Sta Catalina-Río Grande de San Juan-Susques
Enero de 2015

FOTO: Eduardo CINICOLA


Santa Catalina, Río Grande de San Juan, Laguna Vilama, Susques.

Ese enero del año 2.0015 nos habíamos propuesto recorrer, tipo turismo, varios puntos interesantes del NOA argentino, en principio sin mucho "fuera de camino", pero si por caminos no muy pisados por el común de los visitantes de la zona.

Comenzaríamos por Santa Catalina y El Angosto, las poblaciones más septentrionales del país, pero para llegar allí no lo haríamos por rutas convencionales sino que, desde Humahuaca ascenderíamos hacia la Mina El Aguilar, por la precaria RP13 de Jujuy.

Luego, desde Abra Pampa, nos internaríamos hacia la Laguna de Pozuelos para arribar a Santa Catalina.

Desde Santa Catalina por un pintoresco y un poco adrenalínico camino emprenderíamos rumbo a El Angosto y vadear el Río Grande de San Juan para tomar por una huellita que corre por la margen boliviana de este.

Por ella descenderíamos... Mmmm en realidad ascenderíamos (si bién iríamos con rumbo sur eso es aguas arriba del Río Grande de San Juan que allí corriendo de Sur a Norte oficia de límite entre Argentina y Bolivia), bueno decía ir con rumbo sur para vadearlo nuevamente y salir por La Ciénaga, RN40 nueva (km 5.000), Valle de Marte, Cusi Cusi.

Desde Cusi Cusi nos internaríamos nuevamente hacia la cordillera a conocer el perdido pueblito de Lagunillas del Farallón y la escondida Laguna del Cerro Negro, para pasar luego por la de Vilama, para que nuestros nuevos amigos pudieran disfrutar de su belleza.

Todavía nos faltaba salir de allí pasando por el "minipoblado" (una sola vivienda) de Rosario de Susques con su pintoresca capillita para arribar finalmente a Susques donde nos esperaría una sorpresa.

En esta oportunidad le cedo la pluma a Johann (a) Johann Spárragus quién con maestría nos cuenta sus impresiones de aquel viaje.

           
EDUARDO CINICOLA
Enero de 2.015            

Quienes fuimos en este viaje


 


Resaltado en verde el recorrido de esta etapa.
Mapa de la zona tomado de ViajerosMapas.com



De travesía por la Puna extrema de Jujuy

miércoles, 21 de enero de 2015

Llevaba exactamente trece días deambulando entre las provincias de Salta y Jujuy, haciendo nuevos amigos, maltratando mi cuerpo y esperando a mis compañeros de viaje con los que compartiríamos una travesía por la Puna en la que teníamos varias metas u objetivos. Unos compañeros de viaje que son un lujo para quienes tienen la suerte de acompañarlos.

Nos encontramos cerca de las 9 de la noche en La Silleta, un pueblo en las afueras de la ciudad de Salta. Compartimos unas cervezas, comimos el último asado en varios días y nos fuimos sin mas a dormir. O eso creí. Hasta ese momento sabía que el sonido roncoro de Andy podía traspasar paredes, pero no imaginé que mis compañeros todos, roncan que dan calambre.

En el tercer día para los recién llegados desde Buenos Aires, y el primero para mi, hicimos un recorrido tranquilo apuntando hacia el punto mas septentrional del país, cruzando coloridas quebradas, subiendo cuestas mineras, rodeando salares y bordeando extensas lagunas.

Éramos de la tripulación inicial un grupo de 5 personas en tres camionetas: La aventurera Elsa (http://elsaons.blogspot.com.ar) con su Toyota Hilux y Eduardo Cinicola "El Señor de los Mapas" de copiloto, responsable de viajeros4x4.com al que los entusiastas del off road les debemos los 1001 mapas de viajes que el señor brinda en forma gratuita y desinteresada en viajerosmapas.com. Andy en su Toyota Land Cruiser HDJ 80 con Denis de copiloto y piloto ya que conoce las 80 menor que ninguno, fruto de los cientos de miles de kilómetros que le metió a una idéntica a la de Any de color azul marino que se viene comiendo con gusto las piedras de la orografía argentina y acompañando a Eduardo en muchas travesías, siempre como punta de lanza abriendo el camino cuando este no existe. En el tercer vehículo quien escribe, en otra Toyota, SW4 para Argentina y Fortuner para el resto de los países en donde se comercializa, viajando sin acompañante, como tantas veces.

