Escalando volcanes en 4x4 - SAIRECABUR -
~
Bolivia - Chile

Parte 1

Para fotos más grandes intente acá          

FOTO: Eduardo Cinicola
MUSICA de FONDO:


Acabábamos de descender de la silleta entre las dos cumbres del volcán Uturunco (Sud Lípez, Bolivia), donde habíamos llegado con las camionetas (*). Eran cerca de las seis de la tarde y estábamos en el minúsculo caserío de Quetena Chico, donde no hay ningún tipo de comodidades para alojarse ni para comer, por lo que decidimos que, en las pocas horas de luz que quedaban (y algunas de obscuridad), intentaríamos llegar a las cercanías de la Laguna Colorada, donde sabíamos que había unos rudimentarios refugios.

Hacia allí partimos por una huella que estábamos relevando para incluir en nuestros mapas para GPS (ViajerosMapas).

La mencionada huella era bastante precaria y casi sin mantenimiento, con mucho serrucho o calamina, que nos obligaba a ir muy despacio (o muy fuerte con los riesgos inherentes). La distancia a la que nos hallábamos de nuestro destino y el poco tiempo del que disponíamos nos inclinaron por esta última alternativa.

El gran objetivo para el día siguiente era, "escalar" con las camionetas, por las laderas del volcán Sairecabur, en la línea de altos volcanes que ofician de límite entre Bolivia y Chile en aquellas latitudes.

(*) LOS INTEGRANTES DE LA EXPEDICIÓN:
  • Jorge Alonso y Jorge Hackanson en Land Rover Defender.
  • Alfredo Sánchez y Gerardo "Nicky" Schreiber en Land Rover Defender.
  • Alejandro Danzi, Alfredo Casaretto y Denis Garione en Toyota Land Cruisser.
  • Eduardo Cinícola y Pablo "Pexa" Pezzano en Jeep Cherokee 4L

 


Mapa de la zona tomado de ViajerosMapas.com


FOTO: Alfredo Casaretto
Quetena Chico, bajando del Uturunco.

FOTO: Alfredo Casaretto
Piquete en el camino...

Para fotos más grandes (requiere enlace de alta velocidad), intente acá

Pronto llegó la noche y nuestros ojos solo tenían como objetivo las irregularidades del camino, que pasaba a 100Km/h por debajo de las ruedas de las camionetas.

La obscuridad y la tierra hizo que nos fuéramos separando de nuestros compañeros, así ocurrió que, luego de unas horas de travesía, llegados a un desvío a campo traviesa que nos permitiría ahorrar unos kilómetros hacia los posibles posaderos, no tuvimos una referencia exacta para indicarles a quienes venían detrás.

Resultado, nos separamos en la obscuridad de la noche y en la inmensidad de aquel desierto. La comunicación radial era entrecortada por la distancia.

Por lo que veíamos en la pantalla del GPS, íbamos muy cerca de la orilla sur de la Laguna Colorada, con rumbo Oeste, no sabíamos exactamente cuán cerca pero tampoco queríamos quedar atrapados en sus cenagosas orillas.

Evidentemente no habíamos sido los primeros que "descubrimos" la posibilidad de acortar camino. El problema fue que en la penumbra de la noche, cientos de huellas de neumáticos de otros vehículos se cruzaban y entrecruzaban en ese desierto donde repentinamente aparecían algunas profundas grietas de las que había que cuidarse.

El resto de la caravana, al no encontrar con exactitud el punto donde abandonar el camino y comenzar el campo traviesa, decidió, con buen tino, continuar por aquel con rumbo Sudeste, para girar unos cuantos kilómetros más adelante hacia el noroeste, mientras nosotros luchábamos contra las sombras, los peligros ocultos de la arena del desierto y los bordes cenagosos de la laguna.


Cuando volvimos a cruzar la "ruta" que corre hacia el noroeste, nuestros compañeros casi nos habían alcanzado.

