en la obscuridad por un lugar desconocido buscando y "haciendo" camino no fue, por cierto, una de las cosas más inteligentes que hicimos.

El no armar campamento a la hora que hay que hacerlo, tampoco.

Conclusión, dormimos en las camionetas mal acomodadas (algunas inclinadas y otras sobre el agua), sin comer y bastante incómodos.

Los que tenían suficiente combustible, no era mi caso, durmieron con la chata en marcha y la calefacción encendida.


 


 

Día 5

La madrugada y sus 15 grados bajo cero congelaron la condensación de nuestra respiracion sobre los vidrios de la camioneta.

Ni la menor voluntad de bajar a encender la hornalla para tomar algo caliente.

Los pies entumecidos y las manos heladas.

Serian las 8 y media cuando nos pusimos en movimiento.

Por suerte, a pesar del frío y del burro de arranque herido, la Lada se puso en marcha sin chistar. La rusita recordaba los frios de su Siberia natal y se ponía contenta.

Decidimos desandar el camino hecho la noche anterior, seguros de habernos pasado la salida de esa trampa de ratones.

Trescientos metros atrás descubrimos la quebrada que nos sacaría de allí.
La obscuridad de la noche anterior nos ocultó por completo sus existencia.

Remontamos por un buen rato aquella ladera, pasamos a otro "valle árido" y otra gran trepada (que algunos no pudimos remontar) para volver a las alturas.

Busqué un rato y encontré una grieta con menor pendiente para salir de allí.

Lo llamativo es que al no haber camino, se hace camino al andar.
Uno va eligiendo lo que le parece será el tránsito menos tortuoso para máquina y osamenta, teniendo como "norte" un punto imaginario en el GPS.

- Ya estamos en el cráter del volcán!!!
- NO. Todavía falta. Aún no hemos subido al labio sur.

Andábamos un poco desorientados porque imaginamos que íbamos a salir al interior de cráter, al norte de la Laguna Diamante y, en realidad la laguna no la veíamos por ningún lado.

Pero, era cierto, estábamos al sur del cráter antes del campo de piedras laja.

A las 10 nos montamos sobre la huella que viene desde El Peñón.
Unos cuarenta minutos fueron menester para llegar al labio sur del cráter... y allí se descorre el velo y podemos admirar esa enorme "palangana" de 40 Kms de diámetro con laguna y hasta dos o tres cumbres en su interior.

Quienes lo veían por primera vez, así como quienes lo volvemos a ver luego de anteriores visitas no podemos sustraernos al embeleso de la contemplación que provoca ese espectáculo que armó la naturaleza para los privilegiados que tengan la voluntad de llegarse hasta allí.



La euforia por el logro

Solo unos minutos dedicamos al disfrute.

Lamentablemente era el último día de nuestra estadía por esos lares y aún nos faltaba encontrar y ver los 24 agujeritos, Colifalla y salir hacia el norte pasando nuevamente por las instalaciones alambradas de la mina de Litio FMC Minera del Altiplano, en el salar del Hombre Muerto. Llegar a Antofagasta de la Sierra, recogerlo a Enrrique, repostar combustible y de alli bajar hasta Belén, sería el postre de tan trajinado día.

A los minutos las expresiones de asombro..

- Esto es de locos... andamos a más de 100 Km/h por dentro del cráter de un volcán y a 4.700 metros de altura!!!

Aparecen los primeros obstáculos.
Los arroyos que traen el deshielo de las dos cumbres del Galán de 5.912 metros de altura, están congelados.
Miden mas de 40 metros de ancho y dudamos que el hielo superficial resista el peso de las camionetas. Todos recordamos la experiencia del día anterior de Miguel a quien se le rompió el hielo bajo las ruedas y hubo que trabajar por casi una hora para sacarlo.

Me decido y meto la Lada en primer término, es el vehículo mas liviano de la expedición.

Pasamos sin problemas. El hielo apenas crugió a nuestro paso.
Detrás se animaron las Toyotas y el resto.

Sugiero, ya que estamos cerca, hacer una segunda visita a la confluencia más alta del mundo a la que se llegó en vehículo motor, es la S26W67 en la ladera del domo central del Galán.

Como una tropilla de desbocados caballos salen todos disparados en búsqueda del punto imaginario donde se cruzan el paralelos de 26 grados sur con el meridiano de 67 grados oeste.



A 4.828 metros de altura rodeando la apacheta que marca la confluencia

Allí está la apacheta que erigimos hace más de dos años cuando pasamos con Gregorio, Piri y el Polaco camino al Paso del Colifa.

Fotos de rigor y... a buscar la vega de Aguas Calientes.

Cada cual haciendo su propio camino por aquella superficie plana surcada por cursos de agua secos o congelados, nos dirigimos al sector noroeste del cráter. Allí unas termas formaron una vega que los primitivos habitantes denominaron sabia y obviamente "aguas calientes".

Con Javier, Gusz y Alfredo nos zambullimos en una hondonada en la que divisamos la vega.