No todos nos conocíamos pero compartimos una misma pasión. Podían presentarse sorpresas. Especialmente en un escenario por el que durante varios días casi siempre circularíamos por sobre los 4.000 m.s.n.m., en donde el aire enrarecido puede jugarle a nuestros cerebros o cuerpos una mala pasada. También a nuestros vehículos.


Día 1
De Salta a Santa Catalina

Tomamos la nueva Ruta 9, el camino más rápido hasta Humahuaca, en donde nos hicimos de combustible y yo de hojas de coca (casi una cábala en mis viajes por la puna). Aunque era un día de enlace no nos privamos de tomar el camino mas largo, conduciendo por un camino de cornisa que lleva a la Mina El Aguilar, de larga trayectoria, y posiblemente ya explotada por los Incas, y que desde 1936 extrae plomo, plata y zinc de las laderas de la Sierra Aguilar a 4.500 m.s.n.m.
 


FOTO: Johann ARNDT
Pamperita, la chata de Andy con el y Denis de tripulantes.


Tras recorrer este camino anaranjado de cornisa fuimos ascendiendo entre rocas y cardones siempre entre los 3.700 y 4.000 metros de altura hasta llegar a la entrada de la mina misma, un lugar prohibido para terceros o ajenos pero que emplea a mas de 600 personas, que con sus familiares llegan a componer un pueblo de mas de 4.000 almas al que los pobladores llaman "El Campamento".

El Aguilar, tal es el nombre que resulta en uno de los tres centros poblaciones mas altos del mundo.
 


FOTO: Johann ARNDT


La mina pertenece a Glencore International, una minera de gigantes capitales suizos que tras muchos años de hacer minería subterránea en El Aguilar se decidió a explotar y desaparecer montañas y hacer lo que se conoce como minería a cielo abierto, práctica que se repite en Bajo de la Alumbrera (Catamarca), Mina Veladero en San Juan y Pascua Lama en el límite fronterizo entre los departamentos Alto del Carmen (Chile) y de Iglesias (San Juan, Argentina).

El camino pasaba por el minúsculo y prolijo caserío de Casa Grande, con sus pircas, su iglesia y la infaltable cancha de fútbol. Aprovechando la sombra de algunos árboles plantados y cuidados por el hombre, paramos por nuestro primer pic nic provisto por Andy y su interminable heladera de las mil cervezas y unos salames grandes como espadas.
 


FOTO: Johann ARNDT


FOTO: Johann ARNDT

El camino busca abrirse gentil entre las Sierras de Aguilar.
Las vistas por momento son escarpadas y nunca dejan de ser bellas, siempre acompañadas por un suave matiz verde y pardo.


FOTO: Johann ARNDT


FOTO: Johann ARNDT


A lo poco de seguir por caminos de ripio y a buen ritmo siento mi rueda delantera derecha pinchada, y Denis, alias "Dr Tarugo" vuelve a mostrar otro de sus múltiples talentos, esta vez arreglando la goma con un tarugo, pese a que "la pinza esta" no era ARB y le dificultaba la faena.

En seis o siete minutos estábamos nuevamente andando en procura de alcanzar a Elsa y Eduardo que se encontraban pululando en la Laguna de los Pozuelos y nos lo comentaban todo por radio.
 


FOTO: Johann ARNDT


Un rato mas adelante, todavía camino a Laguna Pozuelos, la Toyota Land Cruiser de Andy experimenta una rotura en la manguera que comunica los dos tanques de combustible que posee la nave. Apremiados por el tiempo, pues (supuestamente) nos esperaban en Santa Catalina para comer y dormir, el team pone manos a la obra y con su caja de 100 kilogramos de herramientas solucionan el problema en 8 minutos con treinta, distraídos por galletitas de las dulces.
 


