Explorando valles cordilleranos de San Juan

Opción "C": Intento de llegar a las Lagunas Arena Grande y Chica
y a la confluencia del R. Sta Cruz con el R de la Pantanosa
 

Día 3

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FOTO: Pièrre Lous

Esta expedición comenzó acá...



Unos días antes habíamos intentado ingresar por la RP400 a la zona de El Pachón, donde nos negaron la entrada los guardias de la empresa minera xStrata.

Esa zona tiene varias historias interesantes.

Una de ellas está referida justamente a las empresas mineras y su empeño en impedir que nadie pise lo que ellos consideran, "sus tierras".

Las minas cambian de "concesionario" pero todos se manejan últimamente con los mismos principios, "la tierra es mía".

La vieja Mina de El Pachón está allí, en la cordillera sanjuanina, al norte de Cerro Mercedario y pegada al límite con Chile.

Está en "exploración/explotación" (siempre a media máquina) desde tiempos inmemoriales.

Ha pasado por muchas manos y siempre está en un estado "indefinido".

Solo 800 metros más allá, en territorio chileno está, en plena producción, la mina a cielo abierto "Los Pelambres".

El Pachón tiene el inconveniente que ocho meses al año está cubierta por las nieves invernales.

Ocho meses en que nadie puede quedar en el campamento del yacimiento de altura, pero ¿cómo "proteger" aquello que queda a merced de los vientos y de algún oportunista?

Veamos.

Había dos posibles accesos desde El Molle (Viejo campamento y refugio minero al pié del Mercedario y donde llegaba la RP400).

Uno (Camino 1 V1) subía por el lecho del arroyo de la laguna Blanca hasta el campamento Base de ascenso al Cerro Mercedario, más allá de la Laguna Blanca y luego torcía al norte en busca del abra de Pichireguas, luego descendía al Río Bramadero para ascender nuevamente por el al abra de las Yeguas Heladas (o Pz de la Guardia), descendiendo luego a las nacientes del Río Santa Cruz, bajaba por el hasta el encuentro del Río Pachón, por el que ascendía hasta casi el límite internacional donde se encuentra el yacimiento.

Este camino sufrió los efectos de un aluvión en el arroyo de la Laguna Blanca que lo destruyó totalmente, por lo que se construyó una variante (2) que, desde El Molle, remontaba el Río Blanco hasta el Río Bramadero y subía por el hasta las Pichireguas, para continuar sobre la traza ya mencionada.

Estas dos variantes del primer acceso tenían la "ventaja" que permanecían cerradas por la nieve que se acumulaba en el Pz de las Pichireguas y en el de La Guardia, por lo que no presentaban mayor preocupación para quién explotara la concesión de El Pachón y que dejaba el campamento abandonado durante el invierno.

El problema es que había un segundo "camino" hasta el yacimiento, y este no pasaba por alturas tales que garantizaran su bloqueo invernal.

Ese más antiguo camino, partía de El Molle, remontando el Río Blanco (igual que la variante 2), pero al llegar al Bramadero continuaba hacia el norte, a buscar las "juntas" con el Santa Cruz (que es afluente del Blanco), en el paraje Placeta. Desde allí remontaba suavemente el Río Santa Cruz por sus orillas hasta llegar a "las juntas" con el río Pachón, por el que se llegaba al yacimiento, sin haber ascendido en ningún momento a los 4.052 metros de altura del portezuelo de La Guardia.

Un "golpe de suerte" solucionó el inconveniente que esta "puerta trasera" representaba para quienes, con contrato de concesión minera, se adueñaban de todos esos valles.

Un deslave "natural" cayó de la ladera del cerro Estrella (donde hay un avión siniestrado – otra de las historias mágicas de esos lugares-), y endicó las aguas del río Santa Cruz. Formó una gran laguna que inundó la huella y obstruyó totalmente el valle, lo que imposibilitó definitivamente el tránsito por esa segunda alternativa.

Esto sucedió allá por el 2003/2004 y la laguna puede apreciarse en las fotos que publica Google Earth.

