1500 Km de huellas por la cordillera de Los Andes
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Catamarca y Salta - Argentina
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Lo realizado hasta el momento (verde) y lo faltante, XX-69 (amarillo).


DÍA 2

Fue un campamento osado para primer día de montaña.
4.300 metros sobre el nivel del mar de un saque dan poco lugar a una "aclimatación", pero, por suerte, nadie se apunó. Solo un malestar de Sergio cuyo estómago no quizo hacer honor al arroz a los cuatro quesos y lo esparció por las alturas.

La mañana nos despertó con la inquietud de tomarnos una licencia y hacernos una escapada hasta el "Hueco", como había marcado en ViajerosMapas el dato que me proveyera Fernando Rubio de su incursión del 2001.

¿Que cuernos era el "Hueco"?

Allá lo veíamos en la lejania. Un gran hoyo formado en esa planicie ondulada de piedra toba (alli todo es lava, toba, pómez, cenizas, todo el suelo que pisamos salió de los volcanes).

Era enigmático, a medida que nos acercábamos tomábamos dimensión de su tamaño.

Una gran superficie equivalente a una cancha de fútbol, colapsó, se hundió.

¿Ma, per qué?

Posiblemente una gran burbuja de gases se formó cuando la toba derretida avanzaba cubriendo esos campos. Con el tiempo y la erosión provocada por el agua intersticial que se congela en las grietas de la roca, aumentando de volumen y quebrándola, el techo de esa gran caverna ciega debe haber cedido y allá fueron miles de toneladas de piedra 20 o 30 metros hacia abajo.
 


Foto: Viajeros4x4
Amanecer en el campamento a 4.300 msnm.


Foto: Eduardo Cinícola
Con teleobjetivo divisamos el Hueco, eso aumenta nuestra intriga.
Parece cerca, pero llegar no va a ser fácil.


Foto: Horacio Baldi
Una locura de piedras y más piedras...
¿Así tendremos que recorrer 1.500 Km ?


Foto: Eduardo Cinícola
...el techo de esa gran caverna ciega debe haber cedido
y allá fueron miles de toneladas de piedra 20 o 30 metros hacia abajo...


Foto: Eduardo Cinícola
En otro viaje una burbuja en la piedra toba...


Foto: Eduardo Cinícola
En otro viaje otra vista de la burbuja en la piedra toba...


Foto: Eduardo Cinícola
En otro viaje... la superficie superior de la piedra toba.


Al retomar nuestra "ruta" rumbo a la "alternativa 1" cometemos un error y nos metemos en un engañoso (a la distancia) campo de filosas lajas sueltas que apuntan amenazantes a los desinflados neumáticos (el día anterior habíamos andado peludeando en la arena y no teníamos ganas de inflar).

Fueron casi cuarenta minutos de "dedos cruzados" rogando que las piedras se apiadaran de los globosos laterales de caucho.

El Tano con cubiertas de 33 pulgadas y menos deformación se había adelantado y ya "husmeaba" una huellita que "apuntaba" para donde habíamos dibujado la A-1.

Lo alcanzamos y nos metimos siguiendo la huella de una camioneta que había andado por allí poco tiempo antes.

Lamentablemente nos desvió de nuestro rumbo y finalmente tuvimos que hacer un giro de 90 grados para cortar camino al encuentro de la quebrada por la que deberíamos subir nosotros.

En la foto satelital se veía brava pero "posible". La 3D nos daba pendientes críticas del 27%. Posibles solo con muy buen suelo.

Esa quebrada ascendía casi hasta la cumbre del Aguas Dulces Sur, para bajar del otro lado a la Pampa de los Bayos ya que el Aguas Dulces es parte del filo que le dió origen y "contiene" aquel gran campo de piedra rosada.

En realidad todos nuestros esfuerzos se orientaban a subir a la Pampa de los Bayos, sin tener la certeza de que luego pudiéramos circular por el fondo de las enormes grietas que, como dedos de una mano, orientan todas hacia la palma, una depresión cercana a la frontera con Chile.

