Vn. Ojos del Salado - Catamarca:
3ra Expedición en 4x4 y motos - Vertiente argentina

FOTO: Pablo PEZZANO


Por tercera vez iríamos a internarnos en la zona de los volcanes más altos del planeta, en la Cordillera de los Andes a la altura del paralelo de 27 grados Sur, a intentar pisarle el poncho al más alto entre los altos, al inmenso volcán Ojos del Salado, que Argentina comparte con Chile ya que por su cumbre bífida pasa el límite entre ambos países.

Ya habíamos estado allí en una expedición mixta de motos y camionetas en marzo de 2006. En esa primer expedición no solo pudimos hacer un relevamiento in-situ de lo que las fotos satelitales de Google Earth nos mostraba en las pantallas de nuestras computadoras en casa, sino que lo más importante fue hallar la vía de acceso por territorio argentino a esa remota y desolada zona. Estuvimos explorando tres días habiendo realizado dos campamentos de altura.

Como explico en anteriores relatos, el acceso al Ojos del Salado por territorio chileno es muchísimo más sencillo, porque en dos horas de camino desde la Ruta Nacional 31 se accede al Refugio Tejos a una altura de 5.850 metros, a tan solo 1.000 metros de la cumbre del volcán.

Por Argentina, hay que abandonar la RN60 a 3.500 metros de altura y andar más de una jornada a campo traviesa esquivando volcanes y sus coladas de lava petrificada para llegar a la misma altura del Refugio Tejos, solo que allí no hay ningún refugio, allí encontramos la más absoluta soledad y desamparo, pero rodeados de un paisaje espléndido, inabarcable e inolvidable.

En aquella primer expedición las condiciones climáticas, topográficas y ambientales de la Puna hicieron mella en los esforzados motociclistas quienes, afectados por el extremo esfuerzo de horas y horas de intentar mantener el equilibrio parados en los pedalines, esquivando piedras, nieve y arena en un ambiente de poco oxígeno y mucho requerimiento físico, luego de un poco reparador campamento de altura, debieron regresar al segundo día.

Una segunda expedición (sin motos y realizada tardíamente ya comenzado el mes de abril de 2007) nos llevó a tan solo 4Km de la cima del volcán, pero las primeras nevadas otoñales nos jugaron una mala pasada. Las camionetas quedaban “colgadas” en nieve de más de 50 cm de profundidad, lo que hacía imposible continuar avanzando.

Quedó esta expedición trunca allí en el arcón de las lindas travesías para repetir y profundizar. Muchas otras se fueron sucediendo y llevando al fondo del cajón a esta, hasta que un llamado de Néstor Queralt, el decano en ejercicio de los travesistas en moto de nuestro país, lo reflota.

Resulta que había hecho buenas migas con unos “gallegos” (barceloneses en realidad, pero “renacionalizados” gallegos acá en argentina donde todo español es “gallego” ).

Ellos habían estado en otras oportunidades en nuestro país conociendo alejados paisajes y adrenalínicas sendas de mulas guiados por la mano experta de Néstor. Se apasionaron por las alturas en que se podía transitar en Sudamérica (recordemos que en Europa la cima del monte más alto está a 4.810m.s.n.m. y es imposible llegar en vehículo allí). Acá tranquilamente podían circular a más de 4600 metros por el Abra de Zenta marcando records personales.

Néstor les habló de la posibilidad de llegar a más de 5.700 metros en sus motos, teniendo como único límite la cima del cerro a 6.893m. Se entusiasmaron y allí mismo pergeñamos una tercer expedición (segunda para las motos) al Ojos del Salado.
Debía ser en marzo, fin del deshielo estival y antes de las primeras nevadas. Saldríamos entonces en marzo de 2011.

Como comenté en otras oportunidades, estas expediciones mixtas tienen el plus de la complementación entre motos y camionetas. Mientras que las primeras tienen la ventaja de su mayor movilidad y agilidad para ir explorando distintas variantes, las segundas tienen a su favor la capacidad de carga para provisiones y vituallas, así como para el combustible que aumente la escasa autonomía de una moto de montaña.