"Santo remedio y problema solucionado. Acá no entra nadie mientras nosotros no estamos (y tampoco cuando estamos)". Habrán pensado las empresas mineras.

A pesar de ello, tuvimos la suerte de poder ingresar allí en mayo de 2.005 cuando ya se habían ido los mineros, en su receso invernal pero aún no había nevado lo suficiente como para cerrarnos el paso por el Portezuelo de La Guardia, donde sí habíamos tenido problemas unos años antes.

Unos meses más tarde de nuestra visita de mayo de 2.005,ocurrió algo impredecible.
La naturaleza toma sus propias decisiones y, en septiembre de 2005 socavó el dique que detenía las aguas de la laguna que se había formado y, liberó violentamente sus aguas, que bajaron como tromba por el Río Santa Cruz, arrastrando todo a su paso, incluso la antigua huella que llegaba hasta el pie del dique.

El agua siguió por el Santa Cruz, llegó al Blanco, aceleró su velocidad, arrancó enormes rocas de las orillas y del lecho, al llegar al refugio El Molle socavó parte de su plataforma y se llevó varias paredes (a pesar que está unos seis metros por sobre el nivel normal del río), arrastró dos o tres camionetas nuevas que andaban por allí (cuyos ocupantes oyendo el estruendo del alud que se acercaba saltaron de ellas y ascendieron por las laderas para poner a salvo su pellejo), el aluvión aminoró un poco su alocada carrera al ensancharse el lecho allí donde el Blanco se une con el Río de los Patos y así pasó por Barreal, Sorocayense, Tamberías y Calingasta, dañando todos los cultivos cercanos al río y muchas casas.

La locura de agua, piedras y lodo estuvo a punto de provocar una catástrofe cuando el aluvión llegó al obrador de la construcción del dique Caracoles.

Por suerte allí la cosa no pasó a mayores.

Lo que nos interesa de todo esto es que ese aluvión posiblemente haya borrado definitivamente la entrada 2 a El Pachón y, con ello la posibilidad de unir aquellos valles con El Valle de Los Azules, que es donde estábamos.

En efecto: el Río Santa Cruz (aquel de la laguna cuyo dique colapsó) colecta en su recorrido, antes de desaguar en el Blanco, el aporte del Río la Pantanosa, por su margen izquierda.

Por allí se escurría hacia el norte otra precaria huella que permitía salir (o entrar) a Calingasta por el Portezuelo de las Totoras.

¿Realmente habría quedado totalmente intransitable aquella huella?

Tres días antes habíamos intentado justamente transitar de sur a norte y nos encontramos con que, a la altura de El Molle, la huella había desaparecido arrasada por el aluvión pero, yendo de norte a sur y descendiendo por el río de la Pantanosa, deberíamos poder llegar, aunque sea hasta su confluencia con el Santa Cruz.

Era un buen desafío.




Estaba decidido, iríamos al sur del Valle de los Azules, camino a las juntas (confluencia) del Río de la laguna Pantanosa con el Río Santa Cruz.
Allí veríamos los efectos de aquel aluvión sobre la antigua huella.

Pero... Sabíamos también que en nuestro camino al sur pasaríamos cerca de un probable ingreso a dos solitarias y escondidas lagunas cercanas a la frontera con Chile.

Eran las Lagunas de la Arena Grande y Chica en las que nace justamente, el Río de las Lagunas

Por supuesto que no habrí:a caminos ni huellas que nos condujesen a ellas, pero igualmente lo intentaríamos.


Quienes fuimos


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FOTO: Marcelo MOSCARITOLO
Emprendimos el viaje al sur


FOTO: Eduardo CINICOLA
Al poco tiempo ya andabamos por fuera de los caminos, circulando por las crestas,
buscando el valle que nos acerque a las lagunas.


FOTO: Jorge ALONSO
Debimos superar profundas bajadas


FOTO: Pièrre Lous
Con pronunciadas pendientes


FOTO: Marcelo MOSCARITOLO
Continuábamos bajando...


