Paso de los Patos Norte:
SAN JUAN - (tercer expedición)

Introducción y "Día 1"

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FOTO: Eduardo CINICOLA


Existe en la provincia de San Juan un rincón oculto, olvidado, protegido celosamente de las miradas indiscretas por las compañías mineras algunos pocos meses al año y por la abrupta geografía y las inclemencias climáticas los nueve meses restantes.

Las acumulaciones de nieve y hielo nos cerraron el paso, aún en una fecha tan tardía como el 9 de diciembre, en expedición pasada cuando habíamos podido burlar las oprobiosas barreras que imponen las mineras, impidiendo el paso por históricas huellas que ellos ahora dicen "mantener" (y por lo tanto ser sus dueños) luego de destruirlas con en incesante paso de sus máquinarias y pesados camiones.

La cordillera ya se había mofado de nosotros unos años antes, cuando intentamos penetrar en esta zona, en una primer expedición, en pleno mes de mayo de 2.005

Pero no íbamos a dejar esa "mancha blanca" en el mapa de los paisajes de nuestro país que vamos construyendo laboriosamente, expedición tras expedición y travesía tras travesía.

En febrero, con la seguridad de que un Febo veraniego habría intercedido en nuestro favor derritiendo los últimos vestigios de hielo en los pasos más altos, nos lanzamos nuevamente a la aventura.


Quienes fuimos



MAPA: ViajerosMapas.com
Camino hacia el Paso de los Patos Norte.


El Paso de los Patos Norte, el Paso de las Coipitas y el Paso de Doña Rosa (con muchos otros más), se hallan como dije en una zona poco explorada, poco conocida y algo misteriosa, sobre todo por lo que allí pasa, a escondidas de la mayoría de nosotros.

El nombre de "Paso de los Patos Norte" deviene de su cercanía con el "Valle de los Patos Norte" pero, en realidad, en las cartas topográficas del IGM figura como "Portezuelo del Castillo".

Para llegar hasta aquel recóndito rincón de San Juan, es menester atravesar ocho abras de mucha altura, a saber:

El Abra de las Totoras (4.175msnm), el Abra Cabeza de León (4.335msnm), el Portezuelo Negro (3.825msnm), otro portezuelo sin nombre de 3.950 metros de altura, otro más (poco más bajo) de 3.700 metros, otro de exactos 3.800 msnm, otro innominado de 3.830 metros de altura, y finalmente uno bastante más bajo de 3.550 metros que nos dará acceso al Valle de los Patos Norte.

La huella nos llevará por cuatro magníficos valles casi impolutos, comenzando por el Valle de los Azules (el más profanado por las mineras). Más al norte, luego de pasar por los portezuelos de 3.950, 3.700 y 3.800 msnm arribamos al amplio e inesperado Valle Hermoso (que hace digno honor a su nombre).

Atravesar su amplitud de sur a norte nos insumirá un buen tiempo y numerosas fotografías.

Con tristeza nos despediremos de el, subiendo al portezuelo innominado de 3.830 metros de altura, para asombrarnos nuevamente cuando se abre ante nuestros ojos el valle que contiene a la fértil vega Patillos.

El verde intenso de sus pastos, comido ávidamente por los miles de chivos que por allí merodean, es un color extraño entre tantas rocas ocres, grises, rojas, violáceas y azules.

¿Chivos dije?

¿Y de quién son esos chivos...?

Ya veremos.

Bordeamos la vega de Patillos y salimos hacia el norte trepando una última abra de 3.550m

Estaba cercana la hora del crepúsculo y lo que vimos al atravesar esa silleta nos dejó boquiabiertos.

Era el Valle de los Patos Norte.

Muy plano, muy extenso y casi como fuera de lugar entre tanta montaña apretujada.

Una gran superficie arenosa y húmeda que da sustento a verde hierba que sirve de alimento a otros miles de chivos que allí pastorean en su veranada.

A un costado y, antes de la acometida final al filo de la Cordillera de los Andes, un muy precario refugio de paredes de piedra y techo de chapas calamina recicladas y llenas de agujeros. Las puertas de madera reseca no tienen la mínima hermeticidad y dejan pasar sin mayor resistencia el frío viento cordillerano.

Es el puesto de Gendarmería Nacional.

Allí habitan esporádicamente y por períodos de 15 días, en primitivas condiciones, los gendarmes que custodian nuestra frontera.

Cuando llegamos estaba deshabitado. La puerta atada con un alambre de fardo nos cedió el paso fácilmente para ofrecernos su "escueta" protección.

Cinco desvencijadas cuchetas eran mejor opción que armar la carpa o dormir sentados en las camionetas.

Solo Jorge y Mauricio prefirieron las butacas reclinadas.

Pièrre nos deleitó con sus cantos gregorianos mientras intentábamos conciliar el sueño en esa noche sin luna, iluminada por "sin-cuenta" estrellas, como acertadamenta acotó Gian Marco (el hijo de 14 años de Denis en su primer aventura por fuera de los caminos).
 



Muy cerca de allí y en mucho mas precarias condiciones, una familia de "veranadores" chilenos pasaba una noche más de las 90 que transcurrirán, lejos de sus casas y de su país, en ese apartado lugar solo habitable tres meses en el año.