Desde allí deberíamos salir por otra grieta en ascenso hacia el norte para pasar por una silleta o abra de 5.030 metros de altura entre los volcanes Cerros Colorados (6.053m) y Vallecitos (6.110m). Esa grieta ascendente también la teníamos marcada como de pendiente crítica.

Eso íbamos pensando mientras los motores calentaban un poco, castigados por la extensa subida arenosa con viento de cola.

- ¿Y si dedicamos tanto esfuerzo a subir a la Pampa de los Bayos y luego no podemos circular por las grietas o, lo que es peor, no podemos remontar la grieta norte y debemos "quedarnos a vivir" allí adentro?

Bien, nos haremos problema llegado el momento.

Mientras tanto seguíamos ascendiendo y la quebrada se iba cerrando convirtiéndose en el lecho de un arroyo seco. Seco y arenoso, muy arenoso.

A los costados aparecían ya los primeros penitentes, enormes penitentes que superan la altura de nuestros amigos.

- Esperen acá que intentaremos con la Cherokee, recién estamos a 4.600 metros y el suelo se está ablandando, la quebrada se va angostando, la pendiente va aumentando y la nieve se va acumulando... me parece que nos volveremos rumiando...

Dicho y hecho, solo pudimos avanzar unos pocos metros más y la chata se enterró hasta los ejes, pudimos salir marcha atrás gracias a la pronunciada pendiente en ese sentido.

Emprendimos una exploratoria a pié, para comprobar que, a todo lo mencionado, se sumaban grandes rocas en el lecho seco, que obstruían el paso.

Alternativa A-1 abortada!!
 


Foto: Carlos Lucchini
El Peinado nos va presentando a sus hermanos menores
que como buenos chiquilines, se encargaron de armar tremendo lío desparramando lava a diestra y siniestra.


Foto: Carlos Lucchini
Este renegrido cráter (pichón de volcán sin nombre) colapsó uno de sus laterales
y la lava incandescente fluyó hacia el oeste.
Detrás una de las "melenas" del Peinado y otro "hermanito menor".


Foto: Horacio Baldi
El intento de Eduardo y Lucho por esa quebrada arenosa también resultó vano.


Foto: Horacio Baldi
La altura de los penitentes supera la de nuestros amigos.


Foto: Eduardo Cinícola
Lucho también posa junto a los penitentes.
Para quienes no lo saben, los penitentes son lo que va quedando del derretimiento estival de una gruesa capa de nieve invernal.
Acá podemos deducir que esa capa midió mucho más de dos metros de altura en este sitio.
y por la cantidad de "vetas" a la vista, sabemos que fue producto de muchas nevadas.


Volvemos a la vieja traza que nos llevará al Salar de Antofalla, intentaremos bordearlo por el Oeste, sabiendo que es una tarea casi imposible pues no hay espacio casi entre la montaña y la cenagosa y traicionera orilla.

La traza hacia el salar esta muy desdibujada y hay que ir atento al GPS para no meter la pata.

Mi "navegante" se distrajo y nos metimos en problemas.

- Lucho, me parece que por acá no es la huella. Esta bajada es muy pronunciada y la arena está muy, muy suelta.

- Atento, atento, no bajen parece que erramos el camino.

Aumentado el zoom del GPS, vemos que unos 100 metros antes debimos tomar por la quebrada de la derecha.

- ¿Y como salimos de acá?

Al intentar retroceder las inclinaciones del terreno y la inconsistencia de la gran capa de arena seca hacen que la chata se vaya de costado hacia un pozo donde hay una enorme roca llena de puntas.

La chero queda inmovilizada.

Finalmente Jorge en el Super Defe bajó en nuestro auxilio.

Desde una posición un poco más firme, a 90 grados de donde estábamos, clavó el malacate en el gancho trasero de la cherokee y, mientras hacíamos girar las ruedas para que pierda adherencia, nos iba corriendo de costado.