Un posterior breve desvío por un laberinto de huellas que iluminaban parcialmente los faros de la camioneta, con sentido Oeste, nos arrimó a un grupo de construcciones achaparradas cuyas siluetas adivinábamos en la obscuridad.

Eran los "refugios" o "posadas" (Refugios Guayajare y Tocotacare).

Nos acercamos al que teníamos más a la vista y descubrimos que nadie nos atendía.

Luego de buscar bajo un cielo sin luna, hallamos un pequeño rancho de donde salía un tenue rayo de luz y olor a leña quemándose. Allí estaba la "dueña" del lugar. Una aborigen que apenas mascullaba algo de español.

Con ella arreglamos el tema del alojamiento en dos habitaciones (nueve camas), compartidas con otros huéspedes. Baño también compartido, al final de una galería, con piso de cemento y sin luz ni agua caliente (creo que tampoco agua fría).

Igualmente, en aquella soledad helada, nos pareció un pequeño palacete para nuestros castigados cuerpos.

Siendo casi las diez de la noche, nos acomodamos rápidamente y en las mesas de la galería preparamos algo para saciar el apetito de aquella larga jornada.
 


FOTO: Eduardo Cinicola
Destruidos intentamos recuperar fuerzas...

FOTO: Alfredo Sanchez
Por la mañana "cargando baterías"...


La madrugada a 4400 metros sobre el nivel del mar fue helada. Las gruesas colchas que nos protegían del intenso frío en aquellas habitaciones sin calefacción, no nos querían despedir…

Las camionetas también sufrieron la baja temperatura, especialmente el Defender de Jorge cuyo escaso combustible en el depósito se había congelado y se negaba a ponerse en marcha.

Cuando quiso bajar gasoil del tanque auxiliar ubicado sobre el techo del "Defe", descubrimos que este también se había congelado y era imposible lograr que saliese del depósito.

Como la primer excursión planeada para ese día, el "Árbol de Piedra" y la "Laguna Colorada" quedaban hacia el norte y luego debíamos regresar hacia el sur pasando nuevamente por la "posada", decidimos dejar allí la camioneta para que el intenso sol del altiplano se entretuviese derritiendo el gasoil hasta nuestro regreso.

Ambos "Jorges" se ubicaron en la TLC de Alejandro, donde habíamos hecho lugar sacando algunos bártulos que dejamos provisoriamente en el "defender congelado".

El camino hacia el norte, hacia el "Árbol de Piedra" nos hace pasar primero por la costa Oeste de la Laguna Colorada (que visitaremos al regreso), y por el Puesto del guardaparque Puerto Flamenco (es que allí acaba, hacia el norte, la Reserva de fauna Andina Eduardo Avaroa), hay también un puesto de la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE).
 


FOTO: Gerardo Schreiber

FOTO: Gerardo Schreiber

FOTO: Alejandro Danzi

FOTO: Eduardo Cinicola


Desde allí en adelante, las numerosas camionetas de excursión bolivianas que día a día transitan esos lares con turistas extranjeros, han rastrillado el desierto dejando cientos de huellas paralelas que intentan evitar la incómoda calamina que talla el viento.

Es un espectáculo lamentable. El desierto entero cubierto de huellas que le quitan esa sensación de territorio incólume que uno busca en esas lejanías.

No se dan cuenta, los mismos trabajadores del turismo, que están serruchando la rama donde se encuentran sentados.

Si ellos no protegen el paisaje, se quedarán con poco para mostrar y su actividad perderá razón de ser.

Si bien los volcanes, las montañas y las lagunas permanecerán allí (mientras no ingrese la minería a gran escala), el ambiente se deteriora día a día por la imprudente e inexperta presencia y explotación humana.

En menos de una hora arribamos al mencionado "Árbol de Piedra", una extraña formación rocosa que emerge del desierto con forma similar a la "Lámpara de Aladino" que existiera en el "Valle de la Luna" (SJ, Argentina).
 


