Las Papas - Piedra Pómez - AdlS
Catamarca - Abril de 2.012

FOTO: Eduardo CINICOLA

MUSICA de FONDO                     [volumen]........


A Antofagasta de la Sierra por el camino de Las Papas

Desde hacía muchos, muchos años, estudiábamos con Néstor Queralt y Federico Kirbus la manera de unir Fiambalá con Antofagasta de la Sierra, por sobre la cordillera de San Buenaventura, cuando ambas localidades se hallaban totalmente aisladas una de otra. Solo era posible unirlas con un largo recorrido saliendo hacia el sur del Bolsón de Fiambalá hacia Tinogasta, de allí a Alpasinche, Londres, Belén, El Eje, Puerta del Corral Quemado, Villa Vil y el Peñon, recorriendo más de 460Km cuando la distancia que las separa no es más de 180 en línea recta.

Veíamos en las viejas cartas topográficas del IGM dibujada una antigua huella de herradura que pasaba por el paraje Las Papas, remontando el río del mismo nombre, tributario del Abaucán/Fiambalá. Era la misma huella que ancestralmente tomaban las caravanas de camélidos cargadas con mercancías que usaban los nativos en su intercambio regional desde mucho antes que Colón llegase a América.

Pero veíamos también que por esa intrincada huella era casi imposible meter una moto e impensable para un vehículo de cuatro ruedas, y allí quedaba absolutamente postergada para nosotros la posibilidad de lograr el cruce y ascender a la Puna por su extremo más austral.

Así siguieron las cosas hasta que en 2.005 Néstor y sus muchachos motoqueros, logran el primer cruce por una precaria huella abierta por la intendencia de Fiambalá por Mesada de los Zárate. Fue una enorme alegría y poco tiempo después muchos nos dimos el gusto de realizar esa apasionante travesía.

Pero el camino por Las Papas había quedado latente y quemante en nuestras mentes.

Los escasos pobladores de ese pequeño caserío hacían la travesía en mulas bajando y subiendo por el cauce del río hacia Palo Blanco y de allí a Fiambalá.

Cansados de su aislamiento deciden hacer algo y, literalmente, con sus propias manos construyen trabajosamente una huella que les permitiría el tránsito de un vehículo 4x4 que los conecte con el mundo. Eso fue hace muy poco, en el invierno del año 2.007, y es una tarea de nunca acabar ya que cada verano las lluvias estivales provocan crecidas del río que destruyen gran parte del camino que luego, pacientemente, los no más de 15 hombres que viven en Las Papas deben reconstruir palmo a palmo para no volver al aislamiento.

No satisfechos con ello y con el afán de convertir a Las Papas en un posible destino turístico que les lleve trabajo digno y recursos para su subsistencia, encaran la ciclópea tarea de continuar la huella, montaña arriba por muchos kilómetros, a cruzar la cordillera de San Buenaventura con rumbo a Antofagasta de la Sierra con la intención que el tráfico turístico entre esa ciudad y Fiambalá/Tinogasta pase por su pueblo.

Fueron miles de metros cúbicos de roca los que movieron estos hombres con la sola energía de la sangre que corría por sus venas, para lograr su objetivo. Y vaya si lo lograron, construyendo una serpenteante huella que asciende por estribaciones tapizadas de verde mostrando paisajes maravillosos que invitan a detenerse a cada instante a capturarlos con las cámaras y saborearlos con todos los sentidos.

No había tenido el gusto de conocer ese camino hasta esta expedición, en la que necesitábamos unir Palo Blanco con Antofagasta de la Sierra y, el camino por Mesada de los Zárate permanecía intransitable por derrumbes desde las últimas tormentas del verano de 2.012.-

Es entonces de allí que les mostraremos fotos.