FOTO: Johann ARNDT


Por ese camino que no mostraba cambios significativos de altitud llegamos cerca de las 21 horas al pueblo de Santa Catalina, uno de los mas septentrionales del país, enclavado a 3.800 metros de altura (ideal como para aclimatar) y contando con una población estimada de 2.000 habitantes, aunque son muchos menos los que uno ve y percibe.

Doña Blanca, quien fuera a alojarnos y alimentarnos, tenía la casa llena de familiares, por lo que se tomo la molestia de conseguirnos lugar en una simpática hostería de dos o tres cuartos.

Nos procuramos alimento, un pollo al limón con fideos crudos y sin mas nos fuimos a dormir en esos cuartos pequeños de cercanas camas sabiendo que nos esperaba un día largo y difícil.
 



Día 2

jueves, 22 de enero de 2015

Comienza el Rocanrol

Por suerte no me duele la cabeza, pero me cagué de frío y no pegué un ojo en toda la noche. Son las siete de la mañana y sigo levemente agitado. Estamos a poco mas de 3.800 metros de altura ya prontos a comenzar una jornada llena de adrenalina.

El día se presenta espectacular y don Eduardo Cinícola va comentando por radio todo lo que nuestros ojos van viendo. Los nombres de los cerros que nos custodian, todos tienen nombre y le son viejos conocidos.

A los pocos kilómetros de salir de Santa Catalina, y en el camino hacia El Angosto, el pueblo mas septentrional de la República Argentina, se presenta el primer obstáculo en el río homónimo, pero como la Toyota Land Cruiser cruza sobrada, atrás la seguimos con confianza en las otras dos camionetas.
 


FOTO: Johann ARNDT


FOTO: Johann ARNDT


Dejando atrás El Angosto buscamos una salida por otro tramo del lecho casi seco del río que presentaba un suelo pedregoso y de barro colorado en las cuestas. El sonido del gasoil de los varios bidones chocando en sus paredes plásticas nos iba acompañando en nuestro avance. Cada tanto un hombrazo contra la puerta, mientras las suspensiones de las camionetas iban trabajando a full copiando el terreno.
 


FOTO: Johann ARNDT


Tras lograr recorrer algunos kilómetros sobre el lecho del río nos topamos con un escenario que nos era desfavorable, en el que el río se achicaba en una suerte de cañadón con grandes e infranqueables piedras. Había que buscar otra manera de llegar al Río Grande de San Juan, nuestro próximo destino.


FOTO: Johann ARNDT


V I D E O
(Doble click en la imágen para pantalla completa)

Video: Eduardo CINICOLA



Yo daba por seguro que íbamos a retroceder nuevamente hasta El Angosto, y me distraje sacando fotos a diestra y siniestra cometiendo el primero de mis errores, el de perder de vista a la camioneta que me precede cuando se circula por un lugar que no es huella o camino, o sea cuando no es de paso predecible.

Cuestión que estuve mas de 30 minutos perdido, buscando encontrar el lugar por donde habían pasado las otras dos camionetas en nuestro intento de llegar al Río Grande de San Juan. Comunicados por radio y ante las precisas instrucciones de Elsa y su memoria visual pude tener mi pronto reencuentro con el grupo en lo alto de un filo de barro, en donde me estaban esperando.

Cuando llegamos al Río Grande de San Juan (o Río San Juan de Oro) notámos que el cruce era demasiado profundo para dos de las tres camionetas, y aún peligroso para la tercera y mas grande de ellas, por lo que tomamos la sabia decisión de cruzar las camionetas eslingados a la enorme Toyota Land Cruiser manejada por Andy, el héroe de la jornada.

