Explorando San Juan

Los Hongos Blancos
 

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FOTO: Eduardo CINICOLA



Acabábamos una expedición por el Paso de los Patos Norte, en la provincia de San Juan.

Nuestros compañeros de aventuras estaban camino de regreso a sus hogares y, a nosotros, con Pièrre Lous, nos quedaba un día para seguir explorando por la zona.

¿Qué hacer... ?

Recordé un dato que me había dado Federico Kirbus acerca de una extraña formación pétrea cuyo descubrimiento adjudicó a los "Coroneles de San Juan", grupo de expedicionarios amateurs de esa provincia.

La información no era mucha; estaban al norte de Villa Nueva y al norte también de la Cordillera de Timbirimbas, rumbo a Tocota.

Habíamos visto unas fotos de unos amigos de la Peña5x5, que habían estado hacía un tiempo por allí. Pensamos que, "experimentados expedicionarios", teníamos suficientes datos para hallar rápidamente esas raras rocas blancas con formas de gigantescos hongos.

Realmente nuestro amor propio se vió prontamente sacudido por la realidad.

Los hongos no aparecían por ninguna parte...


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FOTO: Eduardo CINICOLA
Íbamos con rumbo noroeste por una amplia planicie en leve pendiente ascendente.
Cruzamos unas antiguas y abandonadas líneas geodésicas ¿?.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Líneas que se perdían en las lejanas estribaciones.
¿Qué sentido o utilidad tendrán o habrán tenido?


FOTO: Pièrre Lous
Así anduvimos un buen rato en esa dirección hasta que, casi perdida la huella
un enigmático y amenazador cartel, nos hizo repensar varias veces la conveniencia de continuar.
Estábamos solos y con una sola rueda de auxilio (la segunda, que siempre llevamos, se había inutilizado por un corte el día anterior).
¿Será cierto lo de los "miguelitos"? (clavos de varias puntas destinados a perforar neumáticos).


FOTO: Pièrre Lous
Cruzando los dedos y sin sacar los ojos de la huella, rastreando los malévolos "miguelitos", continuamos. (En busca del propietario para pedirle permiso...).
A la media hora de andar descubrimos el por qué de las prohibiciones y amenazas a la integridad de las cubiertas...
Había un antiquísimo yacimiento minero...


FOTO: Pièrre Lous
Curioseamos un rato los interiores sin tiempo para mayor investigación,
nuesto objetivo de ese día eran los hongos blancos y ya había pasado la media tarde.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Había varias construcciones abandonadas vaya uno a saber, cuanto tiempo atrás.


FOTO: Pièrre Lous
Seguimos adelante por un buen rato hasta que la huella... desapareció.
Comenzamos a subir las, relativamente suaves, laderas de los cerros.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Seguíamos subiendo, pero de "Los Hongos Blancos", ni noticias.
Buscábamos un afloramiento de rocas claras donde pudieran haberse formado esas extrañas "esculturas".


FOTO: Eduardo CINICOLA
De hongos, nada, pero al aumentar un poco el teleobjetivo...
¿Qué vemos por allá?.


FOTO: Eduardo CINICOLA
¿Cómo dónde? Allá...
Con mas zoom, divisamos una lejana huella abandonada y algo que semejaba un obelisco...
¿Un obelisco en estos remotos lugares... ?


FOTO: Eduardo CINICOLA
No. No es un obelisco.
Es una altísima chimenea de una ¿fundición? minera.
¿Qué fundirían?


FOTO: Eduardo CINICOLA
Lo que podemos observar, es que eso ha quedado a merced de los elementos naturales, hace ya bastante tiempo.
Vean detrás y a la izquierda de la chimenea las bocas de los túneles que penetran la montaña.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Allá está, a lo lejos y en perspectiva, al pie del cerro...
Mejor no se los digo, deberán buscar ustedes, como buscamos nosotros...



Así fue que continuamos buscando por esos cerros y por otros, trepando hasta más allá de los 3.500 metros de altura, mientras el sol nos abandonaba.

Finalmente nos dimos por vencidos.

Con nuestro orgullo expedicionario herido, emprendimos la retirada, ya era casi de noche y debíamos llegar a dormir a Iglesia o Rodeo.

Pero, nuestra curiosidad permanente, nos jugó una "buena" pasada.
Ya olvidados los hongos blancos, mientras salíamos buscábamos una huella o traza que nos permitiera cortar camino para recuperar algo del tiempo perdido en vana búsqueda.