Lamentablemente el poco tiempo y el apuro que llevábamos no nos permitió quedarnos una noche en Las Papas, como hubiera sido deseable, pero si quieren leer algo de esa magnífica gente de un poblado tan pequeño, pueden ver la visita que hicieron nuestros amigos Numatay y Pani con sus esposas. Quienes fueron los primeros turistas que inauguraron el camino recién construido en 2.007 y se hospedaron en el pueblo estableciendo un hermoso vínculo con los pobladores.

Quienes fuimos en este viaje


 



Mapa de la zona tomado de ViajerosMapas.com


FOTO: Eduardo CINICOLA
Todo comenzó en la prolija plaza de Palo Blanco.


FOTO: Sergio ZEREGA
Las chicas del secundario le piden al "más guapo" una foto con ellas.


FOTO: Pablo ANASTASIO
Mientras Pexa no puede cortar el cordón unbilical con la gran ciudad... ;o)


FOTO: Eduardo CINICOLA
Ingresamos a la huella que nos llevará al paraje Las Papas.


FOTO: Diego TOGNETTI
Y comenzamos los innumerables cruces del río.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Que se sucedían uno a otro...


FOTO: Pablo PEZZANO
Es que los constructores de aquel camino debieron buscar la forma de mover menos material,
ya que solo contaban con sus manos para la tarea.


FOTO: Jorge JAIME
La "costurerita" de Panastas, mojándose las patas.


FOTO: Diego TOGNETTI
El Yipito de Pexa haciendo de las suyas.


FOTO: Jorge JAIME
El "caracol" de Alfredo en otro cruce...


FOTO: Sergio ZEREGA
Jorge Alonso y Jorge Jaime, cruzan otra rama de aquel río en la Hilux.


FOTO: Diego TOGNETTI
Algunos vadeos son un poco más largos.


FOTO: Jorge ALONSO
Otros más profundos...


FOTO: Jorge ALONSO
Pero ninguno que no se pueda hacer en un viaje en familia,
en lo posible yendo dos camionetas.


FOTO: Jorge ALONSO
Así llegamos a un "piquete"...


FOTO: Jorge ALONSO
Los "obreros viales" (todos pobladores de Las Papas), están impidiendo el paso...


FOTO: Jorge ALONSO
...a una cuadrilla de mineros, que van a la zona en tareas de prospección, en búsca de uranio.
Otro pueblo que rechaza la minería contaminante y destructiva del medio ambiente.


FOTO: Sergio ZEREGA
Hablamos con el cacique de la comunidad o delegado municipal,
le explicamos que nosotros éramos turistas de buena fé.
Para acabar de convencerlo mencionamos a Numatay (Gustavo), quien supo hacerse amigo de ellos >>


FOTO: Eduardo CINICOLA
Más adelante nos acercamos a unas extrañas formaciones...


FOTO: Eduardo CINICOLA
Rocas de arenisca talladas por el agua.


FOTO: Pablo ANASTASIO
Las cortaderas decoran el paisaje.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Como el río se encajona, construyeron una laboriosa cuesta en la arenisca


FOTO: Jorge JAIME
Todavía se ven en las paredes las marcas de las barretas y los picos con los que fueron extrayendo el material.


FOTO: Sergio ZEREGA
También el agua hizo su trabajo.


FOTO: Sergio ZEREGA
La huella vuelve a bajar a nivel del río.
Allá va Jorge recorriendo meandros.


FOTO: Pablo ANASTASIO
Nos cruzamos con unos parientes, pero nos dieron poca bola.


FOTO: Diego TOGNETTI
Fue el agua quien se encargó de tallar esos "penitentes" de arenisca.


FOTO: Jorge ALONSO
Allá nos metemos por ese desfiladero a curiosear.


FOTO: Eduardo CINICOLA
La arenisca (seguramente ceniza volcánica) compactada por los siglos ha formado una especie de toba volcánica
similar a la piedra pómez


FOTO: Eduardo CINICOLA
Es notable la vegetación que ha crecido allí, producto de las copiosas lluvias estivales
que han estado cayendo en los últimos años


FOTO: Jorge ALONSO
Pasamos por el desfiladero mas peligroso de aquel camino
seguramente intransitable en verano cuando aquellas lluvias hacen subir el nivel de las aguas.