Primeramente atamos la Toyota Hilux que transportaba a Elsa y Eduardo con una soga de plasma de 45 metros que Andy sacó del paquete para ese trajín. El cable preparado para uso en malacate (winche o molinete) no soportó el primer tirón de ajuste y tuvo su primer corte. Hizo falta la primer aparición de mi súper eslinga de camión, indestructible, y que me acompaña en el baúl hace mas de una década para cruzar a la pobre Elsa que le propinaba a Andy un sinfín de insultos mientras su Toyota Hilux rebotaba contra las piedras y el agua colorada le acariciaba el capot de su nueva camioneta.
 


FOTO: Johann ARNDT


Del otro lado esperaba yo con el cable de malacate preparado por si hiciera falta.

En pocos segundos las dos camionetas ya estaban del otro lado.
Eduardo tenía unos tracks antiguos de un paso por este mismo río distantes a 700 metros de donde hoy nos encontrábamos.
La camioneta blanca de Elsa se adelantó en búsqueda de un lugar que nos permitiera salir de aquel río, difícil de pasar, y que queríamos evitar a toda costa aún a sabiendas de que tarde o temprano íbamos a tener que volver a cruzarlo.


FOTO: Johann ARNDT



Ahora Andres volvía por mí, desafiando, no sin temor, las aguas traicioneras de este río que sabe presentar grandes piedras y arenas movedizas formadas por la gran cantidad de sedimentos que arrastran sus aguas que hacen de frontera entre Argentina y Bolivia.
El río venía aumentando su caudal, y un grupo de piedras que tenía marcado como referencia, habían desaparecido bajo el manto de aguas rojas.

Cuando fue encontrada una huella que nos permitiera salir de los dominios del río, hicimos la misma maniobra llena de adrenalina para cruzar mi camioneta.
Motor apagado y atado a la TLC de Andy, pero con la primera de baja puesta y preparado para ayudar si así hiciera falta ante alguna eventualidad.

Tras cruzar a territorio Boliviano (contábamos con un salvoconducto otorgado por la República Plurinacional de Bolivia) recorrimos el camino de cornisa en la margen opuesta del Río Grande de San Juan con rumbo sur, pasando por tres pequeños poblados de Bolivia, desde donde tendríamos que volver a enfrentar al río para reingresar a la Argentina y dirigirnos al aislado poblado de La Ciénaga (3.570 m.s.n.m), 79 habitantes según el último censo nacional.

Al llegar al punto de cruce hallamos una pendiente por donde era posible bajar al río.
Estudiamos el terreno desde arriba, y ayudados por las cajas reductoras depositamos nuestros bólidos en el lecho.

Esta vez había que cruzar el río en tres partes, que aunque presentaban menos volumen de agua, no dejaban de ser peligrosos y obligaban a estar muy atentos a las grandes piedras sueltas en su lecho cuando regresamos a la República Argentina.
Todavía alucinados por el primer vadeo del San Juan, le tomamos respeto al "Grande" y nos dejó pasar.
 


FOTO: Johann ARNDT


Tras superar el río y recorrer el minúsculo caserío dedicado a la cría ovina, fuimos ascendiendo por un camino de cornisa que nos llevaba a un promedio de 4.300 metros y que disfrutamos horrores, mientras las grandes ruedas de nuestras camionetas rodaban por la cuesta y el paisaje exorbitante se presentaba siempre a uno de nuestros lados dejándonos estirar la vista hasta los volcanes mas cercanos.


FOTO: Johann ARNDT


Desde ahí continuamos nuestro periplo circulando por viejas huellas de herradura que nos acercarían a las poblaciones de Oratorio (89 habitantes) y mas tarde Misa Rumi (108 habitantes), en donde intercambiamos palabras con algunos de sus habitantes.


FOTO: Johann ARNDT


Fuimos siguiendo huellas y cortando a campo traviesa cuando era necesario en búsqueda de unas curiosas formaciones que conocía Eduardo y que en seguida me recordaron a Petra, en Jordania.
En ese camino, acariciado por los rayos del sol, cuando salían, me quedé dormido en dos o tres oportunidades. Un peligro. Bajé a estirar las patas y tomarme un "Energy Drink" para llenar mi cuerpo de cafeína.