Debían madrugar, pues en un pequeño e improvisado corral tenían que encerrar a todas sus chivas para ordeñarlas a primera hora de la mañana, como todos los días.

Con la leche del ordeñe harían queso. Queso que luego llevarían a la frontera (a unos pocos miles de metros de allí, en el Paso de los Patos), donde un compatriota suyo los iría a recoger en un camioncito en una ceremonia que se repite cada quince días.

La historia de esta costumbre es vieja y extraña.

Aparentemente, según palabras de Don Segundo Gutiérrez, (el más viejo de los veranadores chilenos con quién conversamos), hace muchos años, una familia de "gringos" (me dio el nombre pero no lo recuerdo) eran "dueños de toda esta cordillera", de ambos lados (Chile y Argentina). En Chile tenían las instalaciones donde fabricaban los quesos que exportaban a Europa, a más de los campos de invernada.

En verano mandaban sus animales con los pastores chilenos, a cruzar la cordillera para alimentarlos en sus campos allende la frontera, en los fértiles valles sanjuaninos, donde ningún sanjuanino llegaba.

Así anduvo el negocio por muchos años donde los gringos cosecharon pingües ganancias (quedándose con la plusvalía del esforzado trabajo de los pastores y operarios chilenos).

"Hasta que llegaron los comunistas, con Allende y echaron a los gringos y les sacaron sus tierras y sus fábricas... y nos las dieron a nosotros... y todo se vino abajo..."

- Pero les sacaron las tierras en Chile, no éstas tierras en Argentina, acá seguían siendo dueños...

- Si, pero no les servían para nada. Además, con mucho miedo huyeron del país y ya no quisieron saber más.

- ¿Y ustedes siguieron viniendo a la Argentina a pastar los chivos?

- Si, por supuesto, pero ya no era lo mismo.

- ¿Y no le tienen que pagar nada a nadie?

- Al principio no. Pero luego vinieron quienes diciendo que eran políticos, o intendentes de Calingasta nos cobraban cuatro dólares por chivo para poder pastorear los meses de verano.

Recordando que cada uno de ellos, en todos los fértiles valles que cruzamos, tenía cerca de 1000 chivos, caímos en la cuenta que esa gente humilde y harapienta manejaba bastante dinero. Mucho más manejarían los "recaudadores".

    - Pero, si estas tierras tienen dueño (los famosos gringos), asumo que no son fiscales, y si no son fiscales ¿por qué viene alguien diciendo que es el "recaudador" del político de turno y les saca una ponchada de dólares?

    - No, ya no, ahora los gendarmes nos dijeron que no debíamos pagar a nadie, porque son todos "cuenteros".

Y así siguió la conversación enroscando nuestros cerebros.

Primero "Un gringo dueño de toda esta cordillera – de los dos lados- .

Luego unos pobres chilenos que gratuitamente extendieron el territorio de su país hacia unos fértiles valles olvidados por los argentinos.

Más tarde, unos "vivillos" argentinos que les sacaron, por unos cuantos años, a razón de 4 dólares por chivo (En este caso la "ampliacion de territorio" le debe haber costado a los chilenos unos 50.000 a 100.000 dólares por temporada).

Ahora, vuelta a alimentar gratis chivos chilenos cuyo producto cruza libremente la frontera y se exporta por puertos chilenos... (Ahora sí, no se les ocurra entrar con una feta de salame o queso a Chile porque los carabineros les desvalijarán el auto).

¡Qué sensación ambigua de injusticia incorregible!

¿Qué sería justo?

¿Prohibirle a los pastores chilenos que traigan sus chivos a esos fértiles valles olvidados por los argentinos?

¿Permitir o propiciar que un político, seguramente corrupto, les cobre por pastorear sus chivos y rinda solo el 10% de lo que recaude?

¿Perfeccionar el sistema recaudatorio y de control y destinar el dinero recaudado a brindar mejores condiciones de trabajo y habitabilidad para los gendarmes que custodian la frontera y viven y conviven con esas ásperas condiciones?

No sé, quizás haya que dejar todo como está...
 

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FOTO: Pièrre Lous
Comienza la expedición.
Vadeando el Río Calingasta.


FOTO: Pièrre Lous
Una hora y media más adelante estamos escalando los zig zags del Portezuelo de las Totoras


FOTO: Pièrre Lous
La ausencia total de nieve, a esta altura del año, nos permite apreciar esos mágicos colores de paleta de pintor.


FOTO: Pièrre Lous
Allá escondida permanece la laguna del Cobre o Cabeza de León, que conociéramos en expedición anterior.


FOTO: Pièrre Lous
La interminable "bajada al averno" del Dante...


FOTO: Pièrre Lous
El regreso de las profundidades, ascendiendo al séptimo cielo del Portezuelo Cabeza de León (4.335msnm).


FOTO: Eduardo CINICOLA
Descendimos del otro lado,
pasamos el Valle de los Azules y los campamentos mineros.


FOTO: Pièrre Lous
El fin de los caminos y parte de campo traviesa.