FOTO: Jorge JAIME
Aún un día como aquel (bastante fresco), daban ganas de meter los pies en el agua cristalina.


FOTO: Jorge ALONSO
La huella es precaria pero permite excursiones familiares en 4x4.


FOTO: Jorge ALONSO
Otra vez nos volvemos a encajonar entre paredones de roca con fresca agua transparente "mojándonos los pies".


FOTO: Diego TOGNETTI
Mas cortaderas iluminadas por el sol.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Cuando los primeros llegamos a la comunidad de Las Papas, estaba desierta, solo un perro salió a recibirnos.
Claro, los hombres estaban todos en el piquete y reparando la huella,
Los chicos, en la escuela.

Apremiados por la hora y lamentándolo en el alma, continuamos camino.
Queríamos llegar al Campo de piedra Pómez antes del anochecer, para que quienes no lo conocían no se perdiesen ese ícono de la Puna.


FOTO: Eduardo CINICOLA
El angosto y prolijo camino, hecho a mano,
continúa en una empinada cuesta que nos irá elevando hacia la Puna.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Mientras vamos subiendo vemos como "la retaguardia" va llegando a la pequeña comunidad.


FOTO: Diego TOGNETTI
Cuando finalmente arriban a Las Papas... y al desvío a Antofagasta de la Sierra...


FOTO: Diego TOGNETTI
Los chicos ya salieron de la escuela.
Miran curiosos y esperan a los visitantes.


FOTO: Pablo ANASTASIO
Dos muchachitos posan, contentos de salir en la foto.


FOTO: Pablo ANASTASIO
Y los demás se acercan atraídos por caras nuevas.


FOTO: Sergio ZEREGA
Cuando bajo El Pampa, parecía que había llegado un prócer...
Todos los chicos querían salir en esa foto !!


FOTO: Sergio ZEREGA
El camino continúa cruzando por última vez el Río de Las Papas, enmarcado con montañas y cortaderas.


FOTO: Jorge ALONSO
Seguimos tomando altura y la pequeña comunidad se achica aún más en los visores de las cámaras.
Hay allí unas habitaciones aptas para dar alojamiento al turista que se aventure por esos lares, y también recibirá comida.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Atrás del poblado vemos un prolijo zig-zag que conduce a una explanada donde veneran a la virgen.
La construcción rosada es la escuelita.
Por allí cerca está tambien el caminito que conduce a las termas de Las Papas.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Seguimos trepando, estamos ascendiendo a la Cordillera de San Buenaventura, aquella que, como un talud, oficia de límite austral de la Puna.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Muchísimo es lo que ha trabajado aquella gente construyendo ese camino
en el afán de unir su comunidad con Antofagasta de la Sierra.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Y nos regalan estos hermosos paisajes.


FOTO: Sergio ZEREGA
El camino/huella continúa subiendo hasta pasar al pié de unos farallones de roca.


FOTO: Jorge JAIME
Enormes..., intimidantes.


FOTO: Pablo PEZZANO
Es realmente soberbio el paisaje que disfrutamos allá arriba.


FOTO: Pablo PEZZANO
Muy abajo ha quedado Las Papas y el río.


FOTO: Eduardo CINICOLA
La huella continúa, tallada en aquella ladera cubierta de vegetación.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Más centinelas de piedra nos custodian, como moais de la Isla de Pascua.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Los precipicios son profundos, pero no atemorizan.


FOTO: Eduardo CINICOLA
En "yunta" con Jorge Alonso y Jorge Jaime, vamos abriendo camino y sorprendiéndonos a cada vuelta de rueda.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Nos detenemos a cada rato a tomar fotos y más fotos.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Hasta que finalmente podemos divisar a "la avanzada de la retaguardia" que se acerca.
Es el "tomatito" de Pexa, feliz, debutando en su primer viaje de aventuras.