FOTO: Johann ARNDT


Elsa iba domando el terreno siempre buscando altura, hasta que el tiempo, siempre apremiante (especialmente en Alta Montaña) nos hizo ser cautos y buscar alguna forma de descender y llegar cómodos y en forma a nuestro próximo destino.


FOTO: Johann ARNDT


Denis nos va enseñando la flora que se presenta en el lugar, y resulta un complemento perfecto para ir aprendiendo a cada paso, de ese recorrido a campo traviesa que nos llevó hasta el lecho seco mismo del Río Quebrada de Paicone (que es parte de nuestra querida Ruta 40) por donde avanzamos felices por los farallones y tanta belleza que nos circunda.


FOTO: Johann ARNDT


Como nota de color, en ese tramo de la RN40 pasamos por su km 5.000 (al que lamenteblemente le robaron sus últimos dos ceros).


FOTO: Eduardo CINICOLA


Tras abandonar el lecho del Río Quebrada de Paicone tomamos un camino que nos acercó un poco a la localidad de Cusi Cusi (359 habitantes) en donde pensábamos pasar la noche.


FOTO: Johann ARNDT


Antes volvimos a salirnos del camino y ascendimos por un camino de piedras sueltas y filosas plantitas.
Por la radio escucho: - "Johann, tu rueda trasera izquierda tiene unas 14 libras" Era el ojo afilado de Cinicola que volvía a tener razón.
Comenzaban así los problemas de mi rueda izquierda trasera. Al principio solo perdiendo un ápice de aire con el correr de las horas, trámite que resolvía en forma veloz con mi compresor de aire.


FOTO: Johann ARNDT


Ya en camino a Cusi Cusi, en la recta final de un día que había sido largo, y en el que solo fantaseaba con la idea de recuperar horas de sueño que ya le estaba debiendo a mi cuerpo vuelvo a pinchar, como era de esperar la goma trasera izquierda, gran protagonista de esta travesía.

Como la tormenta avecinaba desde el oeste y era menester que repare mi neumático pinchado, retrocedí hasta el pequeño pueblo de Paicone (120 habitantes) mientras el resto del grupo proseguía camino a Cusi Cusi, en donde planeábamos pasar la noche.

Volví a vadear el Río de Orosmayo que ya estaba arrastrando mas caudal de agua, y me acerqué hasta una gomería cuyo cartel había visto una hora antes.

- "De los verdaderos no tengo niuno"- me dice la dueña de la única despensa mientras le pedía cigarrillos, y como cualquiera me venía bien me llevé cuatro paquetes de CJ.


FOTO: Johann ARNDT


Con la goma ya reparada me vi sin reparo arrastrando los 40 kilos de la misma hasta mi camioneta, y tirándola sobre el equipaje en el baúl. Iba empapadome por las gotas gordas y mojadas de la lluvia cordillerana. Objetivo cumplido.

- "Vamos, vamos que nos vamos" Gritaban de pronto. Mucha gente para un pueblo tan chico. Mucha gente subida en la caja de tres pick-ups y un utilitario 4x4 de una pareja argentino-alemana empezaban su camino a Cusi Cusi.

No llegué a tiempo pero pude adivinar entre la torrencial lluvia sus tenues luces traseras. Las escobas del limpia parabrisas no podían con tanta agua. Mi pantalón de jean iba pegado a mis piernas y mis zapatillas escupían agua. Por mi cuello se había colado tanto líquido que cuando hacía los cambios el agua me apagaba el cigarrillo. Con unas aceleradas pude alcanzarlos para formar parte del convoy.

Mi GPS se volvía loco. Por momentos se apagaba, y cuando prendido variaba la distancia a Cusi Cusi entre 31 y 104 kilómetros. Siguiendo las luces fuimos cruzando los ríos y acercándonos a la población de Cusi Cusi, lindera a Bolivia.