Conformamos un grupo de cinco camionetas: Denis Garione solo en TLC, Jorge Alonso con Jorge Jaime en Toyota Hilux, Christian Germain y Pablo Anastasio (Panastas) también en Toyota Hilux, José Samassa y Pablo Pezzano (Pexa) en Ford Ranger y quien escribe junto con Sergio (Pampa) Zerega en Cherokee Sport.

El grupo de las motos, comandado por Néstor Queralt (en Suzuki DRZ 400 S), estaba integrado también por Arturo Fernando Rodríguez (eximio endurero) en Beta 525 R , Marcelo Villano en Yamaha WR250 inyección y “el gallego” Vicente Fernández en Suzuki DRZ 400 S.

Quienes fuimos


 


Mapa de la zona tomado de ViajerosMapas.com



El domingo 6 de marzo partimos de la pensión de Doña Pocha en Fiambalá luego de confluir allí la tarde anterior, procedentes de diversos puntos del país (Bahía Blanca, Buenos Aires, Va Ocampo, Sunchales, Santiago del Estero… ) En poco tiempo estuvimos en Cortaderas donde se bajaron las motos de sus transportes, se completaron sus depósitos de combustible, acomodamos los bártulos de ellos en las camionetas y partimos rumbo a lo más íntimo de la Cordillera de los Andes.

Intensas lluvias cayeron este verano austral de 2011 en la provincia de Catamarca, precipitaciones que temíamos hubiesen caído en forma de nieve en la alta cordillera. Si fuese así íbamos a tener que recurrir a todos nuestros ardides y experiencia de manejo para poder, no digo vencer, pero si transitar por la montaña hasta lo más profundo de sus entrañas.

Mientras circulábamos por el prolijo asfalto de la ruta nacional 60, aquella que conduce al Paso Internacional de San Francisco, y antes de llegar a Cortaderas, ya veíamos a nuestros viejos montes amigos cubiertos de una blanca capa nívea (y eso que estos tienen “apenas” 5000 metros de altura !!). Las expectativas no eran halagüeñas en cuanto a que fuese una expedición sobre un lecho de rosas…


FOTO: Sergio ZEREGA
Desde la RN60 vemos las cumbres de "solo" 5.000mts totalmente nevadas.

Traspuesto el primer filo luego de una larga subida arenosa, se abre a nuestros ojos el gran circo volcánico. Las cámaras no paran de tomar fotos y más fotos…

Allí está el Vn Rasguido, allá el Tipas(Walther Penck) y a su lado el Nacimientos del Cazadero totalmente nevados. Escondido detrás del Gendarme Argentino deberíamos ver a Ojos del Salado, más allá el Vn El Muerto, a su lado los volcanes El Fraile y el Nevado. Antes de ellos el Vn Negro derrama su manto de lava en una gran depresión donde vemos también al Vn Rojo. Acá, un poco más cerca el Ojo de las Lozas y a su lado el colosal Incahuasi de 6.610m de altura también “pintado” totalmente de blanco. Me parece que este año la vamos a peludear lindo con la nieve ¡!


FOTO: Pablo ANASTASIO
Vn Rasguido (a la derecha asoma el Nacimientos del Cazadero cubierto de un manto blanco).

Continuamos avanzando y parando, avanzando y parando, deteniéndonos a cada rato a observar, disfrutar de ese espectáculo grandioso e inexplicable, intransferible que provoca las más variadas sensaciones y la necesidad, perentoria pero vana, de intentar captar y meter todo aquello dentro de las cámaras.

Mejor aprovechemos para vivir el momento, para llenarnos el pecho y el alma de paisaje, para descubrir y dar razón de la existencia de un creador.

El “gallego” no puede entender esa grandiosidad, esos inmensos espacios, ese horizonte de volcanes, todos de más de 6.000 metros de altura. Nosotros tampoco, a pesar de ser visitantes “casi asiduos” de la región.

Cada vez que vamos, la emoción nos embarga. Y surge en nuestro interior una necesidad incompresible de tirarnos al piso y entrar en contacto con esa tierra, con esa naturaleza a la cual pertenecemos (a pesar que nos encapsulemos en ciudades).