FOTO: Eduardo CINICOLA
Por la consistencia del terreno dudábamos que pudiésemos retornar por esa vía.


FOTO: Guillermo LOZA
Así llegamos finalmente al lecho del Río de las Lagunas.


FOTO: Pièrre Lous
Debíamos andar con mucho cuidado por los bordes de la hermosa vega.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Comenzamos con los vadeos del Río de las Lagunas, mientras remontábamos su curso
en busca del origen del aquel agua.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Las piedras redondeadas y el pastito, nos traían reminiscencias cordobesas.
Solo que acá estábamos a más de 3.000 metros de altura.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Por momentos circulábamos relajados, haciendo una ténue huella en terreno virgen.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Hasta que debíamos cambiar de margen nuevamente.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Finalmente una gran vega de pared a pared se convertía en obstáculo casi insalvable.
Se estaba poniendo el sol y había que armar campamento, sin embargo, con Jorge hicimos una expedición pedestre
a confirmar cómo continuaba el terreno.
Como ven eran enormes piedras bola pero que, con cierto cuidado se podían pasar.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Veíamos que el pedregal continuaba hasta dónde podíamos divisar.
Estábamos a unos 15 Km de las Lagunas.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Si nos metíamos por allí deberíamos cuidar muy bién los bajos, diferenciales, cardanes y zócalos de las chatas.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Volvimos al campamento.
Las carpitas estaban armadas,
pero nos habían invadido los chivos !!


FOTO: Guillermo LOZA
El tema de conversación de la sobremesa fué
¿Qué hacemos mañana?



Finalmente decidimos continuar nuestro camino hacia el sur, hacia nuestro objetivo principal, la confluencia de los ríos Santa Cruz y de la Pantanosa, donde veríamos el estado en que quedó la antigua huella luego del aluvión provocado por la rotura del dique "natural" que había embalsado las aguas del Santa Cruz.

Nos fuimos con un dejo de amargura, realmente queríamos conocer aquellas lagunas solo vistas por baqueanos y veranadores chilenos, pero lamentablemente todo no se puede hacer en una sola expedición, y más cuando los objetivos presentan tantos obstáculos.



FOTO: Eduardo CINICOLA
Desandando camino debimos vadear nuevamente, y varias veces, el río de las lagunas.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Elegíamos un lado u otro del río de acuerdo a la dureza y consistencia del terreno.


FOTO: Marcelo MOSCARITOLO
En un momento este cedió y tuvimos que pegarle un eslingaso al Defe de Gustavo.


FOTO: Marcelo MOSCARITOLO
Más adelante, donde el río de las lagunas desagua en el de Las Salinas volvemos a encontrar la huella.
Allí el cauce se va ensanchando.


FOTO: Pièrre Lous
Los vadeos se suceden uno a otro


FOTO: Guillermo LOZA
Cada vez más anchos...


FOTO: Guillermo LOZA
Por suerte el río de las Salinas tenía el agua justa para no crearnos mayores inconvenientes.


FOTO: Pièrre Lous
La vegetación no era muy amigable para los neumáticos.


FOTO: Marcelo MOSCARITOLO
Sin embargo los miles de chivos de los crianceros chilenos se las rebuscan para hallar las hierbas más tiernas.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Más adelante dejamos el Río Salinas y tomamos hacia el Oeste por uno de sus tributarios
es el Río Piuquenes (que apunta al paso internacional no habilitado de los Piuquenes SJ)


FOTO: Guillermo LOZA
Este es cada vez mas angosto.
Claro, estamos yendo hacia sus nacientes.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Subimos una pronunciada cuesta que nos lleva hasta el Portezuelo Urrutia (3.315m)
Y por una suave planicie en descenso ingresamos a la cuenca del Río de la Laguna Pantanosa (O Río de la Pantanosa -a secas-)


FOTO: Eduardo CINICOLA
Unos potros semisalvajes huyen ante nuestra presencia invasora.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Ya estamos circulando por el valle del río de la Pantanosa.
El paisaje es bonito y acogedor.