FOTO: Alfredo Sanchez
Árbol de piedra en el Desierto de Siloli

FOTO: Alfredo Casaretto
Los intrépidos guias de turismo bolivianos...


Allí tuvimos oportunidad de ver de cerca otra vez una de las tantas Toyotas Land Cruisser nafteras (a gasolina), que utilizan los operadores bolivianos para pasear a los turistas.

No dejan de asombrarnos. Con una edad promedio de 15 a 20 años, con neumáticos de telas diagonales (750x16) casi sin dibujo, sin un segundo auxilio, con un desvencijado portaequipajes de aluminio en el techo donde cargan cientos de kilos de equipaje en enormes bultos, entre los que se encuentran dos peligrosísimos bidones plásticos con 60 litros de gasolina c/u, expuestos al incesante traqueteo que generan esos "inexistentes caminos" de la Puna Boliviana. Decía, con todo eso, continúan dando servicio y generando ganancias a sus dueños, quienes viajan, en general, con sus esposas cholas de acompañantes, las que a su vez ofician de cocineras de la expedición.

No puedo dejar de pensar en los tantos amigos que tengo en esta "pasión" de viajar por caminos polvorientos, muchos de los cuales opinan que sin una infinidad de parafernalia técnica, cubiertas especiales "flamantes" y vehículos en excelentes condiciones, es casi imposible encarar travesías de ese tipo…

Menos mal que los bolivianos no leen en nuestros foros… (no pararían de reir)... jajajaj…
 


FOTO: Pablo "Pexa" Pezzano


Retornamos con rumbo sur. Pasamos por la Laguna Colorada, tapizada de flamencos (parina andina). Fuimos hasta un mirador donde nos detuvimos a disfrutar del espectáculo y tomar decenas de fotografías. Estábamos rodeados de volcanes.
 


FOTO: Alfredo Casaretto
Parinas...


FOTO: Eduardo Cinicola


FOTO: Eduardo Cinicola
No se por qué le habrán puesto "Laguna Colorada" ... ;-)

FOTO: Eduardo Cinicola

FOTO: Eduardo Cinicola
El refugio...


Pasado el mediodía arribamos nuevamente a los refugios donde pasamos la noche. Jorge recupera su Defender, que ahora, con ayuda de Febo se puso en marcha de inmediato. Aprovechamos también para bajar el gasoil del tanque auxiliar del techo, que ya había recuperado su estado líquido.

Nuestro destino para esa jornada continuaba siendo la escalada al Vn Sairecabur, aunque el día se nos escurría entre paisaje y paisaje.

Hablando de paisajes, en el camino al sur que habíamos tomado, en busca de la base del Sairecabur, pasaríamos por el "desierto de Dalí" (no nos íbamos a privar de visitarlo y tomar unas cuantas fotos a aquel lugar desconcertante).

Tampoco nos quisimos privar de conocer una empresa química que aprovechaba la energía geotérmica que brinda esa tierra de volcanes, y allá fuimos.

- ¿Y los géiseres Sol de Mañana?

- Esos no me los pierdo por nada del mundo.

Y hacia los géiseres fuimos y los disfrutamos y los gastamos tomándoles fotografías.

Las fotos y video de los géiseres los podés ver acá .  
 


FOTO: Pablo "Pexa" Pezzano
Salimos de los géiseres con rumbo sur por una, por momentos "pavimentada" carretera.
El horizonte siempre cubierto de volcanes.


- Ché, mirá que son las cinco de la tarde y escalar el volcán con las camionetas no será tarea sencilla…

- Ya vamos, ya vamos… Todavía nos falta visitar el Salar de Chalviri y sus termas !!!

Visitamos el Salar. Pasamos como una exhalación por las precarias instalaciones termales...
 


FOTO: Alejandro Danzi
Salar de Chalviri
En el horizonte más volcanes...


No solo nos faltaba el Salar de Chalviri y sus termas !!!
 