Seguimos.
Avanzaremos tranquilos. Andamos con tiempo ya que ese día no penetraremos más allá del lugar previsto para el campamento a 4.400 metros de altura. Internarnos más implica seguir subiendo y, el “golpe” de dormir en la primera noche a 4.400 sin aclimatación ya es demasiado como para “estirarlo” más allá. Aún así seguramente tendremos tres o cuatro apunados (es estadístico).

Pasar una noche apunado, para quien lo sufre, es tremendo. A la falta de oxígeno y el frío que padecemos todos hay que sumarle una terrible cefalea y estómago revuelto inclusive con algunos vómitos nocturnos (lo que implica salir o al menos intentar salir de la carpa).

El amanecer es definitorio, si “el paciente” no mejora debe bajar inmediatamente para prevenir los temibles edemas pulmonares o los más mortales edemas cerebrales.

Olvidemos por ahora los edemas y el “soroche” y continuemos recorriendo, subiendo y bajando, sin marcas, sin huellas, sin carretera, sin “carriles”.

Allá se larga el santiagueño Arturo a trepar la ladera del Ojos de las Lozas en su moto enduro. Alla atrás nos entusiasmamos nosotros a seguirlo en la Cherokee. Subimos y subimos. Parece que las posibilidades se acaban pero no, podemos seguir. Le apuntamos a su cumbre secundaria y, en poco tiempo estamos apoyando las cuatro ruedas de la chata en su aguda cima. Pampa celebra haber batido su propio record de altura en tierra. Llegamos a 5004msnm. En la cumbre secundaria del Vn Ojos de las Lozas.

Nos asomamos a ver a nuestros compañeros que se han quedado a esperarnos que regresemos de nuestra “travesura” y, allí los vemos. Las chatas, pequeñas, insignificantes se mimetizan con las rocas del entorno. Bajamos apurados y embalados por esa empinada pendiente, a más de 60Km/h hasta que una grieta labrada por la lluvia nos hace pegar un lindo salto.

Todos teníamos el WPT del lugar previsto para el campamento, así que cada cual eligió lo que consideraba el mejor camino para arribar a el. Unos fuimos por unas cimas redondeadas, tirándonos luego a la quebrada por la que discurría el seco lecho de un arroyo y otros hicieron algo similar más al Oeste.

No eran las cinco de la tarde cuando llegamos al mismo sitio donde armamos campamento 5 años atrás. Un lugar no recomendable, el lecho de una confluencia de dos arroyos secos… secos mientras no lloviese, pero estaban reuniéndose unas oscuras nubes en el cielo.

El problema era que, fuera de allí, todo eran rocas puntiagudas y poco “amigables” como para echarles la carpa encima. Decidieron correr el riesgo.

Yo no tengo ese problema porque me acostumbré a dormir en la camioneta. La pereza de armar carpa y mucho más la de desarmarla a la mañana hizo que me encariñara con las butacas de la Chero. Allí, enfundado en mi bolsa de dormir, he pasado mis mejores noches en la cordillera, y les aseguro que fueron unas cuantas ;o) .

El asunto es que a medida que íbamos llegando al campamento iban cayendo los “heridos” por la puna. Los motociclistas eran mayoría. Claro, su esfuerzo de domar corceles de acero, parados en pedalines transitando arenales y esquivando traicioneras piedras con varias inevitables caídas (y levantadas) sobre sus almas, los ha dejado “fuera de combate”.

Los que pudimos cenamos algo y temprano, muy temprano, nos fuimos a dormir.

Doce horas después abandonaríamos nuestros capullos cual gusanos que se convierten en mariposas…. Jajajaj
 


FOTO: Jorge ALONSO
Allá vamos.
Los dos primeros días de aventuras nos esperan.


FOTO: Jorge ALONSO
Extensos arenales.


FOTO: Jorge ALONSO
Exigen hasta la última gota de potencia de los alicaidos motores.


FOTO: Jorge ALONSO
Es porque a la arena se agrega la marcada pendiente y el escaso oxígeno.


FOTO: Denis GARIONE
El primer coloso que se muestra a nuestra vista, el volcán Incahuasi 6.610m.