Alfredo haciendo punta se "clava" en el mallín y allí queda bufando la Cherokee.

Gusz le tira una linga y colabora a moverlo un poco, pero no se puede librar completamente de esos traicioneros pastos húmedos.

Finalmente y a fuerza de motor zafa de la varadura.

Tenemos que salir de allí.

Ahi "descubrimos" que la salida es una enorme pendiente con arena floja.

Las chatas con motores más poderosos transpiran un poco la camiseta pero logran salir. Nos dejan de regalo un sector con arena suelta y muy removida.

Quienes lidiábamos con menos potencia y con 37 libras en los neumáticos, que nos negabamos a dejar escapar, debemos recibir ayuda del malacate de Miguel.

Algunos aprovechan ese momento para comer algo, veníamos sin cena y casi sin desayuno.

Continuamos recorriendo ahora la porción norte del cráter.

Se suceden arenales y lechos de rios secos dentro de una extensa planicie de arena gruesa.

Suspendemos la visita a "la Perla del Galán" y a Colifalla.

A la altura de los dos torreones giramos hacia el norte en busca de los 24 agujeritos.

Nos vamos acercando a aquellos puntos grabados en los GPSs.

Preocupados por hallar las hoquedades, no nos damos cuenta que ya estamos dentro de una de ellas.
La verdad, nos desilusionamos un poco.
Imaginábamos otra cosa.

Estamos dentro de un cuenco formado en el suelo de unos 100 a 150 metros de diámetro y unos 6 a 8 de profundidad.

Si uno no presta atención, ni se percata que es una irregularidad "muy regular" del terreno.

Lo llamativo es que estas irregularidades "regulares" se repiten una al lado de otra, formando tres filas practicamente paralelas.

La otra cosa que nos llamó la atención fue que, en el centro y fondo de cada una de ellas y en círculos de unos 30 metros de diámetro, las piedras superficiales eran negras, contrastando con las de color te con leche de todo ese ambiente.

Tenian la misma forma y textura pero eran renegridas, como calcinadas por alguna gran fuente de calor.

No era suelo volcánico, si bien estábamos en la ladera norte del volcán Diamante, que luce como una gran torta de lava antiquísima y desgastada en las imágenes satelitales.

Alfredo con la Cherokee y Gusz con la Ford Ranger comienzan a trepar la ladera del Diamante para lograr un mejor punto de vista para las fotografías.

Los vemos como diminutos puntos que casi se pierden en el paisaje mientras nos dedicamos a recorrer, uno por uno, todos aquellos misteriosos pozos.

La hora seguía avanzando así que, sin develar el misterio y con más preguntas que la que llevábamos, nos fuimos de aquel lugar rumbo norte, rumbo al Salar del Hombre Muerto.

Teníamos intención de pasar a curiosear el vado del Río de Los Patos, aquel que conduce a la huella que bordea al Salar del Hombre Muerto por el Este.

Realmente, es amedrentador. Profundo, de orillas escarpadas y con bastante hielo.

Por suerte no teníamos que pasar por allí.

Continuamos raudamente ahora, nos quedaba muchísimo camino por delante.

El paisaje sigue pareciendo de otros mundos.

Comenzamos a divisar el Salar. Poco más adelante les muestro la tumba del Hombre Muerto que le dió nombre al Salar.

Llegamos al portón eléctrico que corta aquel camino. Como buenos y dóciles muchachos súbditos de la bandera con barras y estrellas, pedimos permiso para poder pasar. A los quince minutos nos abren el portón.

La ruta pasa por el costado de la gigantesca pista de aterrizaje de la empresa.

Pasamos por las oficinas a registrarnos y salimos por el portón que mira hacia la escuelita.

Ya sobre la RP43 se le imprime un ritmo veloz a la marcha.

El Colo, a quien no le gusta perder ni el colectivo, le dá una indicación equivocada a Alfredo y Gusi que iban primeros, con la intención de hacerles perder valiosos minutos.

Con ello, aparentemente Miguel con el Colo de copiloto toman la punta.

Los ultimos rayos de sol iluminan nuestro acercamiento a Antofagasta de la Sierra.

Me llamó la atención que debia "bombear" el pedal de freno para lograr que este "levante" cada vez que llegábamos a una de las cientos de curvas de aquel camino.

Al arribar a Antofagasta de la Sierra, "en el aire", Miguel y el Colo se encuentran con la sorpresa de ver a Alfredo y Gusi tomándose una cerveza en la calle principal del pueblo. De nada sirvió el engaño, llegaron primero y se lo hacen notar bautizándolos con cerveza.

Así vamos llegando todos a AdlS.
Repostamos combustible y recogemos a Enrique que ya se encontraba muy recuperado de su "principio de edema".
Eran ya casi las 8 de la noche y nos esperaban al menos 5 horas de camino de cornisa para bajar hasta Belén.

     
EDUARDO CINICOLA      
Agosto de 2.005            


 


Todos los tracks y WPTs relevados en esta expedición los encontrará en ViajerosMapas.

  Las Fotos  
Los Mapas  

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