FOTO: Eduardo Cinicola
Decidimos además salirnos del camino a conocer el desierto "Salvador Dalí".

FOTO: Pablo "Pexa" Pezzano
Hay que buscarlo con el teleobjetivo.

FOTO: Pablo "Pexa" Pezzano
Los rayos de luz reberberan en el desierto.

FOTO: Pablo "Pexa" Pezzano
Las vicuñas nos dan la espalda.
Detrás una colada de lava desciende de un viejo volcán.

FOTO: Eduardo Cinicola
No soy de ponerle nombres a las formaciones rocosas...

FOTO: Eduardo Cinicola
Es más, me parece un poco "cursi".

FOTO: Eduardo Cinicola
Pero pienso que esta se hace acreedor a uno.

FOTO: Eduardo Cinicola
La lava que salió del interior de la tierra es la que modeló todo aquel paisaje.
Esa columna que se alza como un dedo hacia el cielo es la característica formación
de un volcán completamente erosionado por el viento, del que solo queda la chimenea central de lava solidificada.

FOTO: Eduardo Cinicola
Los colores tornasolados que se ven detrás son característicos de la cadena de volcanes que separan Bolivia de Argentina (Zapaleri, Brajma, Tinte y otros).


FOTO: Pablo "Pexa" Pezzano
Continuamos cruzando el desierto por una, apenas marcada huella.


FOTO: Alfredo Sanchez
Finalmente retornamos al camino, mientras el sol ya tiñe de rojo las montañas.


Continuamos a todo vapor con rumbo sur y, cuando estábamos al pié del Sairecabur, prestos a escalarlo... me quedo sin combustible (en el tanque principal). Debemos bajar nafta del tanque auxiliar en el techo.

Por supuesto la nafta no se congela, y menos con semejante traqueteo, pero sí se tapó el conducto de salida, lo que nos demoró otros valiosos minutos a Pexa y a mí en la operación, mientras veíamos con envidia como el resto de la expedición se regocijaba comiendo una picadita de salamines y queso.

Cuando terminamos el traspaso de combustible, el poco tiempo disponible y el olor a nafta de nuestras manos hizo que nos priváramos de nuestra ración de salamines con queso… grrrr…

El sol ya se había escondido detrás de la cadena de volcanes e iluminaba en exclusiva el territorio chileno, ya no lo veíamos, estábamos en las sombras que los colosos proyectaban.

Parecía una iniquidad comenzar una expedición de escalada a un volcán de casi 6.000 metros de altura quedándonos sol la luz del crepúsculo.
 


FOTO: Alfredo Sanchez
Estamos al pié del Vn Sairecabur, esas piedras se denominan bombas y salieron expelidas
de alguno de los cráteres del volcán en una de las tantas erupciones que tuvo en su vida.

Detrás el hermoso cono del Vn Licancabur y a su lado, mas bajo y mucho más antiguo el Vn Suriques (ambos limitrofes entre Chile y Bolivia)


FOTO: Alfredo Sanchez
Los muy desconsiderados, se "embuchan" una deliciosa picadita...


FOTO: Gerardo Schreiber
Posan para las fotos...


FOTO: Gerardo Schreiber
Y sonrien a las cámaras...

Mientras detrás, los pobres de Pexa y Eduardo, luchan para trasvasar el combustible del tanque auxiliar...
Mmmmm...


  • ¿Vamos? ¿O lo dejamos para mañana?

La ansiedad nos carcomía, además estábamos con ínfulas de autosuficiencia por lo ya realizado.
 

  Sigue acá...                        

  Esta aventura comenzó acá...                        

Dejanos tu comentario en Facebook  Puedes dejarnos un mensaje o tu opinión en nuestra Página de Facebook         Compartir en Facebook  Puedes compartir este Relato con tus amigos        

           
EDUARDO CINICOLA
Mayo de 2009            



Todos los Tracks y WPTs relevados en esta expedición los encontrarás en ViajerosMapas.