FOTO: Denis GARIONE
Primer plano del Incahuasi.


FOTO: Denis GARIONE
Al costado el Ojos de Las Lozas y su cumbre secundaria de 5.000 metros de altura, sin nieve.


FOTO: Sergio ZEREGA
Allí "clavamos" la Cherokee.


FOTO: Sergio ZEREGA
Para que Pampa marque su primer record personal de altura en ese día.


FOTO: Sergio ZEREGA
Pacientemente nos esperan nuestros amigos allá, 450 metros más abajo.


FOTO: Sergio ZEREGA
Los espacios son tan grandes que cuesta distinguirnos unos a otros, mimetizados con las rocas.


FOTO: Pablo ANASTASIO
La amplitud reina, las distancias son enormes, la sensación de libertad... indescriptible.
El grupo de retaguardia fotografía al grupo de avanzada.
Al fondo el volcán Rojo.


FOTO: Denis GARIONE
Llegamos a la gran bajada.
Debemos rodear la lava del Rojo


FOTO: Denis GARIONE
El cono trunco perfecto del volcán Negro, con su riada de escoria, sorprendentemente nevado en Marzo.


FOTO: Pablo PEZZANO
Los motociclistas se reagrupan.


FOTO: Pablo PEZZANO
Líder.


FOTO: Denis GARIONE
El cráter del Negro (5.420m) espolvoreado de nieve.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Ahora le debemos apuntar al Vn El Fraile (6.068m).
Esa planicie que nos separa de el, no necesariamente será un billar.


FOTO: Pablo PEZZANO
Ya llevamos unas cuantas horas de marcha y nos detenemos a que los motociclistas repongan algo de fuerzas
y mientras revisan meumáticos, discutimos los pasos a seguir.


FOTO: Pablo ANASTASIO
Descanso y deliberación.
"Apenas" si tenemos que cruzar esa gran planicie y remontar varias abras.
El Ojos, está detrás de esa cadana nevada.


FOTO: Pablo PEZZANO
Vuelta a subir metros y metros.


FOTO: Denis GARIONE
Una extraña roca parada cerca de la cima de El Fraile, nos hizo pensar por un momento en un escalador solitario.


FOTO: Denis GARIONE
También vemos totalmete cubierta de nieve la cima del volcán El Nevado, de exactos 6.000m de altura.
Debajo se adivinan los "borbotones" de lava que alguna vez salieran de su cráter.


FOTO: Denis GARIONE
Rodearemos El Fraile bordeando la escoria negra.


FOTO: Denis GARIONE
Los cerros parecen cercanos pero las distancias se alargan.


FOTO: Denis GARIONE
Estamos pasando a los pies del Vn El Nevado.


FOTO: Pablo PEZZANO
Ahora dejaremos atrás al Vn El Negro y El Fraile.


FOTO: Pablo PEZZANO
Ya quedaron muy atrás, El Negro con su perfecto cráter
y El Fraile, con su "escalador solitario" aún parado cerca de la cima.


FOTO: Jorge ALONSO
En todo aquel entorno el monarca sigue siendo el volcán Incahuasi (6.610m).


FOTO: Eduardo CINICOLA
Se impone una parada para descansar,
sobre todo para los motociclistas que llevan muchas horas "cuerpeando" sus motos entre las piedras a más de 4.500 metros de altura.


FOTO: Sergio ZEREGA
Mitad cansancio, mitad deseos de entrar en comunión con la naturaleza,
extendiendo el cuerpo, cuan largo es sobre aquella superficie de guijarros salidos de las entrañas de la tierra.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Recuperando fuerzas y oxígeno.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Vicente ("el gallego") ¿Meditando sobre esa incomprensible grandiosidad?.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Debemos continuar, y allá volvemos a desperdigarnos en la inmensidad.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Si, si, son tres de las motos, buscando su camino.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Acá Denis y uno de los motociclistas tratando de hallar la forma de esquivar ese gran escorial.


FOTO: Pablo PEZZANO
Este, mucho más bajo, no tenemos forma de esquivarlo y deberemos atravesarlo con mucha paciencia.


