Insistimos con la Pampa de los Bayos
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Catamarca - Argentina

Introducción y "Día 1"

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Foto: Eduardo Cinícola


Pampa de los Bayos es una de las tantas asignaturas pendientes que tenemos en esto de conocer todos los rincones ocultos de nuestro país.

En realidad la conocemos de verla en fotografías satelitales y, a la distancia, en una aproximación que hiciéramos hace un año en otra expedición.

Esta pampa o planicie desértica, está en el centro de un gran círculo de volcanes en una remota zona de la cordillera de Los Andes y es prácticamente desconocida.

Los 10 volcanes que la rodean han vertido hacia ella sus lavas de distintas y antiquísimas erupciones. Lavas de diferente morfología, textura, color, densidad.

En la última gran erupción en masa, casi todos ellos han expelido hacia la superficie una lava blanquecina tostada, relativamente liviana, suave a la vista y muy áspera al tacto. Es la denominada toba volcánica, similar a la "pumita" o piedra pómez pero algo más densa.

Se ha depositado en una capa de unos 20 a 30 metros de altura en ese gran cuenco de unos 15Km de diámetro, sobre otra capa previa de negra lava vítrea.

La acción de los elementos naturales, nieve, agua y viento han tallado, en esta capa de piedra pómez, numerosas grietas radiales que apuntan desde la periferia donde se hallan los volcanes, como el Cerros Colorados, el Vallecitos, el Aguas Dulces y otros, hacia el centro donde se halla la planicie que lleva el nombre de Pampa de los Bayos. Allí se depositaron arenas (producto de la erosión) y cenizas volcánicas conformando esa planicie central.

El año pasado llegamos a la cima de la corona de volcanes y desde allí vimos ese gigantesco y deslumbrante espectáculo que brinda ese gran campo de piedra pómez surcado de enormes grietas.

Estas, las grietas, debían ser nuestras "autopistas" de acceso que nos llevaran hasta el centro, hasta la Pampa de los Bayos propiamente dicha.

La nieve que las cubría fue el obstáculo insalvable que nos lo impidió.

Con nuevos bríos y en una época que suponíamos más propicia emprendimos esta nueva expedición.


 


Mapa de la zona tomado de ViajerosMapas.com

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Foto: Eduardo Cinícola
Llegar allá no sería tarea sencilla.
Las distancias son enormes, nos rodean kilómetros y kilómetros de soledad.


Foto: Eduardo Cinícola
Circulamos por una huella de alta montana muy poco transitada y
complicada por los derrumbes.


Foto: Eduardo Cinícola
Las camionetas parecen simples juguetes en aquel laberinto de rocas.


Foto: Eduardo Cinícola
El suelo de ceniza volcánica es muy blando y dificulta el avance.
Esa bajada que no parece tan brava, es imposible de remontar.


Foto: Javier Pla
La lava de los volcanes parece que recien se hubiera enfriado.


Foto: Eduardo Cinícola
Y allí estamos nosotros presenciando ese espectáculo dantesco.


Foto: Javier Pla
Hermosas lagunas con peligrosas aguas arseniosas.


Foto: Javier Pla
Invitan al baño pero también contienen cianuro producto de la disolución de sales contenidas en las rocas.


Foto: Javier Pla
Repentinamente el cielo se obscurece.


Foto: Eduardo Cinícola
Una tormenta se cierne sobre nuestras cabezas.
El Volcán Peinado queda en penumbras


Foto: Eduardo Cinícola
Pero todavía queda mucho camino para recorrer.


Foto: Javier Pla
Mucho más adelante, luego de bordear las faldas del Vn Cóndor
comenzamos a ver la pared externa sur de la corona que rodea la Pampa de los Bayos.
La capa superior más clara es la de piedra toba.
Allá, detrás de esa pared se encuentra el cuenco que la contiene.
Ya en expedición anterior intentamos infructuosamente acceder por este lado.
Las condiciones climáticas imperantes y lo avanzado de la hora nos desaconsejan intentarlo
nuevamente en esta ocasión. Iremos por el norte, por allí es más factible.


Foto: Javier Pla
Tres horas después el Peinado sigue vigilándonos
y las nubes de tormenta no se van.


Foto: Javier Pla
Se vino la noche y comienza a nevar.
La Cherokee pierde líquido refrigerante por una tapa de radiador falta de hermeticidad.
Debemos reponer permanentemente para evitar que se sople la junta de tapa de cilindros,
lo que nos dejaría sin fuerza motriz en un terreno muy dificil.


Foto: Javier Pla
Circulamos unas dos horas mas entre arenales y campos de lava,
perdiendo el track en la obscuridad y volviendo a encontrarlo y vuelta a perderlo...
En plena noche armamos campamento en las orillas del Salar de Antofalla.


Foto: Javier Pla
El piso del salar es sumamente irregular.
Dormimos en las camionetas.
El día siguiente haríamos el ataque final a la Pampa de los Bayos.


SE ACABÓ ASÍ LA PRIMER JORNADA DE ESTA TRAVESÍA.
PARA EL DIA SIGUIENTE NOS QUEDABA LA INCOGNITA ACERCA DEL COMPORTAMIENTO DEL CLIMA
OTRA NEVADA COMO LAS QUE NOS TOCÓ DOS DÍAS ATRÁS EN LAS NACIENTES DEL PUNILLA
NOS QUITARÍA TODA POSIBILIDAD DE LOGRAR EL OBJETIVO.

  Sigue acá...                        

           
EDUARDO CINICOLA
Marzo de 2009