Una vez "acomodada" los 190 caballos hicieron el resto y salimos de esa trampa marcha atrás, como si nos hubiesen pegado en el hocico.

A reinflar cubiertas!!

En poco más de 10 minutos con el compresor incorporado al Defe del sistema de bloqueo de diferencial inflamos las 8 cubiertas y continuamos...

Comemos o continuamos...

Mejor comemos y continuamos, armemos algo para ir manducando mentras avanzamos. Son más de las dos de la tarde y "el pescado sin vender"...

Tenemos "reservas" en Tolar Grande para mañana a la noche, pero Tolar está tan pero tan lejos que a este ritmo parece que no llegaremos ni en una semana.

En el camino visitamos unas lagunitas transparentísimas que hubiéramos descubierto en una expedición anterior.

Paramos, disfrutamos, sacamos fotos y seguimos.
 


Foto: Eduardo Cinícola
Nos equivocamos y quedamos en muy incómoda posición.


Foto: Eduardo Cinícola
Cualquier movimiento que intentáramos la camioneta caía contra la roca.


Foto: Eduardo Cinícola
Afortunadamente Jorge acudió en nuestra ayuda.


Foto: Carlos Lucchini
Por el sendero correcto continuamos la gran bajada.
Debemos llegar al nivel del Salar de Antofalla 1.200 metros más abajo.


Foto: Horacio Baldi
Otro hermano menor del Peinado eyectó su lava que se dirigió
hacia la cuenca del salar.


Foto: Eduardo Cinícola
Impresionante cantidad de miles de metros cúbicos de lava salieron de aquel "pequeño" cráter sin nombre.


Foto: Eduardo Cinícola
La bajada continúa con pronunciada pendiente.


Foto: Carlos Lucchini
Finalmente un gigantesco tobogán nos depositará en aquellas lagunitas.


Foto: Eduardo Cinícola
El tobogán desde abajo.
Parece sencillo, pero la pendiente y el terreno flojo hacen casi imposible remontalo en sentido inverso.


Foto: Victoria
Transparencia sin igual.
Regalo de la naturaleza para los sedientos ojos resecos de tanto ver arena y piedras.


Foto: Carlos Lucchini
Estamos al nivel de la colada del cráter innominado.
Por el costado derecho vemos la huella que viene de las lagunas del Peinado.
Eso nos da una idea de las dimensiones.


Foto: Horacio Baldi
Por unos cuantos kilómetros acompañamos aquel río de lava solidificada
en su trayecto hacia el extremo sur del Salar de Antofalla.


Arribados al extremo sur del Salar de Antofalla divisamos la vega y laguna que allí forma una vertiente de agua dulce, que es la que le da justamente el nombre al lugar y al Vn que queríamos trepar esta mañana.

El primer intento sería sobre una absolutamente imaginaria traza denominada XX-99 que, en lugar de meterse por la costa del salar, pretende subir un poco las laderas de las montañas que lo rodean.

Con Lucho hacemos punta y luego de "renegar" un buen rato, aceptamos la derrota. Por allí el tránsito será muy costoso y seguramente romperemos algo.

- Tano, ¿no querés intentar por la costa? Aprovechá de ir avanzando mientras nosotros bajamos...

Y allá fue el Tano con la Path a lidiar con la traicionera huella del oeste del salar.

Por radio nos comentaba sus avances.

El resto del grupo, a paso vivo y con las indicaciones recibidas lo iba alcanzando.

Hasta que llegó el comunicado fatídico.

- Muchachos, me tienen que sacar. Estoy enterrado hasta el cuello.

Efectivamente, las costas de salares y salinas son así.

Aparentan terreno seco, pero eso es solo una capa superficial de unos pocos centímetros que, llegado el caso se rompe y abajo está todo el "chocolate" viscoso y adhesivo.

En un santiamén la panza de la camioneta queda apoyada en el piso mientras sus ruedas estiran todo el recorrido de la suspensión y desaparecen de la vista buscando un inexistente terreno firme en las profundidades.

En esos casos es prácticamente imposible salir por sus propios medios.