FOTO: Pablo PEZZANO
Continuamos rumbo al WPT donde armaremos campamento.


FOTO: Pablo ANASTASIO
Otro escorial y, ya falta menos.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Una hora más tarde ya estamos armando campamento.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Pexa y el Doc Alonso, disfrutan viendo como trabajan los que arman sus carpas.


FOTO: Jorge ALONSO
Pablo Anastasio y Cristian Germain pelean con varillas y estacas,
José Samassa está descompuesto dentro de la Ranger, con carpa para Pablo Pezzano a medio armar.
Jorge Jaime arma la propia y detrás...


FOTO: Eduardo CINICOLA
... El Pampa, disfruta con su carpita ya armada.



Hablando de El Pampa. El, que me acompañó como copiloto, también hizo un relato de esta expedición que publicó en su sitio Lo del Pampa, con su permiso acá lo publicamos para que lo puedan disfrutar.

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VOLCANES 2011 – NOTAS DE VIAJE, una versión de derecha

Es difícil para mi escribir la crónica de este fantástico viaje, sin embargo intentaré contar lo que se siente y se ve desde la butaca derecha de la legendaria Cherokee, tratando de dejar de lado los detalles geográficos aportando cuestiones más subjetivas.

Hecha la aclaración, va mi versión de esta expedición, que en líneas generales, partía de movida hacia objetivos imposibles, pero yendo con Eduardo…

  • 1) Escalar el Ojos del Salado
  • 2) Rodear el volcán Solo
  • 3) Entrar a Corona del Inca por el este, entre el Bonete y el Pissis
  • Para mí, era primera experiencia tan alto, ya que mi techo estaba en los 4600 msnm y ahora escasamente ese sería el piso sobre el cual nos moveríamos.

    Catamarca: Allá vamos!


    VIERNES 4 DE MARZO:

    Después de una intensa semana de trabajo, finalmente llego el día. Acordamos salir desde Congreso después de las 22:00 horas para que el malón de turistas se aplaque un poco. Dejé la Pampa 01 en la cochera de Eduardo, donde acomodamos los bártulos y salimos. A pocas cuadras armamos la Molotov rodante, llenando los nuevos bidones del techo, dos bidones de 30 litros interiores y alguna que otra botellita de Coca Cola. Nunca se sabe que puede pasar con el combustible en nuestras rutas.

    Primer prueba que debo pasar: La Chero no quiere arrancar por falta de batería y entonces tengo que empujar. Prueba superada, “El nuevo copi tiene algunos HP disponibles para emergencias” - pensó Eduardo.

    Fiel al “más con menos”, la Chero no le anda el Aire Acondicionado y entonces nos tenemos que arreglar con aire condicionado por el ambiente exterior. El entusiasmo del viaje hace olvidar el calorcito y empezamos a devorar kilómetros y nafta rumbo al objetivo, turnándonos cada tanto para evitar el cansancio. Dormimos un rato bajo un puente de la AU Córdoba Rosario y al amanecer nos encontramos en Jesús María con Néstor Queralt y dos motoqueros más: Marcelo Villano y el gallego Vicente, compartiendo el desayuno en el hotel donde ellos pararon. El grupo ya tenía cinco integrantes juntos.


    SÁBADO 5 DE MARZO:

    Después del desayuno, tomamos la ruta con tranquilidad embocando al inseparable RN60 después de Dean Funes. Verificamos que los demás integrantes se venían acercando desde los distintos puntos de salida y salvo los bahienses y el duo Pepe-Pexa, nos encontramos todos en Chumbicha, donde los que llegamos primeros hicimos un picnic en plena plaza del pueblo bajo un inmenso palo borracho.

    Allí se sumaron Denis Garione, el Doc Jorge Alonso y Jaime y el otro motoquero, el santiagueño Arturo. Ya éramos nueve.

    El clima presagiaba lluvia a partir de allí, la finalmente solo fue un amago. Sin problemas llegamos todos a Fiambalá bastante temprano, con excepción de los otros cuatro que llegaron un poco más tarde. Alojamos en lo de Doña Pocha y nos fuimos a relajarnos y a cenar a las Termas, lo cual no fue tan sencillo debido a que el río venía crecido, preanuncio de los problemas que podríamos encontrar por el mal tiempo de las semanas previas. No muy tarde, en mi caso contento por el triunfo de Racing 4 a 3 sobre Olimpo, nos volvimos a dormir para salir temprano hacia los volcanes más altos del planeta.