Por la radio no me oían pero cada tanto escuchaba cuan difícil se les hacia a mis compañeros conseguir algún lugar en la casa de un poblador en donde poder pasar la noche.

Cuando el torrente se detuvo, paré por 5 minutos para sacarme mis ropas mojadas y disfrutar del silencio de la Cordillera. Tras algunas curvas y contra curvas noté que la camioneta del alemán me había estado esperando. Juntos cruzamos dos o tres ríos mas y al llegar a Cusi Cusi (3.800 m.s.n.m) nos separamos con dos cortos bocinazos. Eran casi las 10 de la noche y mis compañeros recién conseguían donde tirar un par de horas nuestros esqueletos sucios y cansados.
 


 


martes, 27 de enero de 2015

Huellas, flamencos y una metida de pata (Día 3)

Mientras acomodaba en el techo los 4 bidones de combustible que mi camioneta acababa de deglutir, pasó a mi lado Lars, el alemán del camino. Venía bajando con su recién formada familia desde Ecuador, y su viaje de varios meses estaba llegando a su fin.
Convenimos con ellos ir juntos al cercano "Valle de la Luna", distante a muy pocos kilómetros del poblado de Cusi Cusi, en donde nos encontrábamos.
Este otro Valle de la Luna bien debiera llamarse "Valle de Marte", pues es el rojo el color que se impone por sobre los pocos blancos del lugar.
 


FOTO: Johann ARNDT


Para ese día teníamos planeados un buen número de objetivos cruzando los mas variopintos paisajes en nuestro camino. Minutos mas tarde ya habiéndonos despedido de la pequeña familia viajera estábamos subiendo una cuesta que nos llevaría a Lagunillas del Farallón, un pueblo minero de menos de 200 habitantes que hasta 1940 era parte de Bolivia, y que como su nombre sugiere tiene mas de una lagunilla. Son dos alrededor del ejido urbano y estaban secas al momento de nuestra visita.
 


FOTO: Johann ARNDT

Volcán Granada de 5.697m
FOTO: Johann ARNDT


Tras superar el pueblo continuamos aprovechando una tenue huella de piso rocoso que iba ascendiendo y desapareciendo hacia lo mas alto del abra existente entre los volcanes Granada y Salle.


FOTO: Johann ARNDT


Siempre en ascenso y por una angosta huella con precipicio hacia la derecha, y sorteando las primeras planchas de hielo, vamos encarando buscando la manera de llegar del otro lado de esas altas montañas.

Eduardo va de copiloto de Elsa, con la Toyota Hilux abriendo el camino. Le toca bajarse cada trescientos metros a mover alguna roca fría y pesada que le obstaculiza el paso a la caravana.

Una sola vez recibe ayuda, pero el hombre es fuerte. El aire escasea en la Puna y hay que tener sumo cuidado con los esfuerzos.
Los socavones se llevan parte del camino. La erosión hídrica es evidente a cada paso..


FOTO: Johann ARNDT


Tras lograr con esfuerzo el primer cometido de llegar hasta lo mas alto, circulamos por un piso de lajas flojas hasta el filo mismo de la montaña que ofrecía un mirador natural desde donde estirar nuestra mirada al más abajo.


FOTO: Johann ARNDT


Desde este balcón natural se ven los ciénegos (o vegas) que rodean algunas lagunas y en donde pastan especies como la vicuña y otros camélidos pertenecientes a los rebaños de los campesinos que practican todos la transhumancia (o pastoreo en continuo movimiento con bases fijas, tipo poblados). Con Denis escuchábamos a los perros ladrar y guiar a los animales mientras tratábamos de llenarnos de ese escaso pero puro aire de cordillera.


FOTO: Johann ARNDT


Desde lo mas alto, ya todos en nuestros vehículos, buscamos a campo traviesa una salida que nos permitiera comenzar a bajar algunos cientos de metros y acercarnos a la poco conocida y remota Reserva Provincial Altoandina de la Chinchilla, un espacio protegido y apenas habitado de 157.000 hectáreas en donde teníamos interés de visitar algunas de sus doce lagunas.