Allá fueron Ale y su malacate a rescatar a la Path (1-0).

 

Reculamos nuevamente en esa variante imposible (o sumamente riesgosa), teníamos más, mucho más en el tintero.

Por ahora volveremos al extremo del salar a buscar nuevamente a la esquiva XX-99, no puede ser que no podamos tomar una traza paralela a la costa del salar pero "un poco mas arriba" en las laderas de las montañas que lo rodean.

- Allá, allá, mirá hay unas pisadas de vehículo, alguien se metió.

- Sí, y aparentemente van en el rumbo correcto, suben hacia el noroeste.

Allí nos metimos entusiasmados, por fin se nos daba una después de tantos intentos desde la mañana.

Circulamos unos cuantos miles de metros por aquella desdibujada "pisada" que por momentos hacía el mismo trazo de la XX-99.

No más de 15 minutos demoramos en quedar petrificados frente a una quebrada con bajada muy difícil, pero de subida imposible por la margen norte.

La quebrada bajaba del Vn Aguas Dulces y se dirigía al Salar.

Vimos alguna huella de un delirante que se zambulló allí y, evidentemente salió por el único lado por el que se podía salir, por el Salar.

Ni locos nos meteríamos nuevamente en aquella trampa de fango y sal.

(No quiero pensar en los improperios de aquel que se metió antes que nosotros por allí, siguiendo el imaginario trazo de la XX-99 ¡!)

Otra vez a retroceder.

Lamentablemente allí acababan nuestros intentos por la margen oeste del salar, junto con ella se nos iba la posibilidad de intentar la variante B1 (la tercer alternativa de las cinco que habíamos diagramado, aparte del track principal que ya habíamos abandonado el día anterior a causa de los penitentes).

- Bien. Le comento al grupo. Deberemos ir por una nueva alternativa, la costa Este del Salar con rumbo Norte, la que a su vez tiene dos variantes: Una, pegada al salar, tortuosa, poceada de no más de 6km/h de velocidad máxima, a riesgo de perder los dientes y, otra, más arriesgada, que implica subir a un médano gigante con arena muy suelta que nos hará renegar un rato para luego deslizarse hacia abajo con inclinaciones algo temerarias.

Silencio de radio…
 


Foto: Carlos Lucchini
Por acá imposible, las piedras sueltas disparadas por la fuerza de las ruedas intentando subir
golpean los bajos de la chata, serán muchos kilómetros y seguramente romperemos algo.
Salir de allí con una chata a remolque es una tarea impensable.


Foto: Carlos Lucchini
La Vega de Aguas Dulces al sur del salar...
Es la que "se comió" la chata de Horacio.


Foto: Horacio Baldi
Circulando por la vera del salar.


Comenzamos el cruce del extenso escorial de filosa y negra lava que cierra por el Sur al Salar de Antofalla, mientras por las ventanillas de la izquierda contemplábamos a unos pocos flamencos que se alimentaban en la laguna que allí se forma.

En un tramo plano pudimos poner la "alta" por primera vez desde que bajáramos del asfalto 36 horas antes.

Llegamos a la Bifurcación "0", donde deberíamos decidir "tortuoso" o "arriesgado".

La huella "tortuosa" implicaba seguras 4 horas de travesía, mientras que la "arriesgada" variaba entre 2 horas (si salía todo bien), o … ¿?... si algo salía mal.

Elegimos la "arriesgada" y allá fuimos cruzando los dedos.

Por un buen tramo esa huellita nos hace circular pegados a la orilla de un salarcito satélite del deAntofalla, con marcada inclinación y dos ruedas peligrosamente cerca del fango.

En un momento ya no hay espacio entre la montaña y el salar, es hora de remontar el médano gigante.

- Subiremos uno por vez, para evitar inconvenientes y, a medida que lleguemos a tope (fuera de la vista del resto) daremos el "vía libre" para el siguiente, por radio.