    DOMINGO 6 DE MARZO:

    Hoy teníamos previsto hacer una aproximación al Ojos del Salado, armando un campamento base a 4400 msnm, que nos permitiera hacer el intento el día siguiente. Ir mucho más allá implicaba dormir demasiado alto sin haber hecho nada de aclimatación, lo que podría ser contraproducente. Además cuanto más alto, más duro e impredecible el clima para pasar una noche.

    Tomamos la RN 60 hacia el Paso de San Francisco, la cual está dotada de increíble belleza natural que se aprecia sin un milímetro de off road. Los colores de los cerros son imposibles de contar y se resaltan más aún cuando se ingresa en el Valle del Río Chaschuil (Guanchín), donde el embalse Cortaderas con lujoso e insólito hotel invita a quedarse ahí para siempre.

    Un poco más adelante, salimos de la ruta y empezamos a subir en serio, aunque ya la RN 60 nos había puesto a 3500 msnm. Empezamos a ingresar a territorio “hostil” dominado por los volcanes más altos del mundo. Eduardo nos apabulla con su perfecto conocimiento de cada montaña y empezamos a conocerlas. El Incahuasi, El Fraile, El Ojo de las Lozas, El negro, El Rojo, El Rasguido y no sé cuantos más nos rodean y transmiten su imponencia. Las cinco chatas y las cuatro motos parecemos hormiguitas en ese gigantesco escenario desierto, todo para nosotros.

    El Ojo de las Lozas, de “apenas” 5200 msnm, propició mi bautismo de cincomiles: estábamos a 4600 y una pendiente empinada pero firme es encarada por Eduardo, quien me deposita a 5000 msnm exactos de su cumbre secundaria, ofreciéndome mi primera fuerte emoción del viaje, así como si nada. Las otras chatas esperándonos, ya ni hormiguitas eran, pulgas a lo sumo….


    FOTO: Sergio ZEREGA
    La Cherokee en la cumbre secundaria del Ojo de las Lozas.


    FOTO: Sergio ZEREGA
    El GPS clavado en mis primeros 5.000m.

    La función continuó allá arriba rumbo al campamento base, con los motoqueros con los primeros problemas de apunamiento y con el paisaje atacando nuestros ojos hasta cansarlos. Creo que te podés pasar la vida mirando esas montañas enormes y solitarias.

    A la tardecita, aún de día, armamos el campamento a 4400 metros de altura, sobre una curva de un cauce arenoso y acogedor, al menos si no llovía. Estimamos que a esa altura eso no podría ocurrir sin indicios previos y decidimos que era el mejor lugar, que por otra parte ya había sido usado en expediciones anteriores.

    La altura empezó a afectarnos a todos de distintas maneras, unos más otros menos.

    Los más afectados eran los motoqueros que sumaban el desgaste físico a la altura En mi caso me sentí muy bien y casi no lo noté, pero creo que es simple casualidad.

    Curiosa situación con Eduardo, que llenó el calentador Coleman con refrigerante en vez de nafta. Y nos tuvo a todos puteando porque no encendía y no podíamos calentar agua…

    Al caer el sol, todo se empezó a enfriar vertiginosamente y sin otro remedio, nos fuimos a dormir, velando las armas para el futuro asalto al Ojos. Mi campamento más alto a la fecha.

    Continúa en próxima página...        
     


    HABÍA SIDO UN DÍA AGOBIANTE PARA LOS CUERPOS
    PERO EXCELSO PARA LAS ALMAS
    OJALÁ LAS FUERZAS ALCANCEN , SOBRE TODO A LOS MOTOCICLISTAS
    PARA LA DURA JORNADA QUE NOS ESPERABA AL DÍA SIGUIENTE.

      Sigue acá (Día 2) ...

               
    EDUARDO CINICOLA
    Marzo de 2.011            



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