Allí en la semipenumbra, la encontramos. Era una huellita que nos guiaba, a través del arenal, justo en dirección de la ruta ripiada a Iglesia, ahorraríamos casi media hora o quizás más.

- ¿Ahorraríamos... ?
- No sé, porque la huella está girando al norte y ya no nos acerca más a la ruta, estamos casi paralelos a ella.

Repentinamente la huella desaparece en el encajonado lecho de un arroyo seco que apenas divisamos en la penumbra.

- ¿Qué hacemos? ¿Volvemos?

- Y, ya perdidos por perdidos, sigamos un poco más a ver de donde viene este arroyo. Apunta a las construcciones con la chimenea...

En un momento se hizo tan angosto que tuvimos que decidir salir de el por una de sus bardas laterales de más de 2 metros de altura.
Por suerte, estaba un poco desmoronada y, con la chata inclinada peligrosamente hacia atrás y hacia la izquierda, salimos.

El terreno se iba aclarando.
A pesar que el sol se había puesto hacia un buen rato detrás de las montañas, el resplandor del cielo nos permitía ver que las rocas del entorno tomaban una coloración blanquecina.

- ¿Blanquecina?

- Ché, ¿no iremos a encontrar los hongos por acá no?

Si. Efectivamente, a los pocos minutos adivinamos, en la semipenumbra, las formaciones que habíamos visto en las fotos que nos mostrara Kirbus.

¡ Que suerte !
Pero... ¡Que macana!, con esta luz no podemos ver casi nada y menos sacar fotos !!

- ¿Y si armanos campamento acá?

Pièrre, me miró con cara de incredulidad primero y de inmensa alegría después...
Claro, ninguno de los dos tenía obligación imperiosa de estar el lunes en Buenos Aires, así que éramos libres de quedarnos allí a esperar que volviese el sol a iluminar el escenario !!
 


FOTO: Eduardo CINICOLA
En la penumbra, adivinamos las formas de los misteriosos hongos.
Urgente, a armar campamento, cocinar algo y a descansar.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Pièrre armó su carpita, mientras que yo dormí en la camioneta.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Desarmarla no le resultó sencillo. Unas ráfagas de viento se empecinaban en complicarle las cosas.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Allí no más, al costado nuestro estaban los buscados "Hongos Blancos".


FOTO: Eduardo CINICOLA
Extraña formación tallada por el agua y el viento.
Lamentamos mucho que se nos había acabado el aerosol y no pudimos dejar nuestras improntas allí marcadas
Ojo, es una broma, espero que a nadie que vaya por allá, se le ocurra profanar esa belleza con inscripciones.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Material de acarreo y arena de un antiquisimo río se comprimieron formando una lábil roca secundaria,
cubierta por otra mas densa y resistente, sufrió luego la erosión eólica que formó esos caprichosos laberintos,
que rodean esas panzonas columnas "con sombrero" y aspecto de gigantescos hongos.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Nos escabullimos por los pasadizos.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Y encontramos más hongos...


FOTO: Eduardo CINICOLA
Y más hongos...


FOTO: Eduardo CINICOLA
Nos vamos para arriba.
Allí comenzamos a notar unos llamativas hoquedades en la roca,
Nos recordaban unos "nidos" de cotorras que viéramos en Sta Teresita (La Rioja).
Pero por acá no se veían pájaros de ningún tipo.


FOTO: Eduardo CINICOLA


FOTO: Eduardo CINICOLA
Mirando hacia abajo, algo nos hace pensar que el agua que por allá escurió,
también tuvo algo que ver en el "torneado" de esos bolos gigantes.


FOTO: Pièrre Lous
Seguimos ascendiendo por las grietas.


FOTO: Pièrre Lous
Un bello laberinto.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Queriendo captar y meter TODO el paisaje por el ojo de la cámara.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Pièrre en la cima.


FOTO: Pièrre Lous
Ambos en la parte más alta disfrutando de ese anfiteatro blanco.


FOTO: Eduardo CINICOLA
La proyección de nuestra sombra nos muestra nuestra pequeñez.
A lo lejos, la camioneta.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Otras formas caprichosas, moldeadas en esas rocas.


FOTO: Eduardo CINICOLA


FOTO: Eduardo CINICOLA


FOTO: Eduardo CINICOLA
El descenso y, la prueba del delito...
En uno de los hoyos un pájaro dejó sus marcas...
Pero es solo uno, el resto de los hoyos está perfectamente limpio.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Nos vamos, Pièrre Lous se despide de los hongos con unas últimas fotos.

           
EDUARDO CINICOLA
Diciembre de 2009            

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