Una EXPEDICION ARQUEOLOGICA DE ALTURA
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Catamarca y La Rioja - Argentina

"Día 2"

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Foto: Carlos Lucchini
Volcán Los Patos o Tres Quebradas (6.239m).

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En el segundo día de esta travesía teníamos previsto hallar la bajada a la costa Este de la Salina de la Laguna Verde para poder investigar los intrigantes círculos que descubriéramos en las satelitales de GoogleEarth.

Por suerte también habíamos descubierto otros en la laguna central donde sí conocía el acceso (ese sería mi "as" en la manga por si no podíamos hallar una bajada factible).

Ya en dos, de cuatro expediciones anteriores, comencé a buscar esa bajada sin éxito.

En casa, con las satelitales en 3D, parecía juego de niños. Llegados al lugar, las bajadas parecían acantilados.

Pero no puede ser, Tiene que haber una manera de llegar. Si no lo lográbamos, peligraba también la planificada expedición a "darle la vuelta" al Vn Solo, ya que este se halla en la misma cuenca que la salina pero más al norte.
 


Mientras por un lado disfrutaba del paisaje que ibamos recorriendo hacia las nacientes del Cazadero, por otro me preocupaba irnos de allí con las manos vacías.

Igualmente recordaba unos antiguos refugios por la zona que casi seguramente eran indígenas. Aldo lo determinaría.

Pero no quería adelantar de su existencia para que fuese una sorpresa.

Los traicioneros mallines del Cazadero nos jugaron una mala pasada y, en dos oportunidades, el malacate de la Toyo me sacó de indecorosas posiciones.

Así, remontando el Cazadero llegamos a sus nacientes y aún más allá, pasamos la línea divisoria de aguas y entramos en la cuenca endorreica de la Salina de la Laguna Verde.

Los antiguos asentamientos transitorios no pasaron inadvertidos al ojo entrenado de Aldo, quien se lanzó cual saeta a su exploración ni bien los vió.

Efectivamente eran refugios de viajantes nativos, hilvanados a la vera de la rastrillada que descubriríamos más adelante, marcada tenuemente en la gruesa arena.
 


Si bien en otro relato cuento qué es una rastrillada, no necesariamente todos deben haberlo leído por lo que repito aquí que una rastrillada es la marca que dejan en el suelo las caravanas de animales de carga (llamas, mulas, asnos, caballos).
Misteriosamente cuando transitan en grupo se arman perfectas "hileras" de animales que caminan ordenadamente uno tras de otro, pisando el mismo sendero. Se forman así múltiples senderos paralelos que dan la impresión de haber pasado un gran rastrillo por el suelo. De allí su nombre.

En la Puna y los Andes seguramente las primeras rastrilladas fueron hechas por llamas ya que son los únicos animales autóctonos aptos para la carga.

Con la llegada del español y la introducción del ganado equino (caballos, asnos y mulas) que tienen el mismo hábito de circulación, las rastrilladas se extendieron a las pampas, praderas y mesetas del centro y sur de nuestro país.
 


Sabíamos que esa rastrillada se metía, rodeando el Vn Nacimientos del Cazadero, a la Salina y podía ser nuestra oportunidad para bajar al cuenco.

No queríamos pisarla para no degradarla, así que fuimos paralelos a ella por unos cuantos kilómetros. En un momento ya nos habíamos separado como 800 metros y veíamos que la línea punteada que habíamos marcado en el mapa del GPS iba tomando altura. Decidimos que era momento de acercarnos nuevamente. Allá veíamos, en un abra, muy chiquita, la apacheta que seguramente se fue formando cuando, piedra a piedra, los arrieros nativos ofrendaban a la Madre Tierra su merced por haberlos dejado pasar sin inconvenientes.

Por ella seguramente pasaría la rastrillada.

Encaramos hacia arriba por lo que parecía una suave superficie ascendente. A medida que nos acercábamos comprobábamos que de suave tenía poco y de ascendente bastante.

Las piedras cada vez más grandes nos obligaban a ir en 1ra de baja tratando de no romper nada de los bajos de la chata.
 


Aldo había decidido subir por otro lado. Vimos que se alejaban hacia el Norte y, bastante mas tarde los divisamos por allí abajo, muy lejos de donde estábamos, confundiéndose su camiometa con las rocas.

Finalmente lo perdimos de vista, para más estábamos casi incomunicados. A ellos les habíamos prestado un handy, pero nosotros nos habíamos olvidado en casa el micrófono del equipo móvil así que estábamos condenados a escuchar (si ellos se dignaban a hablar) sin posibilidades de responder.