FOTO: Jorge ALONSO
A poco de andar comienzan a complicarse y a hacerse más divertido.
La huella apenas marcada, por momentos desaparece comida por las esporádicas corrientes de agua.


FOTO: Pièrre Lous
Los copilotos deben descender para ayudar guiando por donde haya menos piedras.


FOTO: Marcelo MOSCARITOLO
Más adelante nos internamos en un cañón por donde se va el río.


FOTO: Marcelo MOSCARITOLO
La huella se pierde en el lecho, hay que seguir avanzando.


FOTO: Marcelo MOSCARITOLO
Por tramos volvemos a circular por las orillas, pero está complicado.


FOTO: Pièrre Lous
De vuelta al agua !!


FOTO: Guillermo LOZA
Acá hay otro tramo de vieja huella...


FOTO: Marcelo MOSCARITOLO
Acá se volvió a tapar con deslaves de la ladera.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Más adelante otro inconveniente.
Debe pesar más de dos toneladas...


FOTO: Pièrre Lous
La sacamos con el malacate !!


FOTO: Pièrre Lous
Y con unos operario viales que andaban por allí.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Cada vez se complicaba más...


FOTO: Jorge ALONSO
Hasta que acá, dijo basta.
Trabajando un poco podíamos acomodar algo las rocas y seguir un poco más,
pero decidimos continuar caminando para evaluar si valía el esfuerzo de semejante tarea.
Era muy probable que ya entráramos dentro del área afectada por el aluvión.


FOTO: Eduardo CINICOLA
Realmente para las camionetas se ponía dificultoso.
Pero estábamos a sólo 1.700m de la confluencia de los ríos.


FOTO: Jorge ALONSO
Pasados unos primeros 500 metros, el terreno volvía a ser transitable.
Pero decidimos continuar a pié antes de regresar a despejar gran cantidad de grandes rocas por 5 cuadras.


FOTO: Pièrre Lous
Finalmente, luego de poco más de media hora de caminata por el río, llegamos.


FOTO: Jorge ALONSO
El GPS nos indica que estamos en la confluencia de los Ríos Santa Cruz y Pantanosa.


FOTO: Pièrre Lous
Por la izquierda aporta sus aguas el Río de la Pantanosa, al frente se va el Santa Cruz llevando el agua de ambos.
De la antigua huella que llevaba al El Pachón no han quedado rastros.
Por lo que estuvimos viendo el aluvión se llevó unos seis metros de profundidad del lecho.

Estábamos muy felices.
Habíamos logrado dilucidar el destino de esa vieja huella, que al haber desaparecido con la riada
cortó definitivamente el tránsito entre el Río Blanco/De los Patos, con el Valle de los Azules/Valle de los Patos del Norte.
También desapareció con ella la posiblilidad de ingresar por el norte, sin pasar por las Pichireguas, al yacimiento de El Pachón.


FOTO: Pièrre Lous
La riada dejó unas cuantas osamentas de animales


FOTO: Pièrre Lous
Seguramente los sorprendió pastando y no les dió tiempo para refugiarse.


FOTO: Pièrre Lous
Nos faltaba el regreso.
Volvimos a cruzar nuevamente las cumbres heladas y llegamos a Calingasta a la medianoche.
Muy satisfechos.



FOTO: Pièrre Lous
En Calingasta nos despedimos de nuestros compañeros de aventura, luego de una noche de descanso y un excelente chivo asado preparado por Dionisio y Gustavo.


Quedamos solos con Pièrre, sin apuro y con muchas ganas de hallar unos misteriosos "hongos blancos".
Teníamos solo unas referencias aproximadas que me había dado Federico Kirbus en una de las cenas de la Peña 5x5.

Esa misma tarde nos lanzamos a la búsqueda y aquí les contamos y les mostramos lo que encontramos... "los Hongos Blancos".


Esta expedición comenzó acá...

Unos meses después, avanzado el deshielo, volvimos para completar la inconclusa expedición al Valle de los Patos del Norte y se los contamos acá......
Valle de los Patos Norte, tercer expedición

           
EDUARDO CINICOLA
Diciembre de 2009            



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