El camino nos enfrenta por primera vez al Cerro Zapaleri, un volcán extinto de 5.619 metros de altura, que sirve como punto tripartito entre las repúblicas de Argentina, Bolivia y Chile..


FOTO: Johann ARNDT


Desde lo mas alto, ya todos en nuestros vehículos, buscamos a campo traviesa una salida que nos permitiera comenzar a bajar algunos cientos de metros y acercarnos a la poco conocida y remota Reserva Provincial Altoandina de la Chinchilla, un espacio protegido y apenas habitado de 157.000 hectáreas en donde teníamos interés de visitar algunas de sus doce lagunas.

El camino nos enfrenta por primera vez al Cerro Zapaleri, un volcán extinto de 5.619 metros de altura, que sirve como punto tripartito entre las repúblicas de Argentina, Bolivia y Chile..


FOTO: Johann ARNDT


Buscando siempre una forma de acercarnos a esta serie de lagunas altoandinas hipersalinas que son alimentadas por el agua de deshielo de los cerros circundantes, y que no tienen salida fluvial hacia el océano.
Todas estas lagunas se encuentran por encima de los 4.500 m.s.n.m. y desde el año 2.000 fueron designadas como Sitio RAMSAR por la gran cantidad de Parinas (Flamencos Rojos de Altura) existentes.


FOTO: Johann ARNDT


La primera que visitamos es la Laguna de Pululos.
Mas chica que la de Vilama, pero de agua dulce y cerros circundantes de enorme belleza y gran cantidad de Flamencos.


FOTO: Johann ARNDT


Aprovechamos la oportunidad para hacer uno de nuestros almuerzos de altura, siempre provistos por el generoso Andy, en el que tras varias horas sentados, todos mis compañeros rechazaron mis fabulosas sillas de camping prefiriendo comer de a parado.


FOTO: Johann ARNDT


Tras el almuerzo, y aprender las diferencias entre los Flamencos y las Parinas, identificándolos con ayuda de unos prismáticos, proseguimos nuestro camino hacia Laguna Vilama , la segunda de estas escondidas aguas y la mas grande de todo este conjuntos de espejos de agua.


FOTO: Johann ARNDT


Sólo después de haber visitado estas dos primeras, y tras recorrer algunos pocos kilómetros se presentó ante nosotros la Laguna Colpayoc.


FOTO: Johann ARNDT


Nos faltaba ver la Laguna Palar, la cual bordeamos .Ahora tomaríamos dirección sur apuntando a una huella que va hacia el Paso de Jama, el único paso que comunica Jujuy con el país andino.
El avance es por caminos que presentan extrañas formas y vistas completamente diferentes a las que veníamos experimentando.

En la soledad de mi camioneta no puedo dejar de sorprenderme por lo duros y negros de mis mocos. Son verdaderas rocas.


FOTO: Johann ARNDT


La alta radiación solar va dejando sus primeras marcas. Imposible andar en mangas cortas. Mi brazo izquierdo ya presenta dos laceraciones.
Tras prender un cigarrillo y darle una profunda calada, este se me pega a la boca robándome un cacho de labio que no pude despegar con mis dos manos.


FOTO: Johann ARNDT


Pero todavía había que hacer camino, y el día estaba lejos de terminar.
Teníamos que buscar un lugar en donde protegernos de las inclemencias climáticas de un lugar cuya amplitud térmica es brutal.


FOTO: Johann ARNDT


A veces por difusas huellas, pero la mayor parte por campo traviesa, no dejaba de sorprenderme por la belleza de la Puna y sus extraordinarios y generosos paisajes.
Me sentía como manejando por el techo del mundo, y si estiraba la mano, casi de seguro tocaba el cielo.