En un momento la situación se puso difícil. Aldo no aparecía por ningún lado ni modulaba por radio y nosotros habíamos llegado a un lugar por donde no podíamos seguir subiendo por el tamaño de las piedras que nos rodeaban.

Ni subir, ni bajar, ni girar.

El GPS nos indicaba que la rastrillada estaba allí no más, a 180 metros y un poco más arriba.
 


- Y si rompemos algo... ¿Quién nos saca de acá, sin siquiera radio para pedir socorro?

De repente lo veo a Aldo por allá arriba, minúsculo, mucho más alto que nosotros.

¿Qué hizo? ¿Por dónde pasó? ¿Cómo hicieron para aparecer tan alto?

Prendo todas las luces y empiezo a tocar bocina, con la intención de que nos vea y nos cuente si vale la pena seguir arriesgando en ese roquerío destructivo.

Nada.

Ni bola.

Finalmente decido seguir avanzando, aún a costa de romper algo. Aunque sea a descontar esos 180 metros hasta la rastrillada.

Penosamente avanza la chero mientras que alguna que otra piedra araña sus bajos.

Llegamos finalmente al lugar donde debería estar la rastrillada pero el aquelarre de piedras blancas no nos deja divisar, ni siquiera imaginar, una rastrillada por allí.

- ¿Pero que m... vimos en las fotos satelitales? ¿No era una hermosa rastrillada Lucho?

- Si, macho, pero acá no hay nada.

- Y con lo que nos costó llegar hasta acá. ¡No puede ser!
 


Seguimos buscando un rato más, haciendo ochos sobre la línea dibujada en el GPS, pero no logramos encontrar nada (aún no verificamos tirando nuestro track sobre GoogleEarth).

Repentinamente escuchamos por la radio:

- Muchachos, no se donde están ustedes, pero lo que es yo, me vuelvo. Por acá no se puede continuar.


Por suerte la ruta que eligió para descender lo trajo hacia nosotros.

La bajada costó, pero no tanto como la subida.

¿Otro fiasco más?

La siguiente media hora la pasamos discutiendo cómo podía ser que algo que veíamos tan claro en las fotos satelitales, podía no existir en el terreno. Mientras, avanzábamos al lateral Este de la Salina de la Laguna Verde.
 


Sabíamos por expediciones anteriores que, como les mencioné, las bajadas por allí eran casi imposibles. Nuestra gran carta era la rastrillada y ya la habíamos jugado, mal.

Subimos a la cima de un cerro de 5065m de altura para tener una visión panorámica que nos permitiera encontrar nuevas posibilidades.

El panorama de volcanes nevados, lagunas azules, verdes y turquesa, valles y extensos arenales nos embelesa y entretiene sacando decenas de fotos.

Desde allí vimos una quebrada, allá abajo, que con sentido NW apuntaba a la Salina, aunque no podíamos verla en todo su desarrollo.

Aldo se negaba rotundamente a tirarse del cerro en esa dirección y con esa pendiente.

Nuevamente le juré que conocía un "camino" que nos sacaría de allí y cuando nos vió hacer punta se decidió a seguirnos. Con cierta lógica, el duda de la capacidad de los 86HP de su Hilux, lógica que no halló (posteriormente lo veríamos) fundamento fáctico.
 


La bajada se fue suavizando y finalmente, por una superficie arenosa con leve pendiente nos fuimos acercando a la quebrada.

Vimos su comienzo. Difícil, e intentábamos imaginarnos que habría más allá de aquella curva hacia el Oeste. Aparentaba que sus paredes se cerraban y el lecho seco se encajonaba.

No nos gustó, el riesgo de no poder avanzar ni regresar era alto. Buscaríamos otras alternativas.

Así pasamos el resto de la tarde. Vimos otros cuatro o cinco probables sitios de descenso, a cual peor.

En el más "potable", para asegurar deberíamos dejar una de las chatas arriba, con unos trescientos metros de cable de acero para poder remontar a la que descendiese si la potencia o la consistencia del terreno le jugaran una mala pasada.

Bueno, quedará para otro viaje, con más GoogleEarth para hallar esta bajada.
 


Sinceramente y al margen de los hermosos paisajes que saturaron nuestras retinas y los tres yacimientos que vimos en el camino, aquel había sido un dia poco provechos en cuanto a logros.

- Aseguremos entonces ver algo mañana y apuntemos a la laguna central, a la que se llegar, para ver alguno de los circulos que descubrimos en las satelitales sin poder determinar fehacientemente de qué se trataban.