FOTO: Pablo ANASTASIO
Pasamos por un Abra (divisoria de aguas de ingreso a la Puna) y agregamos una piedra más
de ofrenda a la Pacha Mama, que nos permite vagar por allí sin inconvenientes.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Hasta que finalmente ingresamos a una pampa...


FOTO: Diego TOGNETTI
Una extraña pampa de altura, cubierta de coirones verdes.


FOTO: Pablo PEZZANO
Allí nada es normal, todo parece mágico.


FOTO: Jorge ALONSO
La pampa se va desertificando...


FOTO: Eduardo CINICOLA
Hasta convertirse en un verdadero desierto de cenizas.


FOTO: Pablo PEZZANO
Un hermoso desierto de cenizas.


FOTO: Sergio ZEREGA
El camino continúa desdibujado aunque surcado por numerosas huellas de quienes nos precedieron.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Circulamos por el borde del gran arenal (¿o se dirá cenizal?).


FOTO: Eduardo CINICOLA
Allá abajo una gran hondonada de más ceniza expelida por las decenas de volcanes de la zona.


FOTO: Eduardo CINICOLA
En mi anterior vida debo haber sido touareg, porque me gustan muchísimo estos ambientes áridos, desérticos.


FOTO: Eduardo CINICOLA
A lo lejos, en el medio de esa gran pampa, el volcán Carachi, con su inconfundible silueta de "capelina de viuda".
Detrás, nevado, el borde del Vn Galán.
A la izquierda se adivinan las renegridas siluetas de "Los Negros".


FOTO: Sergio ZEREGA
En un alocado "galope de gusano" nos dirigimos hacia el Carachi.
Queremos llegar al Campo de Piedra Pómez antes que se vaya el sol.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Justo, con los últimos rayos, las primeras afloraciones de esa llamativa piedra blanca.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Piedra formada por la compactación de ceniza de origen volcánico.
Cuyo "lomo" se oxida expuesto al sol, aire y agua.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Al fin la ansiada foto,
justo 30 segundos antes que desaparezca el sol.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Paisaje de libro de cuentos.


FOTO: Pablo PEZZANO
El sol se despide iluminando con sus últimos rayos la cumbre nevada de la Sierra de la Laguna Blanca..



    Luego de las fotografías en el campo de Piedra Pómez y, cuando logramos reunirnos con Panastas, Pexa procedió a reaprovisionar el famélico tanque del Yipito con uno de los bidones que viajaban en la caja de "La costurerita".

    Partimos ya en la semipenumbra en busca de la ¿asfaltada? RP43 que nos llevaría a Antofagasta de la Sierra.

    La traza del "camino" se multiplicaba en decenas de huellas que cada quien de los que nos antecedieron eligió para tratar de hacer menos traumático su tránsito por aquellos desparejos arenales.

    Una hora nos insumió llegar a la RP43 más 20 minutos que tuvimos que esperar a Pexa que venía retrasado. Ya eran cerca de las 20:30 y nos faltaba aproximadamente una hora más para llegar a Antofagasta de la Sierra donde debíamos conseguir alojamiento, comida y combustible imprescindible para continuar al día siguiente.

    En ese momento tuvimos dos sorpresas...

    Una, que el flamante asfalto de año anterior, que había sido hecho (y facturado) por segunda vez, ya no existía.
    La ruta volvió a ser de ripio !!
    Vergonzoso. Meses y meses estuvieron moviendo suelos y "asfaltando" esa ruta que duró solo dos meses la primera vez hasta pocearse de una forma intolerable y menos de un año ahora hasta "desaparecer".

    La segunda sorpresa nos las dá Pexa.
    Acaba de darse cuenta que extravió la tapa del tanque de nafta del Jeep.
    Y ahora recuerda que luego de repostar, en el Campo de piedra Pómez, olvidó colocarla en su lugar. La dejó apoyada sobre el farolito trasero del "tomatito".