FOTO: Johann ARNDT


Una manguera pinchada había dejado sin dirección hidráulica a la enorme Toyota Land Cruiser de Andy, que con mas de tres toneladas de peso bruto se hacía muy difícil de dominar en caminos angostos, y en cuestas que se hacían aún mas peligrosas.
Mi pobre amigo, que siempre le pone lo mejor que ofrece el mercado a sus camionetas estaba frustrado por esta pequeña rotura que no nos dejaba avanzar en forma segura y coherente.
Había que bajar a la civilización, a algún cercano pueblo en donde estos tres hombres que conocen de mecánica y se dan mucha maña pudieran solucionar el problema del vehículo mas poderoso de la flota.


FOTO: Johann ARNDT


Tras ver restos de pequeñas instalaciones mineras abandonadas en la inmensa aridez encontramos un camino por el que llegamos al pequeño pueblo de Rosario de Coyaguayma (o Rosario de Susques) un "pueblo de ceremonia" al que llegan algunas veces por año los aborígenes nativos que viven desparramados en sus ranchos de adobe, perdidos en la soledad de la Puna.

La iglesia colonial es de gran belleza, acentuada por lo remota de la ubicación. Tiene un arco de entrada y una torre que hace de campanario.
El conjunto esta blanqueado y su techo de paja se encuentra en gran estado. Probablemente se haya construido para los trabajadores de todas las minas que hay en los alrededores. Hoy yace sola y le sigue dando la espalda al Volcán Granada de 4.780 m.s.n.m.


FOTO: Johann ARNDT


La tormenta acechaba por sobre la cordillera, y aunque nos sentíamos relativamente cerca, era hora de proseguir camino acercandonos al Paso de Jama , en donde había unas fumarolas que Eduardo quería ver, y a las que no les tenía fe.

Bajamos una veintena de metros desde el camino para ver estas fumarolas sin humo (ya se que no era la hora correcta, si es que largan humo en alguna ocasión).


FOTO: Johann ARNDT


Metros arriba quedaban las tres fieles camionetas esperándonos con los motores encendidos, y contentas de estar en su salsa.
Buscando esta foto, lo hice.


FOTO: Johann ARNDT


Metí la pata en uno de esos tres o cuatro ridículos agujeros de agua caliente, casi tapados por la cantidad de hojas de coca, que como ofrenda colocan los pocos que saben de la existencia de estos mini geyseres. El olor a huevo duro podrido me obligo a un cambio de ropas, y a colocar las siniestradas en una bolsa en el techo de la camioneta, en donde muy a mi pesar logró llegar de vuelta a Buenos Aires.


FOTO: Johann ARNDT


El camino, a veces paralelo al Río Agua Caliente, y otra veces parece ir por el lecho mismo. Avanzaba la caravana en dirección sur, no muy lejos (en línea recta) del Paso de Jama, y con el firme propósito de desembocar en Susques, donde teníamos que lograr el cometido de la manguera.


FOTO: Johann ARNDT


Entre farallones, cañadones y extraños paisajes, siempre con la Cordillera de los Andes a nuestra izquierda, fuimos acercándonos hasta el poblado de El Toro (200 habitantes), en donde confirmamos que la forma más rápida de llegar a Susques era por la vieja y querida Ruta 40.


FOTO: Johann ARNDT

FOTO: Johann ARNDT

 



Todo el grupo se sentía fuerte y con ganas de seguir.
En tres días no habíamos cruzado un solo vehículo, mas siquiera un solo alma de la Puna.

Pero una sorpresa inesperada nos aguardaba en Susques...
 

Johann SPARRAGUS
Enero de 2015            


La continuación del relato y más fotos de esta aventura las verás en:
Susques - Tolar Grande - Paso Socompa - Antofallita


Johann Sparragus es un viajero incansable que nos ofrece decenas de interesantísimos relatos de sus viajes por más de cincuenta países del planeta

En su BLOG "POR TIERRA POR LA TIERRA" encontrarán sesudos y divertidos relatos que nos cuentan historias y anécdotas de aquellos periplos por los lugares más inverosímiles del mundo, nutridos de abundantes imágenes.

Los invito a visitarlo, lo disfrutarán.

EDUARDO CINICOLA                        


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