FOTO: Pièrre Lous
Poco después del mediodía arribamos a la Lagunita "XXXX", justo antes del abra Azul,
aquella que nos detuviera con su hielo, tan solo dos meses atrás.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Denis disfrutando el momento.
En el agua una pareja de piuquenes y sus crias.

Era tarde, teníamos hambre, pero debíamos decidir si detenernos a comer a la orilla de la laguna o avanzar a sacarnos la duda que nos carcomía...
¿Se habrá derretido el hielo y nos dejará pasar... ?


FOTO: Pièrre Lous
Así estaba el 9 de diciembre de 2.009.


FOTO: Pièrre Lous
Así la encontramos el 7 de febrero de 2.010
Respiramos aliviados, la naturaleza nos abría las puertas a una serie de hermosos valles y vegas
a los que solo se puede llegar dos o tres meses cada año y con mucho esfuerzo para los vehículos.


FOTO: Pièrre Lous
Al fondo Los Azules, en realidad una cordillera multicolor que le da su nombre al valle anterior, a un paso fronterizo de mulas y a una laguna.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Pasamos por las nacientes de varios arroyos, aquí el Cortéz.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Es desconcertante, alguien se ha tomado el trabajo de poner carteles acá, donde la huella ya casi no existe.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Poco más adelante, y misteriosamente, la huella comienza a hacerse más marcada y mejor conservada.
Detrás continúan los cerrros multicolores. Esta es la Cordillera de las Mondacas.


FOTO: Pièrre Lous
Grandes vegas y alguna toldería con corrales de piedras, son los veranadores chilenos.


FOTO: Pièrre Lous
Cualquier hilo de agua que baja de la montaña hace brotar hierba verde, alimento de animales.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Las chivas chilenas se dan panzadas de verde para producir leche con la que sus dueños fabricarán queso.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Algunos se mimetizan con el paisaje.


FOTO: Pièrre Lous
Otros vagan a sus anchas, con gran disponibilidad de agua dulce de los numerosos arroyos de deshielo.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Abras y vegas, unas y otras vamos pasando con rumbo norte...


FOTO: Pièrre Lous
Los caballos de los crianceros también aprovechan el alimento gratuito.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Caballos, mulas, burros,... hay para todos...


FOTO: Eduardo CINICOLA
La comunidad de estos esforzados trabajadores, es numerosa en estos alejados valles.
Viven en muy precarias condiciones, en un ambiente muy bello pero muy hostil.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Cruzamos este extraño arroyo, cuyas límpidas aguas tiñen de blanco las rocas del lecho.
Son las nacientes del Río Valle Hermoso.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Denis se adelantó mientras tomábamos unas fotos, y allá vá, bordeando
la extensa y verde Vega Patillos...


FOTO: Eduardo CINICOLA
Allí nace el Río de los Patillos, otro afluente más de Río Atutia, que finalizará vertiendo
sus aguas en el Castaño Viejo, quien al elcontrarse con el Río de los Patos (sur), frente a Calingasta,
dará origen al Río San Juan. Así todas las aguas terminarán embalsadas en el Dique El Ullum, junto a la capital sanjuanina.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Pasada el abra que cierra por el norte la Vega Patillos, bajamos finalmente
a los comienzos del Valle de los Patos del Norte, flanqueado por la inconfundible Cordillera de la Cortadera.


FOTO: Eduardo CINICOLA
El Valle es muy amplio, plano y grande, midiendo unos 25Km de Sur a Norte
y aproximadamente 8Km en su parte más ancha de Oeste a Este.


FOTO: Eduardo CINICOLA
La Cordillera e Cortaderas es inconfundible, como dije antes,
con sus laderas rojas contrastando con el verde del valle y el azul del cielo.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Así llegamos al atardecer al refugio de Gendarmería Nacional.


FOTO: Pièrre Lous
Se nos va el sol.
Las últimas luces del día iluminan la Laguna del Valle de los Patos del Norte.


FOTO: Eduardo CINICOLA


FOTO: Eduardo CINICOLA
El refugio de Gendarmería está deshabitado.
La puerta, apenas asegurada con un alambre invita a que nos refugiemos para pasar la fría noche allí.
Está a 3.300 metros de altura.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Las instalaciones son muy precarias, pero seguramente será mejor que dormir a la intemperie.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Afuera, miles de chivos vuelven a sus corrales.
Parecen hormigas.


FOTO: Eduardo CINICOLA


FOTO: Eduardo CINICOLA
A orillas de la laguna, las penumbra nos trae un enorme cielo estrellado y sin luna.


HABÍAMOS LLEGADO FINALMENTE EN ESTA TERCER EXPEDICION
AL VALLE DE LOS PATOS NORTE
PARA EL DÍA SIGUIENTE NOS QUEDABA INTENTAR ASCENDER A LOS PASOS CORDILLERANOS FRONTERIZOS
LOS PATOS NORTE o del CASTILLO, COIPITAS y DOÑA ROSA...

  Sigue acá...                        

           
EDUARDO CINICOLA
Febrero de 2010            


Todos los Tracks y WPTs relevados en esta expedición los encontrará en ViajerosMapas.