    - Bueno Pexa, es de noche, tendríamos que volver una hora y media hasta donde estuvimos parados y otra hora y media de regreso. Eso demandaría no menos de tres horas, con lo que estaríamos llegando a AdlS pasada la medianoche, imposible para todo lo que tenemos que hacer. En Buenos Aires comprá una tapa nueva, no ha de costar mucho dinero.

    - No, no, no y no. Yo me vuelvo a buscar MI tapita de tanque de nafta !!

    Todos le decíamos lo mismo, pero no hubo manera de convencerlo.

    Allá volvió Pexa, con Diego de copi, solos a satisfacer su capricho.
    A decir verdad quedamos preocupados. Una encajada nocturna en la arena, podía regalarles un mal momento y un gran desencuentro, pero son muchachos grandes como para hacerse responsables de sus decisiones.

    - o - 0 - o -

    Justo a las 21:30 arribamos a AdlS.
    En la Hostería Municipal no había alojamiento.
    En la estación de servicio no había combustible. Mejor dicho, había, pero no funcionaban los surtidores por problemas con el voltaje de la energía eléctrica.

    Por suerte recordé que un muchacho de AdlS me había escrito para comentarme de su ascención al Volcán Peinado (la quinta ascensión, en tiempos modernos, registrada luego de la 1ra de Matias Rebitsch y Sergio Domicelj , la 2da de Marcelo Scanu, Constanza Cerruti y Néstor Pérez, la 3ra de Darío Bracalí (QEPD) y Paula Semerdjian y la 4ta de Hans Siebenhaar y Jaime Suarez.
    David Busto (que así se llamaba el escalador) me comentó también que regenteaba un nuevo hotel construído en AdlS, en la cima del montículo donde se halla el peñón en la entrada al pueblo.
    Allá fuimos cruzando los dedos en la esperanza que estuviese operativo y con plazas libres.
    Tuvimos suerte, así que, solucionado el tema alojamiento, nos fuimos a cenar al Pucará, donde nos atendió nuestro amigo Adolfo Fabián (enfermero de AdlS, guía y, ahora también, mesero en el restaurante de su padre).

    Era más allá de la medianoche cuando nos fuimos a descansar y, del dúo Pexa/Diego, no teníamos noticias.

    El cansancio acumulado hizo que nos durmiéramos sin enterarnos si habían llegado o no. Habíamos dejado dicho en la Hostería Municipal que en caso de aparecer ellos preguntando por nosotros, les avisaran que estábamos alojados en el Complejo El Pucará.

    Recien a la mañana siguiente, al salir de la habitación y ver al "tomatito" estacionado, recuperamos la tranquilidad.
    Luego Pexa, durante el dasayuno nos explicó sus aventuras/desventuras en busca de la tapa del tanque de nafta.

    Resultó que, regresados hasta el lugar del repostaje, la tapa no apareció. A pesar de haber buscado y rebuscado, iluminando la oscuridad de una noche sin luna con todos los faroles del Yipito.

    No conformes con ese resultado negativo, volvieron casi a paso de hombre por kilómetros y kilómetros en ese mar de huellas paralelas que cortaban el gran arenal de la Pampa del Carachi.

    Habiendo recorrido 22,4Km desde el punto del reabastecimiento, en un hecho absolutamente insólito, encontraron la dichosa tapa que tanto preocupaba a Pablo.

    Llegaron a dormir a las 01:30 y sin cenar, pero con una anécdota "increíble" para contar a quien quiera escuchar !!


     


Este fue un hermoso camino de enlace,
la aventura extrema comenzaría al siguiente día, cuando intentáramos
escalar el domo central del Vn Galán, accediendo por la difícil ruta este.
  Sigue acá ...

           
EDUARDO CINICOLA
Abril de 2.012            



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