Numerosas huellas de otros numerosos intentos, de otras travesías nuestras y de otros travesistas, hacen confuso ese camino en "ese" entre dos montañas de arena del que hay que salir más adelante por la margen izquierda.

Finalmente, dos o tres minutos de "peludeada" de cada camioneta con alguna indicación de dirección por radio, fueron suficientes para que todos estuviésemos arriba.

Ahora venía lo más difícil. ¿Cómo y por donde bajar de allí?

Debíamos volver al salarcito mas adelante donde esté seco, convertido en barreal seco.

Solo que ese es un dato aleatorio, dependiendo de la humedad y nivel de insolación que haya recibido.

Cabía la posibilidad entonces que, por error, nos adelantáramos en la bajada y quedáramos con las narices frente a la trampa de barro de las costas y con una "irremontable" subida de arena suelta a nuestras espaldas.

Probamos por un lado y por otro hasta que el mismo médano tomó la decisión.

La pendiente lateral ya no soportaba el peso de las chatas, las que, con la trompa apuntando al cielo y la cola al salar, avanzaban de costado como caballos de desfile y sus motores no podían impedir una inexorable caída.

La sensación no es de las mejores que uno pueda sentir detrás de un volante. Ni imagino la que siente el acompañante que nada puede hacer!!.

En un último esfuerzo por recuperar una posición "decorosa", apuntamos con las trompas al salar, maniobra que implica pasar por un punto donde parece que la chata comenzará a rodar sin parar sobre su eje longitudinal. Esa nueva postura nos hizo bajar como por tobogán.

Afortunadamente caímos en una parte seca.

Desde allí "simplemente" tuvimos que cruzar ese salarcito seco, bordear otro, cruzar algunos arenales y dos barreales secos más con profundas grietas, para llegar una hora y media después, frente al Salar de Antofalla, buscando un lugar donde cruzarlo nuevamente para "recuperar" posiciones en su costa Oeste.

Hallamos el cruce, apenas marcado.

Allí el salar, como en casi toda su extensión, está compuesto de grandísimos "terrones" de una mezcla de tierra y sal que cortaría las piernas de cualquier ser, humano o animal, que se animara a pisarlo.

Ninguna máquina construyó aquel cruce.

Solo algún osado camionero lo habrá hecho por primera vez a costa de sus cubiertas y luego lo habrá seguido otro y otro (no muchos).

Eso logró aplastar las crestas más salientes de los filosos terrones y por allí nos hallábamos circulando a la temeraria velocidad de 2,8Km/h, en primera de baja y regulando.

Tal es así que el Tano se baja de su camioneta en marcha a sacar fotos y luego la alcanza caminando.

1400 metros a 2,8 km/h representaron media hora de tortura.

Menos mal que esa es la parte mas angosta de este extenso salar que tiene más de 180Km de longitud en el sentido Norte/Sur.

 

Luego de este cruce nos internaríamos por un árido valle que sube hacia el Noroeste.

Estamos ingresando a lo que sabemos que es un gran "cul de sac", un valle sin salida conocida.

Debemos buscarla, es nuestra última alternativa en la ruta hacia la Laguna – Vega - Salina Aguas Calientes, antes de darnos definitivamente por vencidos y tomar por el acceso norte (el conocido).

Por este valle generalmente descienden los pocos aventureros que ingresan por el norte a la zona de los puestos Potrero Grande, Las Breas y la Salina del Fraile. O sea, es un valle que se puede recorrer en un solo sentido, de NW a SE (hasta ahora). Veremos si podemos demostrar lo contrario.

Creo llegada la hora de comentarles esta circunstancia a los muchachos que ya venían de capa caída al haber ido quemando todos los cartuchos sin haber obtenido hasta ese momento la presa. "miren que el último cartucho está húmedo y puede fallar" pienso para mis adentros, más vale prevenirlos para que la frustración no sea tan grande.

Ellos creen que yo conozco mucho, pero en realidad estamos conociendo todos juntos. Solo un poco de "labia" los hace pensar que yo se algo… y me siguen…

 

El avance, saliendo y subiendo desde el salar, es firme. En poco tiempo estamos 500 metros más altos que la costa que abandonáramos. La tarde avanza y debemos hallar pronto un lugar donde acampar.