Así lo hicimos y acampamos cercanos a la orilla sur de la laguna, a unos 4Km de donde teníamos marcados los círculos, guardando el suspenso hasta el día siguiente.

En el camino vemos al majestuoso volcán Pissis con un tupido manto de nieve que agrandó su glaciar norte a un tamaño nunca antes visto por mí.

Esperemos que mañana sea un día con mas suerte...
 
 
 
 
 
 


Foto: Eduardo Cinícola
Comenzamos el día remontando el río Cazadero


Foto: Gabriel Casale
Hacia el norte ya veíamos nubes de tormenta.


Foto: Aldo Lombardi
Los mallines nos jugaron una mala pasada


Foto: Eduardo Cinícola
Llegamos hasta las nacientes.


Foto: Eduardo Cinícola
¿Ponemos puentes o cruzamos de una?


Foto: Eduardo Cinícola
Y la chata de AventuraTucma cruzó el charco de un empellón.


Foto: Carlos Lucchini
Encontramos un refugio en forma de alero con un anciano indígena fumando la pipa de la paz.


Foto: Eduardo Cinícola
Aldo enloquecido con los yacimientos que hallábamos a nuestro paso
en aquella que supo ser la huella del camino de caravanas.


Foto: Eduardo Cinícola
Parece parejo no? Pero hay que andar con cuidado esquivando piedras para no romper nada,
estamos muy lejos (varios días) de cualquier tipo de ayuda.


Foto: Aldo Lombardi
Encontramos la rastrillada


Foto: Eduardo Cinícola
Llegó la hora de reponer energías, armamos campamento a la sombra de un ombú.


Foto: Eduardo Cinícola
Llegamos a la cima de un cerro de más de 5.000 metros de altura que será nuestro punto de observación.
Aldo ofrenda una piedra agrandando la apacheta de la Pacha Mama.


Foto: Eduardo Cinícola
Desde allí arriba, cual atalaya, divisamos un horizonte de 360 grados, plagado de montañas.


Foto: Eduardo Cinícola
Más montañas y desiertos (a lo lejos una laguna).


Foto: Eduardo Cinícola
El imponente volcán Tres Cruces (limítrofe con Chile) ocupa un lugar preponderante en aquel horizonte.
(Es el cuarto más alto del mundo).


Foto: Eduardo Cinícola
Una de las tres lagunas de la Salina de la Laguna Verde aparece también en aquella interminable panorámica.


Foto: Eduardo Cinícola
Pareciera que haciendo slalom por aquel tobogán gigante de arena llegaríamos facilmente a ella...


Foto: Eduardo Cinícola
Pero no, nosotros elegiremos la más dificil.
Intentaremos por esa quebrada llegar hasta la laguna.


Foto: Eduardo Cinícola
La quebrada no fue posible. Investigaremos esta otra bajada que parece sencillita...
A los cien metros de alli, cae a pique como para atemorizar al más valiente.


Foto: Carlos Lucchini
¿Y ahora por dónde seguimos?
- Por acá, no ves que hay otra rastrillada ? :lol: :lol: :lol:


Foto: Eduardo Cinícola
Allí, abajo de aquella tormenta de nieve está el Pissis (el 2do volcán más alto del mundo),
era nuestro destino para dos días más tarde.
¿Podremos?


Foto: Eduardo Cinícola
Por fin hallamos una huella, es la que bordeando la Salina por el sur, se dirige al Valle Ancho.
La tomaremos por unos kilómetros, vamos a armar campamento cerca de los "misteriosos círculos".


Foto: Eduardo Cinícola
El Pissis completamente nevado en pleno enero (verano en el emisferio austral).
Esas negras nubes no nos presagian una buena noche de campamento.
¿Será conveniente evacuar hacia la civilización???


Foto: Eduardo Cinícola
El glaciar norte del Pissis, característico con su forma de "V", distinguible aún en pleno invierno,
ha quedado sepultado y camouflado por la nevada.
Vermos como amanece, si esas nubes siguen derramando nieve.


SE ACABÓ LA SEGUNDA JORNADA DE ESTA TRAVESÍA.
PARA EL SIGUIENTE DIA PLANEABAMOS DESCUBRIR EL MISTERIO DE LOS ENIGMATICOS CIRCULOS
E INSISTIR EN HALLAR LA FORMA DE LLEGAR AL VOLCAN SOLO.

  Sigue acá...

  Esta aventura comenzó acá...

           
EDUARDO CINICOLA
Enero de 2009