Por un momento me da la sensación que esta variante nos llevará finalmente a la Laguna Aguas Calientes. Veremos mañana que acontece.
 


Foto: Horacio Baldi
Cruzando la punta del escorial del volcán innominado que se vuelca sobre
el extremo sur del salar de Antofalla.


Foto: Carlos Lucchini
Desde arriba del gran médano, damos el vía libre para que suba el resto, de a uno por vez.


Foto: Carlos Lucchini
Allá viene Alejandro a toda vela.
Ya pasó la parte más difícil, de arena suelta, que queda detrás de esa lomada con un desnivel de 90 metros.
Aún le falta trepar otros 60 metros más.


Foto: Carlos Lucchini
Ya estamos todos arriba del médano.
Ahora solo resta encontrar por donde bajar sin volcar ni caer en el barro.


Foto: Horacio Baldi
Comenzábamos a luchar contra la gravedad y el médano de tierra.
Nosotros queríamos seguir hacia adelante, pero ellos se empecinaban en llevarnos para abajo.
Acá se acabaron las fotos de esa peripecia, las manos comenzaron a ocuparse en sostenernos de donde pudiéramos.


Foto: Carlos Lucchini
Dos horas más tarde nos acordamos que teníamos cámara.
Acá ya habíamos cruzado el salar nuevamente a su costa oeste y
buscábamos sitio para acampar cerca de esas lagunitas.


Foto: Carlos Lucchini
Los burros nos miraban incrédulos.
¿Qué hacen estos locos por acá?
¿Estarán perdidos??? - Pensarían los sorprendidos animales.


Sabía, por lo que habíamos estado estudiando en las satelitales, que una de las maneras de escapar del valle cerrado era por la izquierda, tratando de no perder altura, de no meternos en el cuenco que forma la Salina del Fraile.

Estaba pensando en eso cuando llegamos a un abra, una "divisoria de aguas", entre el Salar de Antofalla y unas lagunas sin nombre.

Desde ellas parte la huella que, luego de trepar casi en vertical, se zambulle en el salar de Antofalla a la altura de la Vega Lorohuasi, en una bajada de médano sin retorno. Son 200 metros de desnivel en una pared de arena. Pero no es ese nuestro destino, esa sería en todo caso, nuestra salida del "cul de sac" si todo falla.

Por ahora no digo nada para no "tirar pálidas".

Esas lagunitas son un buen lugar para acampar, sobre todo teniendo en cuenta que en poco tiempo se pondrá el sol y comenzará el frío.

El Tano se pone en campaña y pronto encuentra un lugar para el campamento, al abrigo de unas rocas y cerca de la segunda laguna.

No recuerdo, pero creo que esa noche nadie armó carpa, todos decidieron dormir en las chatas luego de saborear el delicioso menú que nos preparó Victoria.

Una corta sobremesa y ya en la total obscuridad y con frío nos retiramos a los respectivos aposentos.

Fue una noche "benigna". Poco frío y "poca puna".

En realidad estábamos unos cuantos metros mas abajo que la noche anterior y bastante más aclimatados. El poco frío fue un regalo. Así se puede dormir bien.
 


ACABÓ ASÍ EL SEGUNDO DÍA DE ESTA TRAVESÍA
YA HABÍAMOS "QUEMADO" LA VIA PRINCIPAL Y TRES ALTERNATIVAS
PARA EL DÍA SIGUIENTE SOLO NOS QUEDABA UNA, SI NO LA HALLÁBAMOS DEBERÍAMOS DARNOS POR VENCIDOS
Y "ENFILAR" PARA LA LAGUNA AGUAS CALIENTES POR EL "CAMINO CONVENCIONAL", QUE TAMPOCO ERA FACIL.

  Sigue acá...                        

           
EDUARDO CINICOLA
Diciembre de 2007            


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